Estado: eficiencia y eficacia
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El presidente Mauricio Macri anunció la reducción de un 25% de los cargos políticos del Poder Ejecutivo Nacional para, según dijo, tener un Estado más ágil, más eficiente y transparente. Nuestra editorial de hoy.
El presidente Mauricio Macri anunció la reducción de un 25% de los cargos políticos del Poder Ejecutivo Nacional para, según dijo, tener un Estado más ágil, más eficiente y transparente. Desde el Salón Blanco de Casa Rosada, el jefe de Estado resumió su plan de ajuste en tres puntos clave: "1) Vamos a reducir uno de cada cuatro cargos políticos del Poder Ejecutivo nacional; 2) Este año los funcionarios no tendrán aumento de sueldo; 3) A partir de ahora, los familiares de los ministros no van a poder ser parte del Gobierno".
En este sentido, el mandatario explicó que las medidas significarán una reducción de aproximadamente 1.000 cargos y un ahorro de 1.500 millones de pesos por año y que no habrá paritarias para los funcionarios. Además, Macri señaló que, en los próximos días, firmará un decreto para que "ningún ministro pueda tener familiares en el Gobierno" e "instó" a los funcionarios provinciales y municipales a tomar la misma medida para "mejorar la institucionalidad".
El anuncio del primer mandatario ha tenido alto impacto. Es, quizás, una de las escasas oportunidades en las que se establece con claridad que el ajuste pasará por los cargos políticos del Poder Ejecutivo, eliminando además la posibilidad de que continúe el nepotismo enquistado en el Estado desde tiempos remotos. La sensación es que por fin se ha determinado encarar la modernización de un Estado que no está -ni estuvo- a la altura de los requerimientos de la sociedad.
El interrogante ahora pasará por la implementación de las decisiones presentadas en sociedad. Y conocer si los demás poderes del Estado nacional y las provincias tomarán medidas similares. Es hacer realidad aquello de "predicar con el ejemplo" lo que se aguarda. La virtud ética de esta aseveración no ha existido a lo largo de muchos años y, por ende, su real vigencia constituye todo un desafío para los actuales gobernantes. Ello, porque tendrán que mostrar resultados para eliminar el pesimismo sustentado en aquello de que "cuando uno se quema con leche...".
Pero además de eficiente -como lo ha señalado el presidente-, el Estado debe ser eficaz. La diferencia entre ambos conceptos es sutil, pero profunda a la vez. Un Estado debe ser eficiente para utilizar la menor cantidad de recursos públicos en la consecución de un objetivo. O, mejor, en el logro de muchos objetivos con los mismos o menores recursos. Pero solo será eficaz si alcanza los objetivos, es decir si es capaz de alcanzar las metas que permitan una mejor calidad de vida a los ciudadanos.
El Estado debe dejar de malgastar dinero. Es una verdad incontrastable pues de lo contrario los males económicos y financieros. Debe propender a la eficiencia y puede considerarse que las medidas anunciadas van en el buen sentido. Pero el objetivo central es alcanzar la eficacia, que en el ámbito público significa -entre otras cosas- procurar la equidad, proteger a los más débiles y convertirse en el motor del desarrollo político, cultural, humano y económico de una sociedad, interviniendo donde debe hacerlo -educación, salud, seguridad y Justicia, por ejemplo- y evitando inmiscuirse en los ámbitos que pueden ser desarrollados con éxito por los sectores privados.
