24 M | Día de la Memoria
"Es cerrar un círculo”, dijo Olga, hermana de las mellizas Carranza
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A 50 años de la desaparición de Adriana María y Cecilia María Carranza, las mellizas oriundas de San Francisco secuestradas en 1976, la identificación de los restos de una de ellas en La Perla volvió a poner en primer plano su historia. Olga Carranza, hermana mayor de ambas, expresó a LVSJ: “Les cumplí la promesa a mis padres”. Y reclamó que continúe el apoyo estatal para la identificación de víctimas del terrorismo de Estado.
La reciente identificación de restos humanos hallados en el predio del excentro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, volvió a abrir una historia profundamente ligada a San Francisco: la de las mellizas Adriana María y Cecilia María Carranza, secuestradas durante la última dictadura militar.
Olga Carranza, su hermana mayor, recibió la noticia de la identificación de una de las mellizas, a través de su hija Mariana Sanmartino, quien fue contactada por el Juzgado Federal N°3 de Córdoba.
La mujer, que está próxima a cumplir 88 años, relató que durante décadas mantuvo una mínima esperanza de que sus hermanas hubieran sobrevivido.
“En el fondo, toda la vida hubo una lucecita, contra toda razón y contra toda lógica”, recordó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO. Sin embargo, cuando llegó la confirmación, sintió el peso definitivo de la realidad: “Fue caer una ficha muy dura, de poder decir: acá están, en realidad acá estuvieron”.
Para ella, la noticia tiene un significado profundo: “Para mí se presentó cerrar un círculo”, dijo. Durante años prometió a sus padres no dejar de buscar a las jóvenes desaparecidas. Gregorio Raúl Carranza y Olga Esther Gamberale murieron en la localidad cordobesa de Los Molinos en 1994. Él en enero, ella en octubre. Su madre, dice Olga, no pudo sobrevivir a la pena. Los dos se fueron sin saber dónde estaban sus hijas. Ahora, Olga tiene en mente un gesto concreto.
"Les cumplo la promesa a mis padres. Voy a ir a buscar tierra y la voy a poner en el cementerio donde están los viejos, como diciendo: mamá, te las traje”, dice Olga al borde de la emoción
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Una búsqueda que atravesó décadas
Olga Carranza recuerda que, tras el secuestro de sus hermanas, recorrió durante años organismos oficiales, tribunales y dependencias militares en busca de información.
“Caminé todas las semanas al Ejército, a los organismos de derechos humanos, hice denuncias en tribunales”, relató sobre aquellos años de incertidumbre.
Incluso recordó noches en las que se acercó a lugares vinculados a las fuerzas de seguridad con la esperanza de obtener alguna respuesta. Sin embargo, durante décadas nadie pudo decirles qué había ocurrido con las jóvenes.
El reciente hallazgo en La Perla, uno de los centros clandestinos de detención más grandes del país durante el terrorismo de Estado, representa para la familia una confirmación largamente esperada.
Más allá del dolor personal, Olga Carranza reflexiona sobre el sentido colectivo que tiene la memoria. Según explicó, siempre creyó que los familiares de desaparecidos cargan con una tarea ética hacia la sociedad.
“Para que valga la pena lo que han padecido, nosotros tenemos más obligaciones: hacer el mundo un poco mejor, aunque sea con un grano de arena”, sostuvo.
Actualmente vive en las sierras cordobesas y mantiene el contacto permanente con su familia -cinco hijos, 13 nietos y seis bisnietos- quienes la acompañaron con mensajes de apoyo cuando se conoció la noticia.
Aunque muchos de ellos no conocieron a las mellizas, su presencia sigue viva en la memoria familiar. “Siempre oyeron hablar de ellas, hay retratos en la casa”, contó.
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El pedido para que continúen las búsquedas
La noticia también impulsó a Olga a volver a reclamar por la continuidad de los trabajos de identificación. La mujer tiene una carta para enviar al presidente Javier Milei, para pedir que se mantenga el financiamiento destinado a las investigaciones sobre desaparecidos. “Pido que no corten el apoyo, el dinero para poder seguir buscando a las personas que faltan”, explicó.
Para la familia Carranza, la búsqueda aún no terminó: la esperanza es que puedan encontrarse también los restos de la otra melliza.
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Las mellizas, vistas por su hermana mayor
Olga les llevaba 19 años. Cuando nacieron Adriana y Cecilia, el 6 de julio de 1957, ella ya era una adulta que se prepararía poco después para casarse. "Estas nenas nos dieron la felicidad del mundo. Eran encantadoras, ocurrentes, muy inteligentes, muy capaces”.
Era Olga quien les preparaba el último biberón de la noche para que su mamá pudiera descansar. Las menores de una familia numerosa, las dos más chicas de la casa, criadas con un cariño que los demás -dice Olga- intentaban justificar: nos decían “no las malcríen”, recuerda, y nosotros contestábamos: “¿para qué las tenemos si no las vamos a mimar?”.
Crecieron unidas, como suelen crecer los mellizos, y así se fueron también: juntas a Córdoba a estudiar, juntas a vivir en una pensión del barrio General Paz, juntas en la militancia en el PRT. En la madrugada del 5 de mayo de 1976, pocas semanas después del golpe, un grupo armado irrumpió en esa pensión. Las dos fueron secuestradas al mismo tiempo.
"Caminaron por la vida juntas y juntas terminaron su vida”, concluye Olga. Y en esa frase no hay condena ni reproche. Solo el peso de haberlas conocido desde el primer biberón, de haberlas visto crecer, y de saber -ahora, después de 50 años- cómo terminó todo.
