Estado, eficacia y legitimidad
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Debería comprender la dirigencia política que su profunda separación con la ciudadanía se debe a su ineficiencia evidente, lo que quita legitimidad a su accionar y destruye su credibilidad.
La precandidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz, señaló la importancia de modificar la matriz impositiva de la Argentina para aplicar una "presión más fuerte sobre las grandes empresas, grandes fortunas y grandes patrimonios". La frase fue pronunciada en un acto de campaña proselitista y está en consonancia con lo que se pregona desde el oficialismo respecto del rol del Estado y de su relación con el sector privado.
Hablar de aumentar los impuestos en un país en el que es enorme la carga tributaria para vastos sectores parece contraproducente. Aunque se diga que solo se presionará a los grandes patrimonios. Apelando a las variables ideológicas que observan la realidad social y económica como una lucha permanente entre estratos de la comunidad, promesas de este tipo pueden arrimar voluntades entre quienes así piensan. Sin embargo, son el reflejo de la falta de ideas e imaginación de una dirigencia política que habla permanentemente de un Estado presente, pero nada hace para cambiar su histórica ineficacia.
Que el Estado se financia con los impuestos que abonan los ciudadanos es de Perogrullo. Pero qué hace el Estado con esos recursos es el problema no resuelto. En política, las medidas de aumentos impositivos pueden ser discutidas y las bibliotecas están divididas. Pero dicen poco antes de ser aplicadas. Salvo en la Argentina donde la experiencia enseña que los fondos aspirados al sector privado por la impresionante carga impositiva actual se malgastan por corrupción, privilegios de casta, clientelismo o simplemente por impericia en el manejo administrativo.
Afirmar que se propugnará una mayor presión tributaria sobre quienes más tienen es un eslogan de campaña utilizado hasta el cansancio. Señalar que otros países tienen incluso más carga impositiva que la Argentina es también un argumento utilizado con frecuencia en el debate. Y hablar del "Estado presente" forma parte de la corrección política de este tiempo. Pero, ¿qué condiciones tiene el "presentismo" del Estado?
Hace 30 años, el politólogo estadounidense Charles Lindblom, en su libro "El proceso de elaboración de políticas públicas" advertía que la capacidad de los gobiernos para resolver los problemas públicos, es decir, su eficacia, se ha convertido, en la cuestión "más sobresaliente sobre la política gubernamental". Esto significa que la eficacia de los gobiernos es cada vez en mayor medida, fuente de su legitimidad.
Debería comprender la dirigencia política que su profunda separación con la ciudadanía se debe a su ineficiencia evidente, lo que quita legitimidad a su accionar y destruye su credibilidad. Porque, en efecto, a pesar de todos los nuevos impuestos creados, todas las funciones de un Estado moderno fallan en la Argentina desde hace mucho tiempo. Salvo raras excepciones, el Estado presente es una sucesión de "ni - ni": ni seguridad, ni salud, ni previsión social, ni servicios públicos, ni educación, ni justicia, entre otros.
