Gastronómicos, sin margen
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Ante el cierre del servicio de los restaurantes por el nuevo confinamiento, la dueña de un comedor de barrio Catedral descargó su angustia en las redes sociales y su mensaje se viralizó. Con sentimientos de impotencia e incertidumbre, María Victoria y su pareja Gastón aseguraron que su rubro vuelve a ser el más perjudicado.
Una vez más, los gastronómicos sienten el golpe del confinamiento. Después del Decreto de Necesidad y Urgencia que publicó el Gobierno Nacional el pasado viernes y al cual adhirieron provincias y municipios, los restaurantes vuelven a sentir y vivir en primera persona lo que atravesaron el 2020.
Con enorme dolor, los comedores levantaron las sillas, guardaron la vajilla y desconectaron las heladeras por nueve días, al menos, ante la segunda ola de coronavirus.
Victoria Lissi y su pareja Gastón Beltramone son parte de la comunidad gastronómica que ahora solo puede vender a través de la modalidad delivery o take away con viandas o cafetería que es el nuevo proyecto para mantenerse activos, lo suyo es la atención como restaurante.
Ante semejante impotencia, fue Vicky la que manifestó el dolor de cerrar las puertas de su comedor Perla Negra y se expresó a través de las redes sociales, palabras que se hicieron virales y despertaron la empatía de muchas personas tratando de entender la situación que la joven pareja atraviesa.
"Jamás imaginé que mis palabras tuvieran tanta repercusión. Lo escribí el sábado por la noche, que fue la última vez que pudimos atender mesas el restaurante", dijo Victoria a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Cuando se fueron los únicos dos comensales que fueron esa noche al Perla Negra, la dueña sabía que le había llegado el momento de ver qué mercadería guardar y cuál no, qué teníamos para donar, desconectar las cuatro heladeras de bebidas y cual íbamos a dejar enchufadas. También, organizar todo en el comedor y en la cocina y cerrar para volver a funcionar como hace un año atrás", expresó la entrevistada.
"Fue la sensación de impotencia, duda e incertidumbre. Somos conscientes de lo que pasa, tenemos familia; un hijo; empleados y lo que menos queremos es que alguien se contagie. El miedo es constante y entendemos la pandemia; el problema es si realmente serán nueve días o más como fue el año pasado que nos cerraron 15 días y terminaron siendo tres meses".
"De la manera en que está la situación, de la cantidad de casos, estamos totalmente expuestos al cierre por más tiempo", agregó la joven con preocupación.

Con protocolos y esenciales
A Vicky le duele cuando expresan que los gastronómicos no cumplen con los protocolos o no los consideran esenciales. "Me choca mucho cuando escucho, que no cumplimos protocolos porque siempre nos cuidamos y, de hecho, todos los gastronómicos hicimos inversión en elementos de higiene. Es de cuarta que se señale con el dedo cuál trabajo es esencial o no porque lo es, porque todos lo son, porque se vive del trabajo y es el que lleva el pan a la mesa. Es lo mismo que ocurre con cualquier otra persona".
Para Gastón Beltramone, "si uno sale a comer, está más obligado a respetar el protocolo, la distancia social o el uso de barbijo que el juntarse en una casa, donde a veces no se actúa como se debe porque te relajás".
Reinventarse
Desde el verano, la pareja implementó el servicio en el comedor los días viernes y sábado por la noche, además de las viandas del mediodía y el servicio delivery o take away, pero para salir adelante; anexaron la cafetería que funciona en el horario de la mañana.
De esta manera, logran cubrir todos los horarios posibles de atención en el restaurante, pero no así los gastos fijos que son los que se llevan gran parte de la recaudación. "No nos da vergüenza decir que tenemos $30.000 de luz por mes, otro tanto de gas, también el alquiler. A eso, hay que sumarle los sueldos de nuestros empleados", explicó Victoria.
"Nos duele mucho tener que decirles a los chicos que trabajan con nosotros que no vamos a poder darle trabajo. Tenemos una de las chicas que no es de acá y lo que gana en el restaurante, le sirve para comer. Sin este trabajo, ¿Cómo va a hacer?", comentó la entrevistada.
"En total, de lo que recaudamos por mes, se va el 80% en gastos fijos sin contar el de mercadería para elaborar los platos que es otro tema, porque pasamos de destinar un 30% a un 70% de dinero por los aumentos", expresó Gastón Beltramone.
"A diferencia de otros rubros - siguió el chef- lo nuestro es día a día. No somos grandes empresarios. Lo que se vende, se usa para los gastos fijos. Esta cuarentena nueva nos agarra sin un peso para soportar la situación".
"Si bien trabajamos con la modalidad delivery o take away, la gente piensa en la rotisería y no en los comedores que es donde va a sentarse a comer. Esto no nos da para solventarnos".
"Lo poco que juntamos en el verano y lo que teníamos ahorrado, fue para solventar las deudas del año pasado. Tomamos el crédito de los $150.000 a tasa cero para pagar las facturas de luz y gas y lo estamos devolviendo. Soy sincera, una o dos semanas aguanto, pero tres meses, no", confesó Vicky.

Otro ingreso por la casa propia
Además del restaurante, la pareja tiene otros trabajos. Vicky, por su parte, trabaja en una pollería mientras que Gastón da clases en el IGA, pero por la pandemia, su labor como docente se detuvo ya que es 100% presencial.
El esfuerzo doble de los dos es para sostener el restaurante, pero, además, para poder cumplir su sueño de la casa propia. "Es una forma de tener un ingreso más porque además alquilamos así que, nuestras ganancias extras son para mantener nuestro hogar, nuestro hijo de 2 años y cumplir el sueño de algún día tener nuestro techo".
Vicky y Gastón compraron el restaurante hace 7 años cuando ella era moza y él, chef. Con enorme esfuerzo, pasaron todo este tiempo invirtiendo en el comedor que, para ellos, es su vida. "Cuando arrancamos éramos muy jóvenes. Nuestra familia pensaba que era una locura, pero en este tiempo hicimos mucho, crecimos y queremos seguir haciéndolo. Son casi 8 años de tu vida para que desaparezca todo de la noche a la mañana", expresó la empresaria gastronómica.
Para Gastón, "El negocio es parte de mi vida. Estoy muchas horas acá. Cuando me voy, sigo pensando en el negocio y cómo pagar los sueldos de los chicos porque ellos nos necesitan".
"El restaurante es el que quiero que me lleve a tener mi propia casa, tener un techo para nuestra familia y si bien es difícil, no queremos bajar los brazos", concluyó Vicky.
