En el Cottolengo extrañan los mates, paseos y abrazos
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Desde el 12 de marzo, los residentes de la institución no reciben visitas y el equipo de trabajo cumple a rajatabla con los protocolos de seguridad e higiene por la pandemia. Lejos de los paseos y la posibilidad de hacer eventos para recaudar fondos, la institución necesita de la ayuda de todos.
Hace dos meses, el padre Abel Olmedo tomaba la decisión más importante de su mandato frente al Pequeño Cottolengo Don Orione de nuestra ciudad.
La pandemia del coronavirus obligaba a que los 50 residentes, 26 mujeres y 24 hombres, dejaran de recibir visitas resguardando su salud y cumpliendo con las indicaciones del ministerio de Salud, Pami y el Centro de Operaciones de Emergencia (COE).
Frente a esta pandemia, los miembros del equipo de trabajo se adaptaron a esta situación excepcional y coordinaron diferentes actividades para que las secuelas que deja este encierro los afecte en la menor medida a los residentes. Pero a pesar de todo el esfuerzo, desde la institución aseguraron que la falta de contacto con la comunidad y voluntarios está dejando sus huellas. "En el Cottolengo se extrañan las mateadas, las visitas, las salidas recreativas y los abrazos. También se siente la ausencia de la comunidad parroquial, entre ellos los jóvenes y las personas que siempre, que nos dan una mano", dijo el padre Abel Olmedo a LA VOZ DE SAN JUSTO.

Reorganizarse
Con el cierre de los portones, quedaron pendientes muchas actividades y proyectos para este período. "A raíz de la pandemia tuvimos que reorganizar nuestras actividades en función de resguardar la salud de los residentes. Por ello, iniciamos con las medidas de suspender las salidas recreativas y las actividades extras que teníamos con algunos residentes como ser pileta y gimnasio. Por otro lado, tuvimos que posponer los proyectos de inclusión social pensados para este año", indicó el sacerdote.
En este sentido, el equipo tuvo que reelaborar la forma de hacer más llevadera la vida en nuestra casa. "Las actividades propias del Cottolengo tratamos de no modificarlas con la intención de no alterar la rutina ordinaria de los residentes. Los talleres y actividades siguen funcionando con las indicaciones ofrecidas por los entes reguladores", explicó Olmedo.
También, se buscó la manera de suplantar las visitas y que se mantuviera el contacto con los familiares y amigos. Olmedo señaló que la comunicación es algo fundamental para los residentes y que en estos tiempos difíciles la tecnología se convirtió en un aliado. "Para poder conectar con los familiares de nuestros residentes, hacemos uso de la tecnología a través de las llamadas y videollamadas", contó el padre.

Cumplir el protocolo
Una de las cuestiones a cuidad es cumplir el protocolo y evitar cualquier contagio del exterior. Para eso el personal se capacitó en todas las medidas de bioseguridad que se deben tomar en este caso de instituciones.
El equipo de trabajo, está constituido por 48 personas entre ellas tenemos: personal de los sectores profesionales; auxiliares de hogares; limpieza; lavandería; cocina; portería y administrativo. "Estos sectores de trabajo son animados y supervisados por el equipo de conducción del Pequeño Cottolengo que integramos el Director, la Administradora y la Coordinadora técnica", precisó Olmedo.
El sacerdote indicó que todos cumplen a rajatabla el protocolo desarrollado por la misma institución donde se siguen las indicaciones del ministerio de Salud de la Nación, Pami y COE.
Entre las modificaciones, el responsable explicó que se llevó a cabo una reorganización de las acciones y una redistribución del personal profesional para seguir brindando los servicios en función de mejorar la calidad de vida de los residentes. "La idea de tener un protocolo con respecto a las medidas de protección y desinfección en la entradas del personal, con los proveedores de la casa y en relación al trabajo directo con el residente", apuntó.
Olmedo valoró la contención y calidez humana que brinda todo el personal y destacó el trabajo de del psicólogo y psiquiatra, que desde el ámbito profesional colaboran asistiendo a los residentes en esto momento especial. "El espacio de espiritualidad pasa a ser también es una espacio de contención y acompañamiento durante este tiempo de la pandemia que nos toca vivir", afirmó el sacerdote.
Ayuda a la distancia
Por la pandemia, el Cottolengo no pudo organizar los eventos que tenía planeados para recaudar fondos y además, no tiene abiertas las puertas a la comunidad para recibir donaciones.
"Pero igual seguimos recibiendo donaciones en efectivo o a través de transferencias bancarias. En este sentido, nos sentimos acompañados y cuidados por todos. La generosidad es una de la característica propia de la ciudad de San Francisco. Desde ya agradecemos enormemente la solidaridad y el cariño de toda la comunidad sanfrancisqueña", agradeció Olmedo.
Para aquellos que deseen colaborar pueden hacerlo a través de la cuenta bancaria de la institución, Pequeña Obra de la Divina Providencia, (CBU: 01104671- 20046700807860 Banco Nación). Para más información, comunicarse al teléfono: (03564) 434841.
