Gesto que destrozó la mentalidad exitista
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La enseñanza que deja la ovación recibida por Ginobili en un estadio de la NBA destroza por completo la mentalidad exitista que gana terreno desde hace décadas en la Argentina: la idea de que salir segundo no sirve.
Las imágenes fueron elocuentes. Su equipo había sido barrido literalmente de una serie definitoria en la liga de básquetbol más famosa del planeta. Pero todos los asistentes, simpatizantes del equipo perdedor y hasta los jugadores rivales, se pusieron de pie y aplaudieron a rabiar a un jugador que posiblemente haya participado en su último juego como profesional.
Se trata, por cierto, de Emanuel Ginobili, quien mantuvo la compostura y, emocionado, vivió un momento de esos que se recuerdan por siempre. Recibió ese enorme reconocimiento con la serenidad de siempre, con el equilibrio que exhibió a lo largo de su trayectoria.
Para la mentalidad de muchos argentinos no cuaja que quien este homenaje espontáneo se haya hecho justo en el momento en que el equipo de Ginobili recibiera una verdadera paliza deportiva. "No se puede alabar a un perdedor", dirían. Y surgirían los calificativos soeces y despectivos referidos a la frialdad o recordando alguna ausencia suya en competencias de la selección nacional. No resiste análisis esta postura. Ginobili es uno de los más grandes deportistas de la historia del país. Y es un ganador. Sus títulos son muchos más que las derrotas. Y, sin embargo, la extrema mentalidad exitista lo ubica a veces como un perdedor nato.
Y aun si lo fuera, el ejemplo del bahiense serviría para demostrar a las nuevas generaciones que los valores sobre los que se asienta la convivencia en una sociedad son la base del triunfo personal y social. No es buscando el éxito por el éxito mismo la manera de crecer como persona o como comunidad. Como se escribió por estos días en una columna de un diario capitalino, "entre los muchos valores que Manu Ginobili transmitió, tal vez ninguno sea más necesitado por estos días que el de ser un correcto perdedor".
Está aquí el ejemplo más palpable de que es una falacia aquella idea de que salir segundo no sirve. De que lo único que importa es ganar, sea como sea, aun pisoteando a los demás. La subversión en la escala de valores y el bastardeo al verdadero significado de la palabra ganador son evidentes en las discusiones deportivas, pero que también se trasladan a todos los demás ámbitos de la vida.
Para esta concepción, ser un "correcto perdedor" es no tener carácter, ser un ingenuo absoluto, no poseer atributos que permitan pisotear al adversario y denigrarlo. Así piensan los aplauden sólo lo que tiene éxito. Es decir, sólo valoran el fin sin reparar ni siquiera en los medios para conseguirlo. Y que se cambian de vereda rápidamente cuando el exitoso deja de serlo.
La enseñanza que deja la ovación recibida por Ginobili en un estadio de la NBA destroza por completo la mentalidad exitista que gana terreno desde hace décadas en la Argentina. Y no sólo en el deporte.
