Explosión violenta en Estados Unidos
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Imagenes/Imagefc96b3b2aa2c471c8530eb1909e0fddc.jpg)
El fondo de esta situación de violencia casi descontrolada en algunas ciudades norteamericanas subyacen las injusticias que el racismo sigue generando a pesar de los enormes avances en materia de derechos civiles y también en los aspectos económicos de ese país.
La iracundia que explotó en Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos después de la muerte el lunes de George Floyd, un hombre negro de 46 años asesinado por un oficial de policía blanco, se extendió por todo el territorio de ese país y también fuera de sus fronteras. Las manifestaciones para denunciar la violencia policial y la persistencia de un fuerte racismo en sus acciones han generado una espiral de desórdenes que amenaza con no ceder. Y que es alimentada por la también iracunda respuesta que a cada momento brinda el presidente de la potencia mundial, especialmente a través de sus intervenciones en la red social Twitter.
Por cierto, el episodio de Minnesota no ha sido el primero en el que se observa la brutal y despiadada agresión de un miembro de las fuerzas de seguridad norteamericanas a personas de raza negra. El exceso es tan evidente que resulta grosero cualquier intento de justificación. Presionar el cuello de un hombre durante casi 10 minutos sin dejarlo respirar, a la vista de todo el mundo, con teléfonos celulares filmando la escena y con colegas policías que solo intentan alejar a los curiosos no parece ser la mejor estrategia para arrestar a una persona que, por lo que se sabe, pretendía pagar una compra con un billete aparentemente falso, lo cual tampoco ha sido comprobado aún.
La reacción popular, como en todos los casos, viene acompañada de los intereses políticos que se arrastran buscando adhesiones. Y también es aprovechada por movimientos antisistema que buscan lo mismo. Siempre ha sido así. Sin embargo, en este caso, la posición más flamígera está marcada por el discurso de la máxima autoridad del país. El virus del populismo encarnó en un personaje histriónico que plantea siempre las posiciones extremas. Es "nosotros contra ellos". Como bien se planteó en una columna de The New York Times, "ni un policía tóxico ni Donald Trump se ven a sí mismos como sirvientes de todas las personas que han jurado proteger. Son únicamente sirvientes propios. Todos los demás son el enemigo".
También ha cobrado visibilidad el movimiento denominado Black Lives Matter (Las vidas negras importan) que se autodefine como "un llamado a la acción y una respuesta al violento racismo anti-negro que se infiltra en nuestra sociedad", según dice la organización en su sitio web. Mientras algunos ven a esta organización como la generación digital de la lucha por los derechos civiles, otros observan con alarma algunas expresiones que se dirigen a la radicalización.
Pero además, en el fondo de esta situación de violencia casi descontrolada en algunas ciudades norteamericanas subyacen las injusticias que el racismo sigue generando a pesar de los enormes avances en materia de derechos civiles y también en los aspectos económicos de ese país. Se pone de manifiesto también la inquietud de gran parte de la población en medio de la pandemia del Covid 19 que afectó mucho más a las personas afroamericanas y latinas, así como la división política que exacerba aún más los ánimos.
En este contexto, la violencia urbana se repite en la potencia del norte. Con aditamentos que generan un cuadro preocupante. La explosión de estos días impresiona por su virulencia y por haber revelado que las tensiones raciales se mantienen, pese a que los Estados Unidos incluso ya han elegido dos veces a un presidente de raza negra. No parece haber sido suficiente.
