En la tercera ola, que el miedo no te domine
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Los contagios aumentan de nuevo, aunque la cepa es más leve, pero el miedo, la ansiedad y la incertidumbre siguen siendo los protagonistas en este tiempo de pandemia. ¿Cómo hacer para no paralizarnos?. La psicóloga María Emilia Gobbo reflexiona sobre la importancia de enfrentar los miedos y vivir el presente.
Isabel Fernández|LVSJ
"Tengo miedo a contagiarme y contagiar a otros" "Miedo a que mi pareja, mis padres, mis hijos se enfermen", "Tengo miedo a la muerte o perder a un ser querido". La pandemia no terminó y resurgimiento de una nueva ola de contagios de manera abrupta generó nuevamente un impacto emocional en las personas y la amenaza de la enfermedad ocupa gran parte del pensamiento en estos días.
Lamentablemente, en los primeros momentos de esta pandemia muchas personas han perdido seres queridos, y esta tercera ola puede reactivar situaciones difíciles o traumáticas vividas recientemente.
El miedo es una emoción, que a lo largo de la historia ha permitido que diferentes especies puedan protegerse ante situaciones de peligro y así poder conservarse y evolucionar. En los seres humanos, el miedo se convierte en un peligro cuando paraliza y deja sin capacidad de responder, reaccionar o protegerse. Cada uno afronta esta situación de acuerdo al temperamento y la propia historia.
¿Cómo hacer para que no nos afecte?. Además de vacunarse y no dejar de cuidarse con el uso de barbijo e higiene de manos, lo importante es mirar "cara a cara" al miedo y reconocerlo, para enfrentarlo. La práctica del mindfulness y el yoga pueden ser herramientas valiosas.
La licenciada en Psicología, María Emilia Gobbo (MP-6876) reflexionó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO sobre los miedos humanos, aquellos que llegan de afuera y los que nacen en nuestro interior.
"La respuesta no está en escapar del miedo, sino en afrontarlo. Para que el miedo pase, no hay mejor estrategia que poder mirarlo de frente y ser capaz de reflexionar sobre ello. Si hay un peligro real, será posible hacer algo para protegernos, y de no ser así, dejar que el cuerpo baje el nivel de activación", aseguró la psicóloga.
Aclaró que mirar de frente a nuestros propios miedos "no nos pone en peligro, por el contrario, hace que estos de vuelvan más pequeños. Cada ser humano lo está afrontando como puede y está haciendo lo mejor que puede en este momento".

Lic. María Emilia Gobbo
¿Qué sentimos cuando tenemos miedo?
El miedo se relaciona con la ansiedad, ya que cuando lo experimentamos también hay una respuesta fisiológica en el organismo: el corazón se acelera para llevar más sangre a las extremidades, la respiración también se acelera para que entre más oxígeno al cuerpo y los músculos se contraen, todo esto prepara para la lucha o la huida. Todo esto también va acompañado de pensamientos, por lo general negativos.
Gobbo explicó que los seres humanos tenemos un umbral o ventana de tolerancia a las situaciones adversas, cuando traspasamos esa ventana de tolerancia pueden suceder dos cosas:
"Que el miedo sea tan grande que en lugar de prepararnos para la acción genere bloqueo o paralización y deje sin capacidad de actuar, eso es la hipoactivación. En el otro extremo, lo que puede suceder es que el nivel de activación fisiológica sea tan grande que produzca hiperactivación, un estado en el que las emociones se sienten con mucha intensidad, y en el peor de los casos puede desencadenar un episodio de pánico".

El mindfulness y el yoga ayudan a tener una relación más cercana a nuestro cuerpo y a nuestra experiencia, a estar más presentes y atentos
Beneficios del mindfulness y el yoga
La práctica del mindfulness y yoga, son disciplinas que hemos heredado de tradiciones orientales y que se difunden cada vez más en occidente por los grandes beneficios que aportan a la calidad de vida.
La psicóloga aseguró que éstas disciplinas "ayudan a tener una relación más cercana a nuestro cuerpo y a nuestra experiencia; a estar más presentes y atentos al observar nuestros pensamientos, emociones y sensaciones físicas, pero sin identificarnos con ellos".
"Se puede aprender a observar las emociones y pensamientos con cierta distancia, a ser no sólo actor sino también espectador del propio estado mental", dijo.
Añadió que otro beneficio de estas prácticas es que ayudan a estar conscientes del momento presente. "Muchas veces nuestros miedos surgen de imaginar escenarios de futuros posibles, muchas veces catastróficos -advirtió Gobbo-. Estas son creaciones de nuestra mente y fuente de sufrimiento humano. La práctica de la meditación contribuye a estar en el presente llevando cualidades de aceptación y de no juicio".
Por otra parte, es importante saber que desde hace más de 30 años se realizan estudios científicos que avalan la eficacia de la implementación de mindfulness en tratamientos médicos por diversas patologías y demuestran los beneficios de esta práctica tanto en la salud física como mental y cognitiva. "Puede ser una herramienta muy poderosa para afrontar el momento que estamos atravesando, mejorando el bienestar y calidad de vida", remarcó.
Autocuidado en la vida cotidiana
Tanto para las personas sanas, como para quienes están atravesando la enfermedad o el período de aislamiento, la licenciada Gobbo sugirió implementar estrategias de autocuidado en la vida cotidiana:
• Realizar pausas a lo largo del día y poder responderse estas tres preguntas: ¿Cómo me siento en este momento?. ¿Hay algo que necesite?. ¿Qué puedo ofrecerme para sentirme mejor y para hacer sentir mejor a las personas que me rodean?
• Incluir la actividad física de ser posible. En caso de estar aislados, incluir ejercicios de movimientos conscientes.
• Alimentación sana y balanceada
• Meditar (haciendo pausas breves en el día, no es necesario ser un meditador experimentado y dedicarle tanto tiempo)
• Cultivar vínculos sanos y seguros
• Realizar un uso racional de redes sociales.
• Evitar la sobreexposición a noticias.
