Sociedad
Escribir el dolor: Valentina Crivello y una historia que se volvió libro
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/valentina_crivello.jpeg)
A partir de una experiencia personal atravesada por la mentira y una relación marcada por el problema del juego, la escritora local dio forma a “Perfecto en la superficie”, una narrativa autobiográfica con elementos de ficción que recorre el dolor, el duelo y el proceso de reconstrucción.
La escritora local Valentina Crivello atraviesa por estos días un momento especial. Su primer libro, “Perfecto en la superficie”, comenzó a ganar visibilidad y repercusión en San Francisco, impulsado por una historia tan íntima como universal: la de un amor que parecía sólido, pero que terminó derrumbándose frente a la mentira y una doble vida con el juego. Se trata de una narrativa autobiográfica con elementos de ficción que pone en palabras el dolor, pero también el proceso de reconstrucción.
“Nació de una experiencia dolorosa que me tocó atravesar. Es una narrativa autobiográfica que tiene vuelta a ficción”, contó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO. Lo que hoy es un libro que despierta interés comenzó, en realidad, como algo mucho más personal: “Empezó como un borrador. Era un desahogo para mí escribir”.
Con el paso del tiempo, ese ejercicio íntimo se transformó en algo más amplio. Crivello entendió que su historia no era solo propia, sino que también podía interpelar a otros. “Me di cuenta que hablé de otros temas también que son importantes para la sociedad, como elegir quedarse o no al lado de una persona que te mintió, que es adicta al juego”, explicó.
La obra reconstruye una relación que, a simple vista, todo parecía perfecto: estabilidad, proyectos en común y una vida construida sobre la confianza. Sin embargo, detrás de esa apariencia se escondían silencios, ocultamientos y una realidad paralela que terminó por quebrarlo todo.
El proceso de escritura no fue lineal. Hubo momentos de bloqueo y otros en los que escribir se volvió una necesidad. “Había días que no tenía ganas de escribir, pero había otros que sí, que era como mi cable a tierra. A lo mejor estaba tres horas escribiendo cómo me sentía”, recordó. En total, el libro le llevó alrededor de seis meses, en paralelo a su propio proceso de duelo.
Pero la decisión de publicar llegó después. “Una vez que fue pasando el tiempo, que me fui reconstruyendo también, dije: yo con esto tengo que hacer algo. No me pudo haber pasado en vano todo esto”, señaló. Ese paso implicó dudas e incertidumbre, propias de exponer una historia: “No sabía si hacerlo o no, si iba a gustar, pero dije lo publico y que sea lo que tenga que ser”.
Uno de los ejes centrales del libro es el impacto de convivir con una persona con una adicción al juego. En ese sentido, la autora fue contundente al describir lo vivido: “Es duro porque tenés que estar acompañando todo el tiempo algo que es muy difícil de sanar. La persona está cegada y no tiene dimensión de qué cosas pierde, a quién lastima”. En su caso, el límite fue determinante: “Yo pude poner el límite y decir: no quiero esto para mi vida”.
La historia también aborda el peso de la mentira sostenida en el tiempo. “En general, la mentira era la vida. Era la persona que todos querían, que supuestamente no jugaba. Convivíamos y nunca vi nada”, relató. Con el correr de los meses, aparecieron señales como la indiferencia, pero las respuestas nunca llegaban.
En paralelo, la autora también reflexionó sobre el contexto actual en el que se desarrollan estas problemáticas. “Me parece algo aberrante. Prendés la tele o entrás a redes y aparecen publicidades todo el tiempo. Está al alcance de cualquiera, incluso chicos y adolescentes”, expresó, en relación con las apuestas online y su creciente visibilidad.
En ese sentido, también planteó interrogantes sobre los controles y los límites en torno a estas prácticas, especialmente por su llegada a edades cada vez más tempranas. La naturalización del juego en distintos espacios, según dejó entrever, complejiza aún más situaciones que ya de por sí resultan difíciles de atravesar para quienes conviven con ellas.
La repercusión del libro, según contó, la sorprendió. No solo por el alcance que comenzó a tener en la plataforma donde fue publicado, sino por los mensajes que recibió. “Un montón de personas me agradecieron por haber escrito sobre esto. Me di cuenta que falta hablar de todo este tema en la sociedad”, afirmó. Y agregó: “La cantidad de gente que está atravesando lo mismo es enorme”.
Ese ida y vuelta con los lectores le confirmó que su historia no era un caso aislado. Muchas personas encontraron en sus palabras un reflejo de situaciones propias o cercanas, lo que refuerza la necesidad de visibilizar estas realidades y generar espacios de conversación.
Más allá del dolor que atraviesa la historia, el libro también busca dejar un mensaje. “Que sean fuertes, que busquen ayuda, que se refugien en su gente de confianza, en la familia, amigos, ayuda terapéutica”, recomendó a quienes atraviesan situaciones similares. Y sostuvo: “El dolor se cura. No es para siempre, aunque el proceso no sea lineal”.
En esa línea, también remarcó que transitar este tipo de experiencias implica altibajos emocionales. “Va a haber llanto de por medio, crisis, a veces vas a estar enojada, otras más tranquila”, describió, al tiempo que insistió en que se trata de procesos que llevan tiempo y requieren acompañamiento.
El acompañamiento fue clave en su camino personal. “Mi familia, en el primer podio. Sobre todo, mi mamá, que sufrió tanto como yo”, destacó. También valoró el rol de sus amigos y su entorno laboral: “No me dejaron sola en ningún momento, estuvieron en cada llanto, en cada enojo, en cada crisis”.
“Perfecto en la superficie” es su primer libro y, aunque aún está asimilando lo logrado, ya empieza a proyectar lo que viene. “Quiero seguir escribiendo, tengo algunas ideas, pero nada concreto todavía”, adelantó. Por ahora, el texto se encuentra disponible en la aplicación DropyFile y próximamente contará con ejemplares físicos.
La presentación oficial se realizará en el Club de Leones, con el acompañamiento de la SADE, instituciones a las que la autora agradeció especialmente por el espacio. Mientras tanto, la historia sigue encontrando lectores y generando identificación.
“Todavía no termino de caer en lo que logré”, confesó Crivello. Tal vez porque, como deja entrever su propio libro, hay procesos que llevan tiempo. Y porque, a veces, escribir también es una forma de volver a empezar.
