Gendarmería patrulla Acapulco mientras las autoridades piden paciencia
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Los vecinos de este sector de Josefina continúan con su rutina diaria, mientras la Policía se mantiene alerta.
Por Nicolás Albera
En barrio Acapulco la gente quiere decir muchas cosas. Sin embargo, no habla. Y no lo hace por temor a que le suceda algo a ellos o a su familia. Quieren contar que así como hoy viven, no se puede más vivir. Los tiroteos ya no respetan hora ni lugar, y esta fue una de las razones por la cual cerró sus puertas de manera temporal el merendero Sonrisas Gigantes, ubicado en la esquina de las calles 20 y 5: "El jueves anterior al lunes del tiroteo (por el 22 de febrero) estaba sola con los chicos. Les dí una pelota y unos juguetes y les dije vaya a jugar un rato afuera porque siempre están adentro. A los cinco minutos empezaron a tirarse tiros de esquina a esquina. Los hice entrar a todos y cerré con candado para poder darles la merienda", explicó Jesica Benavídez, una de las integrantes de este espacio que recibía alrededor de 40 chicos, quien todavía siente culpa de su decisión: "Me siento con culpa por esa decisión; un rato antes de venirnos volvieron a tirarse y debió venir la Policía al lugar para que los chicos se retiren".
Sonrisas Gigante funciona hace dos meses en barrio Acapulco y recibe niños desde el año y medio hasta los 12.
"Los chicos cuando vienen se salen dos horas de su realidad, muchas veces dura y por eso no queremos cerrarlo; desde la Comuna nos pidieron paciencia porque todo se iba a acomodar", señaló.
Gladys Medina pertenece a la ONG Proyecto Esperanza, que entre otras actividades dispone de un merendero desde hace cuatro años en el sector, que recibe desde lactantes hasta adolescentes. Si bien absorbía un promedio de entre 30 y 35 chicos, al cerrar el otro merendero el número trepó a 50. Sirven la merienda de lunes a sábado y el miércoles por la noche una cena.
"Es una situación muy conflictiva, muy difícil. La gente está con miedo, los niños alterados, me doy cuenta que es el aire que se respira en el barrio porque los tiros no paran. Este espacio está ubicado sobre Calle 5 al 519.
Sobre la situación de violencia en el barrio, Medina sostuvo: "No me es fácil ir, mi familia tiene miedo pero es una vocación de servicio la que tengo. El miedo paraliza y los chicos no necesitan eso sino que tienen hambre porque hay una necesidad y hay que dar respuestas. Por eso estoy dispuesta a correr el riesgo", afirmó, aunque destacó que con la gente del barrio jamás tuvo inconvenientes y aseguró sentirse "respetada".

Algunos cambios pero no alcanzan
La Jefatura Departamental de Policía de Rafaela ordenó modificaciones en la conducción del destacamento policial de barrio Acapulco, horas después del tiroteo desatado en la noche del lunes. A cargo de la dependencia quedó el oficial inspector Rodrigo Bargetta, según lo confirmado por la presidenta comunal de Josefina, Jorgelina Sicardi.
Mientras tanto, la funcionaria sigue aguardando una respuesta por parte del gobierno de Santa Fe para mejorar la seguridad en el sector. "Vamos a insistir a nivel provincial; en estos días hemos visto alguna acción al cambiar el jefe del destacamento y lo que pretendemos es que lleguen más móviles y personal policial", señaló a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Sicardi indicó que "el problema está y lo que podemos hacer desde la Comuna es enfrentarlo; nosotros vamos a seguir haciendo escuchar nuestra voz".
Durante estos días, Gendarmería Nacional patrulla las calles del barrio para llevarle tranquilidad a la gente, algo que hace rato no encuentran. La duda es: ¿hasta cuándo durará?

