Análisis
Importancia del complejo agroindustrial
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Las estadísticas son elocuentes. El agro y las industrias vinculadas a su producción son variables centrales para el desarrollo económico y social del país. Por ello, no es exagerado ni caprichoso el reclamo a los gobiernos para que brinden mayor atención y apoyo al sector.
Un informe difundido por la Bolsa de Comercio de Rosario vuelve a demostrar que el complejo agroindustrial es uno de los principales puntos de apoyo de la economía argentina. En efecto, las cadenas agroindustriales representaron 1,8 pesos de cada 10 pesos del Valor Agregado Bruto (VAB) nacional, es decir, una participación del 18% en el año 2024, según un reciente informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario. Vale consignar que este indicado indicador económico que mide la contribución de un sector a la riqueza total, calculándose como el valor de la producción menos los consumos intermedios (bienes y servicios usados en el proceso productivo). También, resulta fundamental para entender la actividad económica y es un componente esencial para calcular el Producto Interno Bruto.
Más allá de las cuestiones técnicas, que siempre son densas y merecen análisis especializados, es un hecho que casi dos de cada diez pesos que genera la economía nacional provienen de las cadenas agroindustriales. En este sentido, luego del golpe excepcional de la sequía de 2023, el sector agroindustrial recuperó en 2024 un nivel de participación cercano a su promedio histórico, lo que da cuenta de su resiliencia y de su peso en el entramado productivo del país.
El documento de la bolsa rosarina señala, además, que la agroindustria representó el 56% de las exportaciones nacionales en los últimos 20 años. Con sus respectivas cosechas y picos de precios internacionales, ha llegado a explicar más del 67% de las exportaciones en años como el 2020 y 2021. Según se expresa en ese texto, en 2024 como en el primer semestre del 2025 los complejos de la agroindustria representaron el 58% de las exportaciones argentinas. En la misma dirección, los cultivos de soja, girasol, maíz, trigo y cebada representaron cerca del 70% de las exportaciones agroindustriales y el 41% del total exportado en 2024. Como si esto fuese poco, de los principales diez complejos exportadores del país, siete son agroindustriales. A todo esto, se suma la contribución cercana al 20% de los ingresos tributarios nacionales y la generación de más de uno de cada cinco puestos de trabajo privados.
Las estadísticas son elocuentes. El agro y las industrias vinculadas a su producción son variables centrales para el desarrollo económico y social del país. Por ello, no es exagerado ni caprichoso el reclamo a los gobiernos para que brinden mayor atención y apoyo al sector. Sin políticas que contemplen la variabilidad climática y la inversión en infraestructura y tecnología, la economía en su conjunto queda expuesta a vaivenes que pueden provocar desajustes severos y crisis sociales. La experiencia así lo demuestra.
El aporte del complejo agroindustrial a la estabilidad macroeconómica ya no puede formar parte de discusiones ideológicas. El desarrollo federal y la posibilidad de crecimiento sostenido tienen como base a estas actividades. Reconocer su centralidad no implica menoscabar la necesidad de diversificar las actividades productivas. Pero es necesario comprender que, para salir del deterioro económico que lleva décadas, es que el desarrollo de una política económica que contemple el fortalecimiento sostenible de su principal actividad productiva.
