“Existe la posibilidad real de identificar más restos de desaparecidos en Córdoba”
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Silvana Turner, investigadora del Equipo Argentino de Antropología Forense, visitó San Francisco para brindar una charla en la UTN. Habló sobre los hallazgos en La Perla, los avances de la genética y el caso de las hermanas Carranza. Además, convocó a familiares de desaparecidos que aún no aportaron muestras de sangre a hacerlo.
A 50 años del golpe de Estado de 1976, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) atraviesa en Córdoba uno de los momentos más significativos de una investigación que lleva dos décadas. Los hallazgos producidos en el sector conocido como Loma del Torito, en terrenos vinculados con el ex centro clandestino de detención La Perla, abrieron nuevas posibilidades de identificación y demostraron que todavía es posible encontrar respuestas.
En ese contexto visitó San Francisco Silvana Turner, investigadora del EAAF y responsable del trabajo de campo en La Perla, quien participó en la Facultad Regional San Francisco de la UTN de la charla “La ciencia al servicio de la verdad. Antropología forense, identidad y derechos humanos”.
La presencia de Turner tuvo especial significación para la ciudad. Entre los resultados obtenidos a partir de los trabajos realizados en Córdoba aparece el caso de Adriana María y Cecilia María Carranza, las hermanas mellizas sanfrancisqueñas desaparecidas durante la última dictadura.
Pero la visita tuvo también un objetivo concreto: convocar a familiares de personas desaparecidas que todavía no aportaron una muestra genética.
“Estamos en un momento de pleno desarrollo de un proyecto muy importante, que se viene trabajando hace 20 años, pero que el año pasado finalmente dio con el objetivo de hallar restos en esta zona vinculada con La Perla, con la Loma del Torito”, explicó Turner.
La investigadora remarcó que los restos continúan siendo encontrados y procesados y que para identificarlos resulta fundamental poder compararlos con muestras de familiares.
“Existe la posibilidad real de identificar más restos de personas desaparecidas en Córdoba. Entonces, es importante contar con esas muestras para poder dar la mayor cantidad de respuestas posibles”, señaló.
Turner aclaró que no importa por qué una familia no aportó anteriormente una muestra. El interés del Equipo no está puesto en conocer esas razones sino en comunicar que todavía puede hacerlo. El procedimiento es voluntario y gratuito y existen mecanismos para que la persona ni siquiera tenga que trasladarse de su localidad.
La genética cambió las posibilidades
El EAAF nació en 1984 y lleva más de cuatro décadas trabajando de manera ininterrumpida en la identificación de personas desaparecidas. En ese tiempo atravesó distintos escenarios políticos y judiciales, pero también una profunda transformación tecnológica.
“La genética ha aportado muchísimo para la identificación de restos que tal vez 20 años atrás no hubieran sido identificados y que ahora, a partir de una pieza dental, es posible tener ADN e identificar”, explicó Turner.
La experiencia acumulada llevó además al organismo a trabajar en más de 60 países, aplicando las herramientas de la antropología forense en investigaciones sobre violencia institucional, migraciones, crimen organizado, narcotráfico y feminicidios.
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Sin embargo, Córdoba representaba una deuda particular. Las búsquedas relacionadas con La Perla comenzaron a mediados de los años 2000 y durante mucho tiempo los resultados fueron escasos frente al número de víctimas.
“Era una cierta deuda que sentíamos de no poder encontrar este sitio que hemos encontrado el año pasado”, reconoció Turner. El objetivo central, sostuvo, siempre fue “poder dar una respuesta, llevar certeza sobre hechos que han generado mucha incertidumbre”.
Un sitio excepcional
Loma del Torito presenta además características extraordinarias. Según Turner, es probable que sea el lugar de mayor concentración de entierros de víctimas hallado hasta ahora en el país.
Sin embargo, no se trata de un sitio donde los cuerpos permanecieron en su disposición original. La evidencia permitió determinar que las sepulturas clandestinas fueron alteradas.
Según la información reunida por los investigadores, en 1979 el Ejército habría utilizado maquinaria pesada para remover los restos y trasladarlos, con el propósito de volver a ocultar la evidencia.
“Lo que estamos encontrando son los fragmentos pequeños, en algunos casos, de lo que quedó de esa, entre comillas, ‘limpieza’”, describió Turner.
Esta situación limita incluso las posibilidades de entregar restos a las familias, aunque los pequeños fragmentos pueden resultar suficientes para establecer una identidad.
El caso Carranza
Eso ocurrió precisamente con las hermanas Carranza. El análisis permitió determinar que uno de los restos recuperados pertenece a una de las dos mellizas, aunque por razones genéticas no fue posible establecer si corresponde a Adriana o Cecilia.
“En el caso particular de la familia Carranza, tampoco fue posible, por cuestiones genéticas, distinguir de cuál de las dos hermanas se trataba”, explicó.
Pese a esa limitación, el resultado significó una respuesta esperada durante décadas. El Equipo mantuvo contacto con la familia y Turner contó que sus integrantes transmitieron su agradecimiento porque la identificación les aportó finalmente una certeza.
A medio siglo del golpe, la investigadora admite que probablemente nunca sea posible recuperar los restos de todas las víctimas. Sin embargo, lo ocurrido recientemente en Córdoba demuestra que las búsquedas todavía pueden producir resultados. “Siempre es posible que surja una nueva información”, afirmó.
Por eso, el trabajo continúa. Para Turner, mientras existan familias buscando respuestas, la tarea mantiene plena vigencia. Y además de aportar evidencia a la Justicia, existe una dimensión que trasciende los expedientes judiciales.
“Hay un interés en que, más allá de la pericia forense que se le entrega a la autoridad de Justicia, haya aporte también a un conocimiento de la verdad”, resumió.
