Ellas también transpiran la camiseta
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Detrás del 41º Campeonato Nacional de Baby Fútbol hubo una gran organización. Y en ese engranaje de voluntades, las madres se llevan el premio al esfuerzo.
Es que ellas -en su mayoría mamás de los jugadores de la categoría 2004 y algunas de 2003 y 2005- se calzan la camiseta de los clubes de sus hijos y por una semana dejan de lado tareas habituales para dedicarse de lleno a esta pasión.
Entre el servicio de cantina, la confección de la ropa para jugar, la colaboración con los que menos tienen y el aliento sin igual en las gradas, las mamás del Baby Fútbol merecen el reconocimiento.
Por ello, las reunimos para compartir sus sensaciones.Virginia Pérez y Soledad Cortéz, de Tarzanito; Patricia Fioramonti y Sonia Rovera de Club Atlético Deportivo Oeste; Laura Camusso, de Deportivo Josefina; Elena Pignata y Maricel Vigna, de Barrio Jardín; Claudia Bustos, de Club Belgrano, Araceli Pérez, de CD River; Susana Martínez, de 2 de Abril; Luisina Bregi, de Tiro y Gimnasia; Silvina Valle de Estrella del Sur; Viviana Cena, de Infantil Xeneize; Graciela Ricci, de Barrio Cabrera; Lorena Navarro, de General Savio; Ivana Gerbaudo, de Deportivo Sebastián y Belén Gómez, de Deportivo Norte, son las mamás de 14 de los 19 clubes de la liga local que participan del nuevo campeonato (completan la liga El Trébol de El Tío, DMD Freyre, CVN Devoto, Los Andes y Los Albos) donde se enfrentarán 50 clubes de la Argentina y de Chile.
Para Patricia Fioramonti, mamá del Cado, lugar que fue sede de la apertura y lo será la final de esta edición del Nacional, "los chicos esperan con mucha emoción el campeonato. Desde que son muy chiquitos esperan este momento. Están contentos, están ansiosos".
"Tanto como nosotros", se escuchó en el fondo del salón de Club Atlético Deportivo Oeste. "Los padres trabajan mucho para que los clubes estén en condiciones para estos eventos. Son los padres y las comisiones directivas las que hacen posible que cada recinto esté en condiciones óptimas para este campeonato", agrega Patricia.
En el ambiente, los nervios se hacían sentir. Los mismos se mezclaban entre el temor de que el clima no acompañe al encuentro.
Laura Camusso, de Deportivo Josefina, cuyo hijo es categoría 2005 y fue convocado para el Nacional este año, confiesa que siente "emoción. Para mí es un orgullo que lo convoquen. Los niños por ahí no lo saben expresar con palabras pero disfrutan cada momento que está con sus compañeros más grandes y con los de su equipo".
Claudia, de Club Belgrano, es miembro de la Comisión Directiva de la Liga del Baby y ya siente nostalgia por el grupo que egresa. "Lo primero que se siente es tristeza porque se van. El trabajo de las mamás es muy intenso. Algunas alojan chicos de clubes de afuera, otras se dedican al servicio de cantina. Muchas, también, se encargan de que a los chicos no les falten sus camisetas o botines".
Para muchos chicos, el club ha sido como su segunda casa ya que juegan desde muy pequeños hasta los 12 o 13 años para dar el salto de categoría.
Elena, de Club Barrio Jardín, trajo las palabras de su hijo a esta entrevista. "Mi hijo es categoría 2004 y me dijo que esto le da tristeza, porque sabe que termina el Baby y que se separa de sus amigos que conoce desde hace muchos años. Es la nostalgia de dejar la niñez", contó.
"La opinión de mamá
importa más que la de papá"
Ellas tienen un papel preponderante en los clubes del fútbol infantil. Desde lo organizativo a lo emocional, las mamás abarcan cada necesidad de los chicos. "La mujer le aporta toda la indumentaria, la amistad, el compañerismo. Nosotras somos las que los llevamos y los traemos. Somos fundamentales para levantarles el ánimo en cada partido y las primeras a las que preguntan si jugó bien o no, qué tendría que haber hecho en la cancha y más", manifestó Maricel Vigna, de Barrio Jardín.
"Somos las que buscamos cómo hacer las camisetas; juntamos el dinero; confeccionamos las camisetas para nosotras; somos las que compramos y organizamos las choripaneadas o hamburgueseadas; somos las que avisamos a las otras mamás por WhatssApp en el grupo para comunicarnos si se olvidaron de algo de sus hijos o si los tienen que retirar en el club", añade.
Sonia, del Cado, sostiene que "además de lo organizacional, está lo emotivo. Ellos nos preguntan cómo los vimos en la cancha; cómo fue su práctica. La opinión de mamá importa más que la de papá", comentario que despertó, al unísono, la aprobación de sus pares... y alguna que otra carcajada pícara.
"Ganen o pierdan, más allá de que uno quiere que el equipo propio sea el triunfador en el Nacional, lo importante es que disfruten y que no se los llene de presión", señala Graciela Ricci, de Club Barrio Cabrera.

Aprendizaje y anécdotas
"Todas las mamás tenemos el fiel recuerdo de nuestros hijos cuando empezaron a los 4 años, cuando corrían todos detrás de la pelota y solo querían patearla y no se ubicaban en sus posiciones como lo hacen ahora. Recuerdo que mi hijo hizo un gol y de la emoción salió a festejar afuera de la cancha para dedicarme el gol y abrazarme. ¡Eso no se puede! pero no pudo contener la alegría. Hoy lo veo grande, que aprendió mucho y todo eso no se olvida", rememora Sonia Rovera, del Cado.
Sobre el rol del Baby Fútbol en la crianza de sus hijos, todas coincidieron en la gran herramienta que se convirtió el deporte para que sus chiquitos puedan aprender sobre la sana competencia, el compañerismo, la amistad y el disfrute al aire libre. Viviana Cena, de Infantil Xeneize, cuenta: "Siempre se trató de inculcar que las penitencias de la escuela o que si se llevan una materia, no tiene que ver con el fútbol. El fútbol no es castigo sino una experiencia".
Un camino a la solidaridad
Tan importante es el Baby que los
testimonios no tardaron en multiplicarse. Virgina Pérez, de Tarzanito, guarda
una historia que conmueve. "Nosotros somos oriundos de Miramar y el fútbol le
permitió a mi hijo adaptarse a San Francisco. Pudo hacer amigos y aprender a
compartir. Le cambió la vida".
Belén Gómez, de Deportivo Norte, escuchaba emocionada cada relato. Su pequeño hijo, quien padece una enfermedad en su oído, tenía prohibido por los médicos jugar al futbol. "Recién este año mi hijo pudo empezar a jugar. Se lo prohibieron tres años y lloró todo ese tiempo. Lo sacamos de un club y pudo entrar a Deportivo Norte cuando todos los grupos ya estaban armados. Mi hijo me dijo que `era el nene más feliz del mundo´".
Deportivo Norte, en barrio San Cayetano, es de los clubes más humildes de la liga. "Mi hijo me dijo: `Mamá, podré estar enfermo pero voy a jugar, lo mío no es nada. En el club hay chicos que tienen muchas necesidades, están peor que yo. A ellos tengo que ayudarlos'", dice Belén con la voz entrecortada.
Los botines, los pantalones y todo lo que se pueda dejar para los que menos tienen en el club parece una regla tácita que cumplen las mamás. "Hay que ayudar al resto de los chicos que no tienen y ellos lo saben", indica Luisina Bregi, de Tiro y Gimnasia.
Para finalizar, la consigna de llevar la camiseta de su hijo para la foto fue cumplida con satisfacción. "No me entra la remera, ¡Imaginate!", dijo una mamá por allí. Calzarla no importaba, solo que la apoyen sobre su pecho, como hicieron con sus hijos cuando eran pequeños y que ahora juegan su último campeonato en la liga para seguir soñando a lo grande, sin dejar de ser los campeones de mamá.
