Guerra y paz
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La guerra en toda su dimensión está de vuelta. Con ello, las apelaciones a la paz se transforman en plegaria.
El título refiere a uno de los libros más importantes de la literatura rusa. León Tolstoi escribió esta obra cumbre de la literatura universal, contextualizando los hechos durante la invasión de las tropas de Napoleón a Rusia en 1812, aventura bélica que resultó el mayor fracaso del general francés. La novela, que cuestiona además la hipocresía de las altas esferas sociales rusas, tiene como escenario la invasión que sufrió ese país, dos siglos antes de que Ucrania sufriera la misma suerte. Claro que con una diferencia sustancial: en la actualidad, producto del aprendizaje que generaron innumerables guerras por territorios, rigen principios del derecho internacional que deben respetarse.
Desde el final de la Guerra Fría, durante casi medio siglo, buena parte del mundo pudo tomar nota de los beneficios de vivir en paz. O, al menos, sin guerras generalizadas entre los países, más allá de las tragedias que el terrorismo o algunos conflictos regionales produjeron. La invasión rusa a Ucrania ha puesto entre paréntesis este período.
Quizás, como afirmó el prestigioso periodista norteamericano Thomas Friedman "nuestro mundo nunca volverá a ser el mismo". La sentencia se fundamenta en que esta guerra no tiene paralelos históricos recientes. En palabras de Friedman "es una descarnada toma territorial, estilo siglo XVIII, por parte de una superpotencia, pero en un mundo globalizado del siglo XXI. Esta es la primera guerra que será cubierta en TikTok por personas increíblemente empoderadas, armadas solo con teléfonos inteligentes, por lo que los actos de brutalidad se documentarán y transmitirán por todo el mundo sin editores ni filtros. El primer día de la guerra, vimos cómo los tanques rusos invasores quedaban expuestos de forma inesperada por Google Maps, porque Google quiso alertar a los usuarios conductores que los vehículos blindados rusos estaban provocando atascos de tráfico. Nunca hemos visto algo como esto".
Los días van pasando y los acontecimientos certifican la anterior impresión. Hemos visto en vivo y en directo muchas catástrofes y dramas humanos. Pero nada similar a lo que las imágenes exhiben: la guerra en toda su dimensión está de vuelta. Con ello, las apelaciones a la paz se transforman en plegaria.
Hace medio siglo, el Concilio Vaticano II la definió señalando que "no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia". Entonces, ¿hubo paz verdadera en estas últimas décadas? ¿La justicia se hizo presente en las relaciones internacionales? ¿O solamente se vivió un período de ausencia de guerras convencionales, equilibrio de fuerzas y resurgimiento de hegemonías despóticas?
Ese genial escritor que fue William Faulkner dijo que "el pasado nunca muere, ni siquiera es pasado". Su sentencia queda certificada por el retorno de la guerra en Europa, por la manipulación de la memoria histórica y hasta por la invocación al nazismo en cada aparición pública de un líder mesiánico que ama al poder más que a sus semejantes y sigue pretendiendo utilizarlo a su antojo, sin importarle el valor de la paz.
Con seguridad, el líder ruso no leyó nunca la sentencia de Jimi Hendrix: "Cuando el poder del amor sobrepase el amor al poder, el mundo conocerá la paz". Su rostro imperturbable y amenazante certifica que tampoco abrevó en la simple enseñanza de Madre Teresa de Calcuta: "La paz comienza con una sonrisa".
