Gestionar la incertidumbre, el desafío de la salud mental en la nueva normalidad
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La pandemia dejará huellas por su efecto traumático en la sociedad pero también nuevos aprendizajes para incursionar en esta nueva realidad.
Aunque ya pasó el confinamiento, todavía atravesamos el mientras tanto de la pandemia de coronavirus y estamos lejos de su desenlace. Con vacunas todavía en estudio, casos que van bajando pero que vuelven a incrementarse en algunos lugares, la "nueva normalidad" que se plantea ahora con la convivencia del virus, sigue atravesada por la incertidumbre sobre el futuro, la situación económica y la integridad física.
La pandemia dejará huellas por su efecto traumático en la sociedad pero nuevos aprendizajes para incursionar en esta nueva realidad.
Desde el Colectivo por el Derecho a la Salud Mental de San Francisco analizaron esta nueva situación y se refirieron a las consecuencias psicológicas de esta emergencia sanitaria en la comunidad y afirmaron que aumentaron las demandas de análisis por la necesidad de hablar de este malestar.
Aseguraron que las consecuencias psicológicas de esta situación que marca un antes y un después en la vida, deberán leerse caso por caso. "Habrá personas que siguen o seguirán con su trabajo y otras que lo perdieron. Incluso se marcará la diferencia entre los que han tenido home office de los que han tenido una continuación en su rutina por ejercer trabajos esenciales. Además, están los que han sufrido la pérdida de algún ser querido de quienes no, o han sido enfermos graves de covis-19 a diferencia de los contagiados asintomáticos".
El coronavirus causó estragos psíquicos en lo colectivo y en cada uno de nosotros en particular. "Irrumpieron miedos arcaicos frente al peligro de un objeto-no objeto, el virus que también porta el otro al que se lo percibe como a alguien peligroso y del cual hay que cuidarse", recordaron.
Lo que causó el aislamiento
Advirtieron también desde el colectivo que el aislamiento social preventivo y obligatorio "alteró la vida cotidiana. La convivencia continua, sin intervalos, entre los integrantes de un hogar acarreó que se perdieran los espacios de intimidad trastocando hábitos y vínculos. La casa se transformó en un espacio multifuncional se convirtió en el único lugar seguro. El sentimiento de hartazgo aparece como defensa al encierro. Al deteriorarse los lazos sociales, se perdió la presencia corporal de aquellos no convivientes, su voz y su mirada que nos constituyen y nos sostienen".
Respecto al aislamiento y su flexibilización hubo marchas y contramarchas, de acuerdo a la evolución de la curva de contagios.
"Se instauraron prohibiciones y toda prohibición implica angustia y frustración. Pérdida, incertidumbre, pánico y miedo es lo que esta pandemia ha desencadenado en la subjetividad.Pánico porque se produjo una reacción desmesurada ante la situación y luego surgió el miedo cuando se percibió el peligro al contagio", afirmaron.
Necesidad de hablar
Hay necesidad de hablar del malestar, de lo que hace síntoma y del sufrimiento afirmaron desde el colectivo y cada uno de los actores de la sociedad tiene diferentes necesidades.
Los adultos demandan "ante la crisis de angustia que los desborda o que, a veces, se manifiesta en síntomas corporales: palpitaciones, arritmias, sudoración en las manos, temblores, dolores en el pecho, que pueden o no prolongarse en el tiempo. Se suman trastornos alimenticios, insomnio, malhumor, tristeza, miedo a la enfermedad, a la muerte propia o de los seres queridos".
"En niños, -advirtieron desde el colectivo- se observa el retraimiento en el proceso del habla, en el control de esfínteres (enuresis, encopresis), apego excesivo hacia los padres (monoparentales o parentales), disfunción en el ritmo del sueño y en la alimentación por falta o por exceso de apetito".
Aseguraron que hay niños y jóvenes en edad escolar que presentan "apatía, frustración, angustia e incluso tristeza ante la falta de encuentro con compañeros y docentes, además de afectar los juegos compartidos que reditúan en lazos sociales. Considerando que la escuela tiene como función adicional un proceso de socialización que se pierde y que traerá consecuencias pedagógicas y psicológicas".
"Los adolescentes también han tenido que renunciar a su entorno social. Esto implica un retraimiento en la salida exogámica, con amigos. Esa renuncia al entorno social genera angustia y enojo ante la frustración", añadieron.
En tanto, explicaron que en los adultos mayores "surge la sensación de que los días pasan sin poder disfrutar de sus hijos y de sus nietos. La imposibilidad de salir a procurarse alimentos y medicinas, teniendo que depender de otros, genera retraimiento a una etapa infantil causando impotencia".
Las huellas de la pandemia
¿Cuáles serían las consecuencias psicológicas que dejaría todo lo vivido en nuestra salud mental?. Fobias, trastornos obsesivos y traumas por la soledad en los enfermos internados son algunas de las huellas que dejaría esta crisis en el futuro.
Después de tanto tiempo de encierro se podrían producir posibles inhibiciones (fobias) "esto causaría angustia intensa al salir en el momento de tener que volver a los lugares de trabajo y al contacto con otros por miedo al contagio".
Desde el colectivo afirmaron que hoy "ya se observan síntomas en la neurosis obsesiva, como la tendencia a controlar el miedo a través de rituales que van en aumento y pensamientos rumiantes sobre enfermedad y muerte asociadas a representaciones que causan angustia y malestar".
Por otro lado, las vivencias de
los enfermos hospitalizados por covid-19 ascienden a
la categoría de trauma. "Es un trauma porque transitaron por terapias
intensivas en soledad. Estas personas sufrieron la falta de contención
familiar y la de sus amistades", afirmaron.
Finalmente advirtieron que en situación similar, "se encuentra el personal sanitario -médicos, enfermeras- trabajando en la urgencia de la pandemia con alta exposición al contagio y a la muerte".
