“Favaloro daba enseñanzas de padre, de cirujano y de vida”
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El doctor Ricardo Liendo, especialista en cirugía general y cardiovascular, fue uno de los cuatro residentes que se formó al lado del recordado cirujano, desde 1983 a 1986, en el Sanatorio Güemes. Este es el recuerdo de quien se formó junto al padre del bypass.
El recuerdo y las enseñanzas del doctor René Favaloro siguen presentes en el corazón y la mente de la comunidad médica, como también de miles de personas en el país y todo el mundo a quienes ayudó con su sabiduría.
El bypass coronario, la técnica con la que el doctor Favaloro revolucionó la cirugía cardiovascular y ayudó a salvar millones de vidas en el mundo, cumplió recientemente 50 años. En tanto, el invento del médico argentino sigue vigente para las operaciones de corazón por su efectividad en el mejoramiento de la vida de los pacientes.
El doctor Ricardo Liendo, especialista en cirugía general y cardiovascular, fue uno de los cuatro residentes que se formó al lado del recordado cirujano, desde 1983 a 1986, en el Sanatorio Güemes.
Liendo nació en San Francisco, aunque luego se radicó con sus padres en Santa Clara de Saguier, hasta que se fue a estudiar Medicina. Actualmente trabaja en la Clínica Romagosa y la Clínica de la Familia, en Córdoba.
El doctor Liendo no solo aprendió técnicas de cirugía, sino que recibió enseñanzas de vida de Favaloro y fue el último que habló con él horas antes de su muerte.
"La enseñanza que Favaloro dejó fue que nada se consigue sin sacrificio, hay que estudiar, capacitarse, saber mucho en lo que uno quiera hacer y después volver al país, porque los jóvenes tienen que salvar al país".
"Era como un padre que en cualquier momento te daba enseñanzas, de padre, de cirujano y de vida. Así lo viví yo, quizá había gente que lo sentía más frío", aseguró el doctor Liendo al recordarlo en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Remarcó que Favaloro "era muy solidario y fue el padre de que muchos pudieran salvar su vida con el bypass. Es imposible no querer a una persona así. Todos los querían, médicos, enfermeras, la gente".
"Además era un cirujano nato, nació para eso. La Cleveland Clinic todavía usa todo lo que hizo él, los separadores de mamaria, las pinzas y portagujas, algunas han sido superadas con el tiempo, pero ellos las siguen usando en respeto al doctor", dijo.
Un encuentro inolvidable
El doctor Montiel fue el último que intercambió algunas palabras con el René Favaloro, el día antes de que tomara la trágica decisión de quitarse la vida. "Recuerdo que el día antes de su muerte, yo estaba en la fundación porque había llevado a un paciente para operar y lo encontré a Favaloro, nos saludamos y él se fue, pero hizo tres pasos y volvió, me miró, me dio una palmada en la cara y me dijo: 'Cuidá mucho a tu familia, tenés una familia hermosa' y se fue", comentó.
"Nunca voy a olvidarme de esa mirada y lo que me dijo -aseguró-. Fue muy lindo lo que me dijo. Al día siguiente, un sábado a las 17.25, un día después de mi encuentro, estaba con mi hijo de 16 años que lo quería mucho porque le dio consejos como un abuelo, y me llamó un colega para decirme que Favaloro se había matado".
Añadió: "Recuerdo que no lo podía creer, mi hijo lloraba como si hubiera perdido un familiar, me decía que le había hablado como un abuelo, como un padre. Después me llamó su sobrino, Roberto Favaloro, para preguntarme si había detectado algo en mi encuentro, si estaba deprimido, pero yo no noté nada".
"Sí no me cabe duda, que, como él dijo en su carta, iba a tener que echar mucha gente, que no le aceptaban darle dinero para ayudar a la Fundación", aseguró.
"Todos los días tenemos evidencia en la justicia de cosas que han pasado en el país que nos generan vergüenza ajena -continuó Liendo-. Lo que pasó con Favaloro es que él no le decía que no a nada, le decían: 'tiene que operar 800 pacientes en un año a través del Pami y aunque sabía que no iban a pagarle, no decía que no'".
"Él estaba convencido que se iba a mantener la Fundación y creo que cualquier gobierno tenía que haberlo sostenido porque son marcadores en la historia para afuera y para adentro del país", dijo.
Humildad y respeto
"La enseñanza que Favaloro dejó fue que nada se consigue sin sacrificio, hay que estudiar, capacitarse, saber mucho en lo que uno quiera hacer y después volver al país, porque los jóvenes tienen que salvar al país. Él decía que había que empezar a trabajar con honestidad y seriedad", destacó Liendo.
Recordó que "se interesaba humanamente por todo lo que le pasaba a los residentes, al equipo. Era muy paternalista y siempre trataba de ayudar".
"Con los pacientes era muy humano -destacó-. Si veía gente sentada en la sala de espera, siempre le preguntaba qué necesitaba y los atendía enseguida".
"Una vez vino una familia del norte, eran muy humildes, y traían una nota para que vieran a un residente y Favaloro les dijo que si el residente estaba en cirugía, él los iba a atender. La gente se quedó sorprendida porque los atendía Favaloro, le dijeron que no tenían cómo pagar y él les dijo: '¿Quién le va a cobrar acá?, si alguien le cobra usted me dice'. El ayudaba mucho, fue formado en una escuela con un pensamiento muy especial".
Agregó que Favaloro "tenía muchos residentes y probablemente no se acordaba de los nombres, pero de mí se acordaba fundamentalmente por la particularidad de que le hablaba mucho de fútbol, era muy fanático de Gimnasia y Esgrima de La Plata".
"A veces se enojaba por algunas cosas pero nunca con maldad. Uno terminaba una cirugía y quizá el doctor Favaloro había dicho alguna cosa quizá enseñando y uno iba y le pedía disculpas pero el decía 'no es nada personal'. Quizá era su forma de reaccionar porque había sido criado con dureza, pero no lo tomaba nunca como algo personal", afirmó Liendo.
Un caso de Santa Clara de Saguier
El primer aneurisma de ventrículo izquierdo que se operó en el Sanatorio Güemes "era de un señor de Santa Clara de Saguier que se llamaba Ántimo Pánico. Este hombre hizo un infarto y como no había trombolíticos o angioplastia, los pacientes que hacían infartos en general desarrollaban un aneurisma. El doctor Favaloro siempre se acordaba de ese caso", rememoró.
"Tuve el honor de estar el día en que el doctor Floyd Loop, que fue quien quedó de jefe en la Cleveland Clinic, asumió en American Association for Thoracic Surgery y lo eligió como mentor a Favaloro. Es de destacar que un americano lo ponga de padrino a un sudamericano", dijo Liendo.
Y recordó que al caminar a la salida de la reunión central "nos sorprendió como lo paraban los médicos residentes de Cleveland, Houston, Europa y de otros lugares y le pedían que les firmara el libro, eso es un orgullo".
"En 1996, Favaloro visitó Córdoba y lo nombraron ciudadano ilustre de la ciudad, lo invitamos a comer con un grupo de médicos a un restaurante muy conocido donde alquilamos un salón privado, me emocionó cuando salimos de cenar la gente que estaba en el comedor, que estaba lleno, se paró y lo empezó a aplaudir en reconocimiento y le gritaban: 'Dr. tiene que ser presidente de la República. Él era muy humilde, agradecía pero mucho no le gustaba esa exposición", finalizó.