Fiestas clandestinas: encontrar alternativas
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Sería conveniente la revisión de algunos protocolos o la puesta en marcha de otros para acompañar "juntadas" o momentos de diversión controlados. De lo contrario, seguirá el desbande cada fin de semana porque parece haber quedado demostrado que la apelación a la responsabilidad no alcanza y quizás tampoco la aplicación de sanciones monetarias.
Las crónicas luego de cada fin de semana retratan la concreción de procedimientos policiales y municipales para desbaratar fiestas y encuentros juveniles que no están permitidos por las restricciones que rigen debido a la pandemia del Covid 19. Todos los medios de comunicación refieren situaciones repetidas en las que, ante la presencia de las autoridades en el lugar donde se concretan estos "eventos", se produce un desbande generalizado, con jóvenes escapando por los techos e ingresando en viviendas vecinas y varios otros resistiendo las órdenes de terminar con la fiesta.
Son mayoría los comentarios críticos acerca de la conducta de los jóvenes que participan en estos encuentros que, en virtud de las disposiciones vigentes, pueden tildarse de clandestinos. En verdad, la irresponsabilidad y la falta de conciencia ciudadana son atributos negativos extendidos entre nosotros. A esto se agrega la natural rebeldía juvenil y la ausencia de la autoridad familiar en el caso de muchos menores de edad.
El fenómeno de los encuentros furtivos en los que participan cientos de personas no solo es propiedad de San Francisco y la región. Basta un somero repaso por los medios informativos de toda la provincia y el país para tener noción de que es una realidad bastante extendida. Por ello, se impone que las autoridades atiendan esta problemática no solo actuando ante denuncias de vecinos para dispersar o clausurar algunas fiestas. Se reclama también prevención en algunos casos. Pero al mismo tiempo, ha llegado el momento de encontrar alternativas para compatibilizar las ansias juveniles de diversión y reencuentro con las necesidades sanitarias que continúan existiendo.
Es decir, insistir en la toma de conciencia imprescindible en este tiempo tan complicado es una necesidad. Pero no basta con cuestionar las actitudes de los jóvenes para que estos internalicen el mensaje. Es que, tras casi nueve meses de limitaciones y ante la inminencia de los tradicionales de fin de año, es preciso encontrar recetas que contemplen las necesidades juveniles, respeten las precauciones en materia de salud y contengan a los jóvenes en ambientes de recreación más seguros y controlados.
La realización de fiestas en loteos, campos alejados del casco urbano o incluso en viviendas de barrios no muy poblados se ha casi generalizado en toda la provincia. El peligro de accidentes u otros perjuicios graves que esto supone para los jóvenes es igual de serio que la posibilidad de contagios. Por ello, sería conveniente la revisión de algunos protocolos o la puesta en marcha de otros para acompañar "juntadas" o momentos de diversión controlados. De lo contrario, seguirá el desbande cada fin de semana porque parece haber quedado demostrado que la apelación a la responsabilidad no alcanza y quizás tampoco la aplicación de sanciones monetarias.
