Estirar la agonía
Ya el sábado se corrió el rumor de que iba a ser el último partido de Pagura, pase lo que pase. Pero, más allá de la derrota, sigue en su cargo.
San Isidro volvió a perder. El ambiente estuvo tenso toda la noche. Las caras de los dirigentes dejaban en claro que algo podía pasar. El entrenador, "apagado" como pocas veces. El rendimiento del equipo, muy pobre.
Todo confluía. Ya el sábado por la tarde, dirigentes de segunda línea gritaban a viva voz que la decisión estaba tomada. El futuro de Pagura ya no sería en San Francisco. Estaba todo "cocinado", solo faltaba confirmárselo al DT.
Los minutos del juego de anoche pasaban y la derrota parecía que sentenciaba la continuidad del técnico. Ya con el resultado en contra consumado, los rostros no eran los mejores.
Reuniones. Idas y vueltas. Los jugadores desconcertados. El entrenador que no salía del vestuario. Y como resultado final: los dirigentes de primera línea dieron su apoyo y Pagura sigue. Se lo comunicaron, Pagura aceptó seguir.
Lo vergonzoso de la noche, más allá de que los protagonistas no tienen la obligación de hablar, después de hacer esperar a los medios más de una hora, el entrenador salió por atrás de las tribunas y sin dar la cara se fue del "Severo Robledo" sin hablar.
Si no habla cuando tiene la confianza de los dirigentes, más allá de lo que él piense, que se puede esperar cuando se decida su salida. Pagura "no tuvo códigos". El primer día que pisó San Francisco pidió hablar con los periodistas, para decir que siempre iba a estar a disposición. Falló.
Ya en lo deportivo, la continuidad no tiene demasiado sentido. Es evidente que el equipo no da respuestas. Le soltó la mano. Y él les soltó la mano a los jugadores. Anoche, en un duelo clave, terminaron jugando mayoría de pibes, a quienes mandó a hacerse cargo de este "fierro caliente".
El mismo entrenador que vino a hacerse cargo de un "proyecto", que nunca llega a buen puerto si no hay resultados, que se sabe no tiene demasiado sentido y que, al menos en el equipo principal, los jóvenes nunca tuvieron mayor preponderancia, esos jóvenes tuvieron en sus manos las bolas más picantes, las del "supuesto" último partido.
Es muy conocido que cuando los dirigentes brindan su apoyo, a la próxima derrota el entrenador deja su cargo. ¿Será este un nuevo caso?. Solo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, el próximo juego es de visitante, donde nunca pudo ganar.
Por el bien del deporte de la ciudad, ojalá esta situación sea solo una anécdota. San Isidro gane todos los partidos que le restan, apabulle a los rivales en los play off y consiga el ascenso. Pero, parece poco probable.
