En San Francisco, "el trabajo más solicitado es por infidelidades", asegura un detective
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La historia de Juan Schiozzi, el detective privado de la ciudad.
"-¿Es el señor Marlowe, el detective?- dijo una vocecita débil y algo precipitada, como de niña pequeña. Contesté que era Marlowe, el detective-. ¿Cuánto cobra por sus servicios, señor Marlowe?
-¿Qué es lo que quiere que haga?
La voz se hizo algo más aguda.
-No podría decírselo por teléfono. Es... es muy confidencial..." (La hermana pequeña, Raymond Chandler)
En nuestra ciudad no contamos con Philip Marlowe, no obstante sí se realizan investigaciones. Juan Schiozzi es el hombre que no se deja ver, detrás de un árbol, bajo algún sombrero o leyendo el diario, puede estar siendo los ojos de otro, para confirmar sospechas, o desecharlas, ocasiones estas últimas que pueden ser llamativamente las más difíciles de digerir.
Este expolicía decidió llevar a cabo esta actividad que lo apasionaba desde chico y recibió en su casa a LA VOZ DE SAN JUSTO para comentar los pormenores de su actividad, llevada a la ficción innumerables veces. "Comencé a realizar esta actividad desde 2007, tras retirarme de la policía. La idea surgió a partir de un gusto propio, desde pequeño me gustaba ver a Kojak y a Columbo, detectives feos que te seguían a todos lados. También leía las historietas de la revista El Tony y me gustaba mucho Rip Kirby", comenta.
Schiozzi abre la puerta de su casa, en la mesa del living se aprecian muchos papeles, son documentos que prueban que no es un improvisado en la actividad. El detective se sienta, no lleva puesto un sobretodo, en sus manos no hay un habano, menos aún un chupetín en su boca como frecuentaba tener uno de sus detectives feos: Kojak. "En la última etapa como oficial me desempeñé en la división de Investigaciones Criminales y Judiciales en la policía de la provincia de Santa Fe, con base en Rosario. Allí se realizaban investigaciones de gran nivel y aprendí mucho", afirma Schiozzi y añade: "Aquí en la ciudad no hay quien haga este trabajo específico".
Dudas que estallan Cuando se lo interroga por los tipos de trabajo más solicitados no duda en afirmar: "¡Infidelidades, por lejos! Luego seguimientos: a empleados infieles o a parientes (hermanos, hijos, nueras, yernos), también por robos. Se realiza siempre una custodia encubierta. Es un trabajo que requiere paciencia, formación y dedicación".
"Cuando me llaman por teléfono la gente vacila un poco, tiene temor a que se sepa lo que está pasando. A veces son cuestiones embarazosas, pero yo les trasmito confianza. Si quieren que se lleve a cabo una investigación deben brindarme detalles de la rutina del sujeto a seguir. Siempre aclaro que necesito que me digan toda la verdad, caso contrario no puedo realizar la investigación. En un caso de infidelidad debo saber todos los horarios del sujeto y si se duda de un tercero (la supuesta nueva pareja) también me lo deben decir, ya que se procede a seguirlo también".
Una contratación costosa El detective afirma que trabaja en equipo y los costos pueden ser no menores. "En muchas ocasiones quienes me contratan son gente adinerada porque no es un trabajo económico. Yo estoy a la cabeza, pero tengo gente que trabaja conmigo", admite Schiozzi.
"No puedo hacer un seguimiento de envergadura con un solo vehículo, si debo seguir a un empleado desleal, en sus cargas y descargas, debo tener gente en cada lugar para saber si utiliza parte de la mercadería para beneficio propio. Hay que tener en cuenta que las herramientas que utilizamos son costosas: relojes, cámaras fotográficas y de filmación, largavistas, micrófonos especiales".
"El pago se efectúa en dos partes, la primera mitad cuando se comienza y, la otra mitad, finalizado el trabajo. El costo, como mínimo para 15 días de trabajo, varía entre 8.000 y 10.000 pesos, según el caso. Depende también de cuánta gente se necesite", reconoce el detective.
Particularidades del modus operandi Según los casos puede variar la manera de operar. "A veces la gente pone plazos, pero eso es relativo, porque el caso puede resolverse en un día o tardar mucho tiempo. Puede pasar también que no haya engaño alguno, está entre lo previsto pero a la gente a veces le cuesta entender que sea así", comenta Schiozzi.
"Antes de realizar un seguimiento debo comunicar a la policía que estaremos trabajando en tal barrio, es necesario avisar por si surge alguna sospecha de los vecinos al ver un auto estacionado; en ocasiones hemos sido nosotros mismos quienes alertamos de casos sospechosos a la policía".
"El material que se entrega pueden ser fotografías, o videos con toda la información recopilada. Si se deben comunicar diariamente las novedades, por lo general, se establece un horario para hacerlo", sostiene el expolicía.
"Algo que aclaro siempre con anticipación es que no quiero salir como testigo en un juicio, el material mismo les puede ser útil", manifiesta.
Algunos de los casos El anecdotario de Shiozzi es variado, por momentos solicita que se le recuerde alguna palabra que deriva en una historia. "Nos daban seis días para resolver el caso. Se trataba de una pareja que estaba separada, pero que tenía un principio de reconciliación. El padre del muchacho dudaba de ella; el plazo correspondía con un viaje que debía hacer el hijo por motivos laborales. Primer día: nada. Tras eso, una sucesión de días con el mismo resultado: ninguna noticia. Hasta el último día. Mi gente la venía siguiendo diariamente cuando se dirigía al estacionamiento de un supermercado, ella dejaba su móvil y se iba caminando a hacer las compras. Pero, pero... el auto quedaba abierto y el amante se escabullía en el asiento de atrás, se tiraba sobre la alfombra. Luego la mujer volvía con sus bolsitas y se retiraba a su casa, tenía -por cierto- un garaje interno. Nadie los podía ver entrar y salir. Lo pudimos grabar con el celular cuando como un disparo entraba al auto ".
"Una señora en una ocasión 'se inventó un viaje', la idea era que estuviera unos días fuera de su casa. Previamente pusimos una cámara dentro de una vieja agenda de la señora que quedó en el dormitorio. Aclaro que este hecho no fue en la ciudad. Cuando la clienta vuelve del viaje me entrega la agenda. Procedí luego a analizar el material. Fui hasta su casa y le pedí que me pagara, lo hizo y le entregué el video, no sin antes aclararle que lo que iba a ver era muy fuerte. De mi parte no quería estar presente cuando ella viera el video. El marido la engañaba con un hombre".
"En otra oportunidad, tuve el caso de una señora que insistía e insistía en la infidelidad de su marido. Se investigaba y nada. Pero la señora volvía a la carga. Y otra investigación. No había engaño, pero ella no se convencía. En un momento le tuve que decir que no perdiera más dinero. El marido trabajaba todo el día".
Schiozzi de pronto comienza a reír, anticipa con ello que la siguiente anécdota es risueña. "Me llama una señora muy enojada. Tenía una pregunta (la carcomía por dentro) que no podía contestar. La duda de la señora pasaba por haber encontrado una receta de viagra de su marido: '¿Cómo puede ser que tome esas pastillas y conmigo, nada, nada', me decía. Yo no sabía qué contestarle. Me mostraba la receta, incluso. Estaba enfurecida y no paraba de insultar al marido. Lo seguimos. Le informábamos, por insistencia de ella, todos los lugares en los que estaba el esposo. Panadería, carnicería, supermercado, farmacia. Nunca descubrimos nada. La mujer persistió con su duda, repetía hasta el hartazgo: '¿Qué hace entonces con esas pastillas, qué hace, qué...?'".
Se ha seguido a gente por la noche en los boliches. Si es un lugar para más jóvenes yo no puedo ir. Eso se denomina ambiente operacional, encajar en el ambiente. Y el ambiente geográfico, dónde estás parado, qué hacen, qué no hacen. Si se va a tal o cual boliche quien investigue debe vestirse acorde a la tendencia del lugar. En todos los boliches se han descubierto infidelidades. Por lo general cuando se detecta algo, se avisa al cliente, que termina por llegar hasta el boliche y se arma un lío de aquellos".
El teléfono suena, es momento de retirarse para el periodista, puede ser una llamada desesperada:
-"¿Es el señor Schiozzi, el detective?"
