Sociedad
Érica González: vocación, maternidad y coraje en la primera línea del rescate
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/erica_gonzalez_duar.jpeg)
Tiene 37 años, es profesora de Educación Física, policía y cabo primero del Duar. En Miramar de Ansenuza forma parte del equipo especializado en rescates y operativos de búsqueda. Madre de tres hijos construyó su camino en una fuerza históricamente masculina y hoy asegura que cada desafío valió la pena. “No me gusta hacer nada a medias”, afirmó.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Por momentos habla con firmeza y por momentos con una sonrisa que deja ver el orgullo por el camino recorrido. Érica González tiene 37 años, nació en Villa Concepción del Tío y desde hace años integra el Departamento de Unidades de Alto Riesgo (Duar), una de las áreas más exigentes de la Policía de Córdoba.
Su historia no empezó en la fuerza, sino en el ámbito educativo. En primera instancia se recibió de profesora de Educación Física, una formación que con el tiempo terminaría siendo clave para su carrera. Sin embargo, la necesidad de estabilidad laboral y un interés personal por las fuerzas de seguridad la llevaron a dar un paso que cambiaría su rumbo.
“Yo ya tenía una profesión, pero no tenía un trabajo fijo. Era mamá y necesitaba una salida laboral”, recordó. En 2015 decidió inscribirse en el curso de suboficiales de la Policía de Córdoba en San Francisco. Un año después, en julio de 2016, se recibió e inició su camino como agente.
“Todo lo que había hecho antes terminó preparándome para esto”, reflexionó.
El desafío del Duar
Durante su formación policial conoció las distintas áreas de la institución. Una de ellas captó especialmente su atención: el Duar, un cuerpo especializado que depende de la Dirección Bomberos y que interviene en situaciones de alto riesgo.
El Duar -Departamento de Unidades de Alto Riesgo- es un grupo preparado para actuar en operativos de rescate y emergencias complejas. Sus integrantes trabajan en distintas especialidades como rescate en altura, búsqueda y rastreo de personas, rescates acuáticos, intervenciones en materiales peligrosos y operativos en zonas rurales o de difícil acceso.
En el caso de San Justo, la base funciona en Miramar de Ansenuza, una ubicación estratégica por la cercanía con la laguna Mar Chiquita, el espejo de agua salada más grande de Sudamérica.
“El Duar justo este año cumple diez años como tal. El curso que hice fue en 2018 y duró aproximadamente un mes. Durante ese tiempo te enseñan todas las áreas que después se trabajan en el grupo”, explicó.
En su caso, eligió especializarse en búsqueda y rastreo de personas. Esa tarea implica aprender técnicas de geolocalización, planificación de operativos y trabajo coordinado con bomberos voluntarios, policías y otros organismos.
“Hay que aprender a armar un operativo completo, porque siempre se trabaja en conjunto. Son intervenciones donde hay que tener en cuenta muchos factores”, detalló.
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/erica_gonzalez_duar.jpg)
Una mujer en un ámbito exigente
Cuando decidió dar ese paso, el escenario no era el mismo que hoy. En aquel momento, las mujeres que integraban el Duar eran muy pocas.
“Cuando hice el curso éramos tres o cuatro mujeres. Después de las pruebas quedé yo sola”, recordó.
Con el tiempo, esa realidad comenzó a cambiar. La presencia femenina en los grupos especiales se fue ampliando y hoy ya hay más mujeres ocupando esos lugares.
“Creo que la institución fue adaptándose. Hoy hay más mujeres en grupos especiales y también hubo cambios importantes dentro de la fuerza”, señaló.
En ese proceso, González también tuvo que demostrar su capacidad en un ámbito históricamente masculino. “Al principio siempre sentías que tenías que demostrar que podías. Era como ganarte el respeto”, contó.
Y agregó con una sonrisa: “A veces jugábamos a hacer flexiones o a colgarnos en el pasamanos… y les ganaba”.
Sin embargo, remarcó que siempre encontró un fuerte respaldo dentro del equipo. “Acá hay mucho compañerismo. Nosotros nunca salimos solos a ningún operativo, siempre trabajamos en dupla o en equipo”, explicó.
Empatía y trabajo en equipo
Para González, la presencia femenina también aportó nuevas miradas dentro de los operativos.
“Creo que la mirada femenina se nota en muchas cosas, sobre todo en la empatía. No es que los varones no la tengan, pero nosotras a veces aportamos otra forma de contener a las personas”, expresó.
Esa dimensión humana aparece especialmente en situaciones críticas, cuando hay familiares esperando noticias o cuando se trata de rescatar a niños.
“En esos momentos también hay que acompañar, no solamente intervenir técnicamente”, explicó.
La otra misión: ser mamá
Fuera del uniforme, la vida de Érica González gira alrededor de sus hijos: Félix, de 13 años; Lola, de 11; y Amaia, de un año y once meses.
La maternidad, admite, es el desafío más grande a la hora de compatibilizar responsabilidades.
“Hay días que reniego, sobre todo porque no me gusta hacer nada a medias”, confesó.
Y agregó: “A veces siento que cumplo acá y que no cumplo en mi casa, o al revés. Pero son exigencias que me pongo yo”.
A pesar de esas dificultades, destacó el apoyo que recibió dentro de la institución como en su entorno familiar.
“Mis jefes y compañeros siempre tuvieron buena predisposición. Si uno tiene una situación familiar, siempre hay comprensión y se busca la manera de acomodar las cosas”, aseguró.
Capacitación constante
Una de las características del Duar es la formación permanente. Los integrantes realizan entrenamientos y cursos de manera continua para mantenerse preparados ante cualquier emergencia.
“Siempre estamos practicando algo: rescate en altura, natación, primeros auxilios, distintos tipos de intervenciones”, explicó.
En su caso, además, logró integrar sus conocimientos pedagógicos con el trabajo operativo. A partir de su formación docente desarrolló capacitaciones de primeros auxilios y RCP para niños, utilizando juegos y canciones como herramientas de enseñanza.
“Ahí siento que se juntó todo: la educación física, la pedagogía y la experiencia dentro de la fuerza”, contó.
Un camino que valió la pena
A pesar de las exigencias y de los sacrificios que implica la profesión, González aseguró que volvería a elegir el mismo camino.
“No me arrepiento de lo que elegí”, afirmó.
Desde la base del Duar en Miramar, junto a sus compañeros, continúa preparándose para responder ante cada emergencia que pueda surgir en la región.
“Es gratificante cuando uno hace bien su trabajo y la gente lo reconoce”, dijo.
Y en ese equilibrio entre vocación, servicio y maternidad, su historia también se convierte en un ejemplo de cómo las mujeres siguen abriendo camino en espacios que, durante mucho tiempo, parecían reservados para otros.
