Análisis
Groenlandia, metáfora del futuro
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/groenlandia_1.jpeg)
La disputa por Groenlandia exhibe el desgaste del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Entre liderazgos imprevisibles, disputas entre las potencias, debilitamiento de las democracias y normas erosionadas, aquel territorio Ártico se convierte en un símbolo del mundo que está surgiendo.
Por Fernando Quaglia | LVSJ
“Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional. Es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo. La Otan debería liderar el camino para que la consigamos. ¡Si no lo hacemos nosotros, lo harán Rusia o China, y eso no va a suceder!“, escribió Trump en las redes sociales antes de reunirse con el canciller de Dinamarca.
Tras ese encuentro, se informó que persiste un “desacuerdo fundamental” sobre el futuro del territorio ártico. Entretanto, crecen la alarma y la tensión en torno a un diferendo que nace de una concepción del poder ejercida sin matices y que amenaza con convertirse en un símbolo elocuente de la senectud de un orden internacional que hace agua en múltiples regiones.
Hace poco más de una década Rusia anexó la península de Crimea a su territorio. No conforme, Moscú invadió luego Ucrania. El Brexit sacudió los cimientos económicos y políticos de Europa. China mantiene su presión sobre Taiwán. El régimen iraní oscila entre la fragilidad interna y la promesa de resistencia. Medio Oriente continúa siendo escenario de disputas persistentes. Y ahora, con la prepotencia con la que ejerce su poder y luego del episodio de Venezuela, Donald Trump quiere hacerse de Groenlandia, isla que pertenece a Dinamarca, miembro de la Unión Europea. Una coalición de naciones aliada histórica de los Estados Unidos.
La “Tierra Verde” llamada así por el vikingo Erik “el Rojo”, hoy cubierta casi por completo de hielo, se ha convertido en un síntoma visible del deterioro del orden internacional. La arquitectura surgida luego de la Segunda Guerra Mundial sucumbe frente a liderazgos excéntricos y ante potencias que ya no privilegian los acuerdos ni respetan las normas que contribuyeron a crear.
Esta es, en esencia, la tesis del historiador y escritor británico Timothy Garton Ash, quien ha documentado con precisión las transformaciones que ha vivido Europa en el último cuarto de siglo. Advierte que nos acercamos a un tiempo del tiempo en el que “Occidente” dejará de ser un concepto capaz de expresar la idea de una comunidad política coherente. En los últimos tiempos, pero especialmente con el advenimiento del liderazgo histriónico y perturbador de Donald Trump, el eje Estados Unidos – Europa perdió consistencia. Y las democracias occidentales dejaron de compartir diagnósticos y prioridades comunes.
Después de Occidente
¿Se ingresa en la etapa que podría llamarse “post occidental”? El interrogante cobra fuerza porque el orden nacido a mediados del siglo pasado, caracterizado por el predominio de las democracias liberales, no está siendo reemplazado por un esquema alternativo estable. Por el contrario, asoma un desorden multilateral en el que las potencias negocian caso por caso, incluso con valores diferentes según sea la ocasión.
La crisis de Occidente se acentuó a partir de la volatilidad emanada desde Washington. La influencia de China crece, la autocracia rusa amenaza y el miedo a una guerra generalizada es evidente en varios países de Europa. Así, conviven los intentos de revisar la historia reciente que se plantean desde Moscú y Pekin, la imprevisibilidad actual de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, la vulnerabilidad y crisis de identidad de Europa y el oportunismo de algunos otros actores internacionales poderosos como India o Arabia Saudita por citar ejemplos. América del Sur, lejos de ocupar un rol protagónico, logró sin embargo un acuerdo histórico de comercio con la Unión Europea, que quizás represente uno de los últimos hitos del orden hoy en retirada.
En este contexto, la cuestión de Groenlandia adquiere singular relevancia. Garton Ash escribió recientemente que en ese territorio helado, lejano y periférico se revela el mundo que viene. Alí se entrecruzan los intereses de las grandes potencias, el impacto acelerado del cambio climático ligado a la por recursos estratégicos y los desequilibrios políticos que plantea el debilitamiento de las democracias liberales frente a los populismos, personalismos y autoritarismos.
En los márgenes del mapamundi estaría asomando una metáfora del futuro.
