Sociedad
Ezequiel Ricca, el ingeniero con alma de artista
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Ingeniero, actor, cantante y creador independiente, el devotense recorrió un camino marcado por mandatos, búsquedas y decisiones que lo llevaron a reconciliarse con su verdadera vocación. Entre la ingeniería y el arte, su historia habla de animarse a escuchar lo que uno siente. Tras un proceso de aprendizaje, se preparó para lanzar a finales de febrero su primer disco, Soy como quiero ser.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
“Mi nombre es Ezequiel Ricca, tengo título de ingeniero y alma de artista. Soy actor, cantante, escritor y tengo dos sueños”. Así se presentó en sus redes sociales, en una frase que sintetizó un recorrido personal atravesado por cambios profundos, decisiones difíciles y una búsqueda constante por encontrar un lugar propio.
A sus 37 años, el joven nacido en Devoto construyó una vida que combinó dos mundos que durante mucho tiempo parecieron opuestos. Por un lado, la lógica, el orden y la estructura de la ingeniería. Por el otro, la sensibilidad, la emoción y la incertidumbre del arte. Entre ambos caminos, Ricca fue aprendiendo —no sin tropiezos— a escucharse.
Su historia, más que una carrera artística, fue un proceso de descubrimiento.
De Devoto a la escuela técnica
Ezequiel Ricca nació y creció en Devoto, donde cursó la primaria. A los 14 años dejó su pueblo para continuar sus estudios en San Francisco, en el Ipet N°50 “Emilio F. Olmos”, la escuela técnica más grande e importante de la ciudad y de la que egresaron muchos de los ingenieros de la región.
“Allá empezó también una etapa fuerte de independencia. Viví en el internado, después en departamentos con amigos. Fue aprender a arreglarse solo muy chico”, recordó.
El camino parecía definido. Proveniente de una familia que, según él mismo definió, era “una fábrica de ingenieros”, la elección profesional resultó casi natural. Su padre era ingeniero y tres de los cuatro hermanos siguieron el mismo rumbo. La ingeniería electrónica aparecía como un destino lógico.
“Si me preguntabas antes de 2012 qué iba a hacer, la respuesta era clara: recibirme de ingeniero e irme a vivir a España”, contó.
Ese era el plan.
El momento de quiebre
Pero en 2012 algo cambió. Ricca lo definió como “un romance con la locura”, una etapa intensa que lo llevó a cuestionar todo aquello que había dado por seguro.
En medio de esa revolución interna reaparecieron viejos deseos: el fútbol, el arte, la actuación. El primero fue el intento de volver a ser futbolista, un sueño que había abandonado a los diez años pero que reapareció con fuerza a los 23.
Durante un tiempo entrenó con la ilusión de poder concretar ese objetivo, incluso con la posibilidad de integrar un equipo que viajaría al exterior. Sin embargo, el proyecto no prosperó y la desilusión marcó un punto de inflexión.
“Las lágrimas de una desilusión riegan la semilla de una nueva ilusión”, dijo. Y fue entonces cuando apareció el teatro.
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El teatro como descubrimiento
Lo que comenzó como un impulso difícil de explicar terminó transformándose en una necesidad. Ricca inició un taller de teatro sin saber bien qué buscaba, pero con la sensación de estar siguiendo por primera vez un instinto propio.
Al principio el proceso fue intermitente. Durante años convivieron el ingeniero y el artista, en una tensión constante entre lo seguro y lo desconocido.
“Durante 23 años le dije a mi cabeza que iba a ser ingeniero. Cambiar eso no fue fácil”, explicó.
Con el tiempo, el teatro dejó de ser un espacio recreativo para convertirse en un lugar de transformación personal. Allí comenzó a trabajar sobre las emociones, la expresión y la conexión con los otros.
“El actor no tiene que aprender a actuar. Tiene que liberar su instrumento. Las emociones ya están en uno, lo que pasa es que la sociedad nos enseña a bloquearlas”, sostuvo.
Ese proceso no solo lo formó como actor, sino también como persona. Según relató, fueron años de aprendizaje para poder equilibrar emoción y razón, comprender los límites del trabajo actoral y encontrar una manera propia de pararse en escena.
La vuelta al escenario
En ese camino tuvo un rol fundamental su tío materno, Ricardo Sagripanti, reconocido en Devoto por su trayectoria artística. El reencuentro entre ambos dio origen a uno de los proyectos más significativos de su carrera.
Después de más de treinta años alejado del teatro, Sagripanti volvió a actuar junto a su sobrino en la obra Yepeto, de Roberto Cossa, presentada en distintas salas de Córdoba, en Carlos Paz y también en Devoto.
Para Ricca, aquella experiencia tuvo un valor especial. No solo significó compartir escenario con un referente afectivo, sino también confirmar su decisión de seguir en el mundo artístico.
“Ahí entendí que el actor siempre está. Solo necesita volver a conectarse”, recordó.
El desafío de ser fiel a uno mismo
La música llegó después, casi como una consecuencia natural. Desde chico el cuarteto había formado parte de su vida, pero cuando decidió estudiar canto recibió más de una negativa.
“Un profesor me dijo directamente que si quería cantar cuarteto ni fuera”, contó.
Durante años le sugirieron orientarse hacia el género melódico, pero finalmente decidió seguir aquello que lo había movilizado desde la infancia. Comenzó a escribir canciones y a construir un repertorio propio que terminó convirtiéndose en su primer álbum.
El proyecto, titulado Soy como quiero ser, reunió doce canciones que recorrieron distintas etapas de su vida. La propuesta fue seleccionada en una convocatoria cultural de la Municipalidad de Córdoba, lo que le permitió financiar la producción.
Entre las canciones surgieron también respuestas a las críticas y a los momentos difíciles. Una de ellas nació a partir de un mensaje que recibió en redes sociales: “No es lo tuyo”.
“De ahí salió una canción que dice: ‘Me tirás una piedra, te devuelvo un beso’. Las críticas siempre están, el tema es qué hacés con eso”, explicó.
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Ingeniería, arte y producción
Así nació Se Vos Producciones, su propia productora, pensada no solo para impulsar sus proyectos sino también para generar oportunidades para otros artistas. Pero ese paso no llegó de un día para el otro: fue el resultado de un proceso en el que, además de cantar y escribir, debió aprender a moverse en la trastienda del ambiente artístico. Ricca contó que, en el camino, descubrió que “la industria no está hecha para los artistas” y que muchas veces la falta de información termina jugando en contra. “Si delegás todo, te puede salir caro”, advirtió, al explicar por qué decidió involucrarse también en la producción y en las decisiones legales y comerciales.
En ese marco, indicó que a finales de febrero concretará un hito en su carrera: el lanzamiento de su disco completo Soy como quiero ser, el proyecto que había venido construyendo paso a paso y que, según relató, terminó de ordenar cuando entendió que debía proteger su trabajo para poder sostenerlo. “Yo siempre digo que tengo dos sueños: uno es monetizar mi pasión por el arte y el otro es generar oportunidades para las personas que están en la misma”, expresó, convencido de que parte de su aprendizaje —y de sus errores— podía transformarse en una guía para otros.
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Escucharse a tiempo
A lo largo de su recorrido, Ricca fue cuestionando una frase común: “Nunca es tarde”. Para él, algunas oportunidades tienen tiempos, y justamente por eso cree que es importante empezar cuando el deseo aparece.
“Si me pedís que de un consejo sería que escuchen menos consejos y más a su corazón, que confíen en sus instintos. Todos sabemos lo que queremos, aunque a veces no nos animamos”, reflexionó.
Hoy, entre ensayos, canciones y proyectos en desarrollo, sigue construyendo un camino propio, lejos de las fórmulas tradicionales y más cerca de una búsqueda personal.
Su historia no es la de un cambio abrupto, sino la de un proceso largo, lleno de dudas, intentos y aprendizajes. Una historia que habla de animarse a escuchar esa voz interna que muchas veces queda silenciada por los mandatos o el miedo.
Porque, como él mismo sintetizó al final de la entrevista, en una frase que resume su recorrido y que también funciona como mensaje para otros:
“Yo siempre supe que quería ser artista, no me animaba”.
Volver a Devoto
En paralelo, Ricca regresó a su pueblo natal con un nuevo desafío: coordinar un espacio de entrenamiento actoral. Lejos de las estructuras tradicionales, propuso un lugar sin certificaciones ni títulos, enfocado en la expresión y el autoconocimiento.
“El arte no solo sirve para ser artista. Sirve para ser humano”, afirmó.
El proyecto reunió a vecinos que encontraron en el teatro un espacio para expresarse y descubrir nuevas posibilidades personales. Para él, ese proceso confirmó una idea que repite con frecuencia: que muchas veces lo artístico aparece cuando uno se permite escucharse.
También participó como director del film realizado por la Escuela Carlos Justo Florit de Devoto, una producción colectiva que reunió a estudiantes, actores locales y vecinos, fortaleciendo el vínculo entre el arte y la comunidad.
