Grieta, tiempos y desafíos
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No es verdad que un prócer como San Martín no haya sido cuestionado por la prensa. Por ello, tuvo también que luchar contra la prédica que para Alberto Fernández es malintencionada. Y, además, soportó innumerables otras circunstancias dramáticas para cumplir con su misión. Por lo pronto, su campaña libertadora es pródiga en adversidades y batallas sangrientas, algo que, en la actualidad, es impensable.
Mientras la grieta consume con voracidad cualquier intento de racionalidad en la política argentina de hoy y luego de episodios que la agigantaron en los últimos días, se comprende que prácticamente no existe sector de la vida nacional que no se halle involucrado en esta suerte de batalla dialéctica y simbólica que domina la realidad.
Ejemplos cunden: desde el tono del discurso presidencial en la apertura de sesiones del Congreso hasta las bolsas que simulan cadáveres en la protesta opositora del último fin de semana. En el medio un larga sucesión de expresiones y gestos que agigantan la división y destruyen la posibilidad de atisbar algún horizonte sereno en el futuro del país.
En medio de esta batahola, la labor de los medios de comunicación también ha sido objeto de grandes cuestionamientos, en especial por parte del primer mandatario, pero también de mucha otra parte de la dirigencia. Sería de una ingenuidad imperdonable pretender que la prensa no tiene participación en la grieta. Pero en todos los tiempos y en todas las geografías se han presentado situaciones similares también en lo que hace a las repercusiones mediáticas de las divisiones políticas.
Por ello, la candidez no cabe en este punto. Sin embargo, aquello de todos los tiempos debería ser recordado también por el propio presidente de la Nación, quien en el acto de homenaje por el natalicio del general San Martín, dijo: "Cuando siento que los diarios, la televisión y en las redes generan debates que por momentos nos obligan a desatender lo importante, pienso que aquellos enormes hombres de 1800 no tenían que enfrentar esa adversidad que es luchar contra la prédica malintencionada".
Si hubiese estado presente, el padre de la Patria quizás hubiese enarcado las cejas al escuchar estas palabras. Porque todos los historiadores, de todas las vertientes ideológicas, han escrito largas páginas acerca de los ataques que sufrió San Martín, en especial cuando se negó a participar del enfrentamiento civil del siglo XIX y, habiendo llegado hasta Montevideo desde Europa, decidió no desembarcar en Buenos Aires.
En ese contexto, San Martín sufrió el hostigamiento de algunas voces de la prensa de su época. Azuzados por Alvear y Rivadavia, fueron varios los periódicos que publicaron críticas ácidas contra su postura. Por caso, el diario La Prensa publicó recientemente un escrito que se imprimió en el diario El Tiempo en 1829. Allí, sin ambages, se acusa al prócer de abandonar el país: "Confesamos que esta resolución es imposible para nosotros. Los que dejáis en el país, de cuyo estado parecéis asustado y temeroso, creed, que antes de imitar vuestro ejemplo, preferirán con orgullo perecer en la tormenta por no defraudarla voluntariamente en uno solo de sus hijos de cualquiera capacidad. No olvidéis, cuando merezcamos el favor de un recuerdo, que a ningún hombre por grande que sea su mérito, le es permitido divorciarse con la patria''.
No es verdad que un prócer como San Martín no haya sido cuestionado por la prensa. Por ello, tuvo también que luchar contra la prédica que para el actual presidente es malintencionada. Y, además, soportó innumerables otras circunstancias dramáticas para cumplir con su misión. Por lo pronto, su campaña libertadora es pródiga en adversidades y batallas sangrientas, algo que, en la actualidad, es impensable.
