Análisis
Frente a nuevo ciclo lectivo
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La educación vuelve a ocupar el centro del debate público entre diagnósticos preocupantes. El comienzo de las clases renueva, sin embargo, la esperanza: la del compromiso docente, el acompañamiento de las familias y la necesidad impostergable de que la dirigencia política asuma la educación como verdadera prioridad.
Comienzan las clases. A esta altura del año se impone, en forma recurrente, la reflexión acerca de la educación, de su importancia para la conformación de una sociedad madura y democrática y de su trascendencia en la formación de personas honestas, probas, sensatas y capaces.
La reflexión sobre la educación lleva, en un primer plano, al reconocimiento de que la Argentina ha vivido un grave retroceso en estas últimas décadas, debido a la introducción de ideologías en las aulas, revanchismos, estrategias populistas, intolerancia y experimentos pedagógicos que han generado marchas y contramarchas, cambios curriculares no siempre acertados y modificaciones en el rol central de la escuela en virtud de la influencia de nuevas realidades políticas, sociales, culturales, tecnológicas y económicas, entre otras.
En este marco, un nuevo informe de la ONG Argentinos por la Educación señala que “21 provincias planifican menos de 190 días de clases y 7 (Santa Cruz, La Rioja, Tucumán, San Juan, Buenos Aires, Río Negro y Chubut) no cumplen con las 760 horas anuales acordadas por el Consejo Federal de Educación. Esto significa que más de 700.000 alumnos no tendrán el mínimo de horas de clase requerido en 2026. Solo Santiago del Estero, San Luis y Mendoza planificaron un calendario escolar que garantiza 190 días”.
Se afirma asimismo que “el panorama resulta aún más complejo si se tiene en cuenta que no hay información pública sobre los días y horas efectivos de clase. La Argentina aún no tiene un sistema de información nominal que permita hacer ese seguimiento. Distintos estudios muestran una brecha significativa entre la planificación de los calendarios y el tiempo escolar efectivo. Sin datos públicos sobre los días efectivos de clase, es difícil dimensionar la gravedad del problema, que impacta en las oportunidades de aprendizaje de los chicos”.
Uno de los autores del trabajo, Gustavo Zorzoli, ex rector del Colegio Nacional de Buenos Aires explicó que en nuestro país “no cumplir con los acuerdos educativos, como en tantos otros temas trascendentales, no tiene consecuencias para los funcionarios de turno. Ni siquiera el contralor nacional se ocupa de su acatamiento, en especial cuando se sabe que los calendarios firmados y publicados distan en mucho de su concreción durante el año”.
El informe referido es una evidencia más de las tantas que pueden citarse para que se despierte la conciencia comunitaria, se asuma el deterioro y vuelva la educación a ser la prioridad que nunca dejó de ser.
De todos modos, el concepto de escuela implica la renovación de la esperanza en el comienzo de un nuevo ciclo lectivo. Porque es la educación el pilar que sostendrá el futuro del país. Su cimiento es el esfuerzo y la dedicación de la mayoría de los docentes argentinos. Ponen el pecho a las contradicciones y el hombro a las adversidades y carencias. También son mayoría las familias que, sin distinción de condición social, entienden que el fortalecimiento del sistema educativo es una condición ineludible para garantizar el porvenir de sus hijos.
Cuando las aulas vuelven a poblarse y la alegría del reencuentro sea el portal hacia nuevas experiencias y conocimientos, es tiempo de que el discurso de gobernantes y dirigentes abra paso a nuevas realidades educativas que respeten los compromisos asumidos, el cumplimiento de las normas y valoren debidamente el rol de maestros y profesores. Todo ello, acompañado de un compromiso social que ponga a la educación en el sitial que corresponde y exprese la vocación por recuperar aquel prestigio educativo que era admirado en el mundo.
