Guerra
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El mensaje de contenido extremo con el que Putin anunció el comienzo de la escalada bélica evoca a las más tristes épocas de la humanidad. Palabras agresivas que reflejan un comportamiento autoritario y hacen temer por la racionalidad de su pensamiento.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, decidió el comienzo de una arriesgada intervención militar en Ucrania para, según dijo, proteger a las personas de los supuestos "abusos y del genocidio" del gobierno ucraniano desde hace ocho años. Pretendiendo intimidar a quienes se oponen a su deseo de reinstaurar algo similar a lo que fue el imperio ruso de hace más de un siglo, advirtió que quienes "intenten interferir con nosotros, deben saber que nuestra respuesta será inmediata y conducirá a consecuencias que no han conocido jamás".
Un argumento no comprobado y una advertencia pendenciera formaron parte del colofón de una larga hilera de jornadas en las que la tensión fue acrecentándose para terminar en esta escalada bélica de proyecciones aún imprevisibles, a la que algunos observadores catalogan como el principio de una nueva conflagración mundial.
La decisión del autócrata ruso viola un principio fundamental en el derecho internacional. Un valor que Rusia no puede desconocer. Por formar parte de la comunidad mundial, pero especialmente porque es uno de los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Ese principio es el de la integridad territorial y la independencia política de los Estados. Por cierto, Putin conoce este principio. Pero le importa nada su cumplimiento. Por segunda vez en ocho años lo ha violado sin miramientos. La primera ocasión, en marzo de 2014, resultó en la anexión total de Crimea. Ahora, con el argumento de que Ucrania es utilizada "por terceros países para crear amenazas contra la propia Federación Rusa", invadió su territorio porque no tenía intenciones de "seguir aguantando" esta situación.
El mensaje de contenido extremo con el que Putin anunció el comienzo de la escalada bélica evoca a las más tristes épocas de la humanidad. Palabras agresivas que reflejan un comportamiento autoritario y hacen temer por la racionalidad de su pensamiento. Es el amo absoluto de uno de los países más importantes del globo. Pero no es original: lanzó una guerra contra Ucrania utilizando los mismos pretextos que otros dictadores de la historia esgrimieron para tomar similares decisiones.
Mientras las imágenes de los bombardeos erizaban ayer la piel de los seres humanos en prácticamente todos los rincones del planeta, en el diario ABC de Madrid se escribió: "Al militar y político prusiano Carl Von Clausewitz se le atribuye la idea de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, aunque los hechos dramáticos que estamos viviendo en estos momentos entre Rusia y Ucrania confirman que la paz que hemos vivido estos últimos treinta años habría sido la continuación por otros medios de la guerra, aquella que llamábamos 'fría' y que creíamos terminada con la disolución de la vieja dictadura comunista que gobernó lo que fue la Unión Soviética".
Volvió la guerra a Europa. Lo decidió un déspota de expresión gélida y atemorizante, que parece gozar con el temor que infunde. El mismo al que nuestro presidente elogió sin miramientos hace pocas semanas y le ofreció la Argentina para que sea "puerta de entrada" de Rusia en América latina y al que, por fortuna, ayer invitó a cesar la agresión contra Ucrania.
