Evaporando jubilaciones
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El "logro" de haber acordado que no haya modificaciones en un sistema previsional prácticamente agotado, que funciona como caja política y es escenario de sospechosas maniobras no puede ser festejado. Mucho menos cuando la inflación evapora al instante las magras jubilaciones.
La inflación del 4,7% en febrero pasado ha generado notable preocupación en la población que vive de ingresos fijos. Son demasiados los hogares que hoy pergeñan estrategias de supervivencia para llegar a fin de mes, frente al constante incremento de los precios, especialmente de los productos de primera necesidad. En este problemático contexto, la mayoría de los integrantes de un grupo social siempre postergado encara los últimos años de la vida con perspectivas nada optimistas.
La mayoría de los jubilados de este país observan con dolor cómo la inflación licua sus ingresos a una velocidad sorprendente. Mientras tanto, desde el presidente para abajo, todos los funcionarios se llenan la boca señalando que la atención a la clase pasiva es prioridad para su gobierno. Escandalosa mentira que cualquier análisis revela.
Altos funcionarios han destacado como muy positivo que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no implicará cambios en el sistema previsional argentino. Se ufanan de haber logrado una conquista importante que beneficiará a quienes ya se han retirado de la vida laboral. Pero ni siquiera reparan que la Argentina tiene uno de los peores regímenes jubilatorios del planeta. Vale consignar, por ejemplo, que entre los 43 países incluidos en el "Global Pension Index", elaborado por Mercer Institute, el país aparece en el puesto 42.
Salvo pequeños retoques a regímenes especiales que no son significativos pero que abonan el discurso que dice proteger a los jubilados más humildes, no habrá cambios. Así, los misérrimos haberes jubilatorios continuarán descendiendo hasta niveles insoportables, licuados por la galopante inflación y encorsetados en normas legales restrictivas que, sin dudas, reflejan la decisión de que el ajuste lo pague la clase pasiva, aunque esto no se admita en el poder.
Las estadísticas demuestran que en los últimos cuatro años -incluido el mes de febrero de 2022- la inflación promedio anual fue del 45,5% y produjo un daño que se agrava con la reforma jubilatoria del 2020, cuando el jefe de Estado afirmó que el sector estaba "recuperando derechos". "La inflación sostenida en niveles altos evapora el poder adquisitivo de trabajadores activos y pasivos. Un análisis realizado para los jubilados que cobran el haber mínimo, incluyendo los bonos cobrados, permite afirmar que un jubilado que cobra la mínima perdió en el acumulado de los últimos cuatro años, medio año de ingresos reales respecto a 2017", señala un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal.
Que la inflación destruye el poder adquisitivo es una verdad que la población argentina experimenta desde hace décadas. El deterioro de la calidad de vida y de la capacidad de consumo se evidencia con mucha fuerza en la clase pasiva, convidada de piedra en la distribución de los recursos, pero protagonista de los más edulcorados discursos de los gobernantes. El "logro" de haber acordado que no haya modificaciones en un sistema previsional prácticamente agotado, que funciona como caja política y es escenario de sospechosas maniobras no puede ser festejado. Mucho menos cuando la inflación evapora al instante las magras jubilaciones.
