Exacerbación del internismo político
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Media/202304/Image3a8f1ecabdab4a799aa33afdf74c1f9e.jpg)
La mirada permanente en el ombligo propio reduce el horizonte de acción sobre la realidad y se aleja de los intereses genuinos de la sociedad y, lo más peligroso, alimenta la posibilidad de que aparezcan voces que proclaman la destrucción de la política como herramienta de transformación.
Ha alcanzado repercusión nacional la discusión originada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires respecto del uso de la boleta única electrónica en las Paso que se avecinan. La fuerte polémica, que se generó entre dirigentes de Juntos por el Cambio luego del anuncio del jefe de gobierno de la capital del país, es un signo de la incapacidad de los principales dirigentes de la principal alianza opositora para evitar las recurrentes luchas por espacios de poder personales.
Porque no es otra cosa que eso lo que está ocurriendo. Los análisis de los columnistas de la prensa nacional ahondan en precisiones acerca de que la disputa se centra en los posicionamientos frente a las primarias que se avecinan y la posibilidad de mantener cuotas de poder. Para ello, un potencial candidato a la presidencia decide, en el marco de sus funciones como jefe de gobierno de Buenos Aires, aplicar la ley que determina el uso de la boleta única electrónica. Su argumento sostiene que es lo que corresponde de acuerdo a las normas vigentes. Que también regían en 2019, pero en aquella ocasión determinó lo contrario. Enfrente, encumbrados dirigentes cuestionan con severidad la decisión cuando tiempo atrás fueron los más fervientes defensores de la instauración de la boleta única como sistema electoral de Caba.
Tanto en una como en otra vereda se ven en figurillas para argumentar sus actuales posiciones. Porque, como suele ocurrir en las luchas políticas, se procuran alcanzar las metas que se proponen sin reparar en los medios para conseguirlos. Entonces, en un caso aplican una norma legal que desoyeron en anterior oportunidad o bien la cuestionan abiertamente en este momento pese a que la apoyaron con ansias en el pasado.
Al respecto, no parecen estos dirigentes -y también los del oficialismo, enfrascados en similares y hasta más enardecidos "combates"- tener conciencia de la confusión que originan en la ciudadanía. Y ofrecen condimentos para abonar la convicción de que, para ellos, dirimir su interna es mucho más importante que los padecimientos que sufre la ciudadanía. Las indefiniciones en torno a las candidaturas son consecuencia de ello. Tanto a nivel nacional como en cualquier otra jurisdicción menor.
La lucha interna dentro de las agrupaciones políticas es bienvenida. Pero la disputa merece otro nivel. No lo consigue poniendo en duda un instrumento electoral que mejora de modo sustancial la transparencia en cualquier elección y derriba por fin la utilización de la nefasta boleta sábana. No lo consigue cuando la aplicación de la ley depende de los posicionamientos de la dirigencia. No lo consigue en el momento de la argumentación, puesto que difícil resulta cuestionar una medida cuando en el pasado se pregonaba su instrumentación. No lo consigue cuando la necesaria franqueza en la difusión de los objetivos no existe o se pierde en una maraña de explicaciones pública demasiado frágiles.
La disputa por el poder es la política misma. Renegar de ello es quitarle el ingrediente central a esta noble, pero hoy devaluada actividad. La exacerbación del internismo establece que la mirada permanente en el ombligo propio reduce el horizonte de acción sobre la realidad, crea una cultura política endogámica que se aleja de los intereses genuinos de quienes la dirigencia aspira a representar y, lo más peligroso, alimenta la posibilidad de que aparezcan voces que proclaman la destrucción de la política como herramienta clave para la transformación y el crecimiento de la sociedad.
