Sociedad
Elio Squaiera: “El secreto está en nunca rendirse”
Elio Squaiera, inmigrante italiano, celebró sus 90 años rodeado de afecto y reconocimiento. La Banda Municipal de Música de San Francisco, donde Elio tocó durante siete décadas, ofreció un homenaje que no solo celebró su vida, sino también su historia, marcada por las penurias de la guerra y la esperanza en una nueva tierra.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Elio Vittorio Squaiera en Puos d’Alpago nació en un pequeño pueblo montañoso de la provincia de Belluno, en la región del Véneto, Italia. Elio vivió los estragos de la Segunda Guerra Mundial y hace apenas unos años empezó a contar su dura historia de vida. “La guerra fue desastrosa. Vivíamos rodeados de montañas y partisanos, y las escaramuzas eran constantes. Si un alemán moría, arrasaban con todo”, relató Squaiera. Entre sus recuerdos más vívidos se encuentran las trágicas pérdidas de familiares y vecinos, así como las crueles represalias nazis. “Vi pueblos enteros quemados. En uno, los alemanes mataron a 505 personas, incluso niños pequeños”, compartió con voz quebrada.
El sufrimiento también alcanzó a su padre, Ángelo Squaiera, quien fue prisionero en el campo de concentración de Mauthausen. “Sobrevivió comiendo cáscaras de árboles y escapó tras cavar un túnel bajo la nieve. Cuando llegó a casa, pesaba 44 kilos”, recordó Elio. La dura realidad de la posguerra obligó a la familia a buscar un futuro lejos de su tierra natal.
El viaje a la esperanza
En 1950, a los 15 años, Elio emprendió junto a su padre un viaje hacia Argentina a bordo del barco Marco Polo. Su hermano mayor, Alfio, ya los esperaba. “Llegamos con nada más que la esperanza de encontrar un futuro mejor”, contó. La familia dejó en Italia a la madre de Elio, Caterina Costa, y a sus dos hermanos menores, Vilma y Stefano, quienes se reunieron con ellos años más tarde.
Tras unos días en Buenos Aires, Elio y su padre se establecieron en San Francisco, donde comenzaron a trabajar como albañiles. Uno de los primeros trabajos que recordó fue la construcción de la Escuela Carlos Justo Florit en la localidad de Devoto y se iban con su padre allá en bicicleta y se quedaban hasta que terminaban el trabajo. “Dormíamos en el suelo de una escuela y trabajábamos de sol a sol”, recordó Elio. A pesar de las dificultades, la familia prosperó, construyendo su propio hogar y labrándose un lugar en su nueva comunidad.
Un legado de amor y esfuerzo
En Argentina, Elio conoció a Teresita Turco en un baile. “Fue amor a primera vista”, dijo con una sonrisa. Se casaron y formaron una familia con dos hijas, Ana Raquel y Silvia Elia, dos nietos, Sebastián y Javier, y una bisnieta, Emma. Además de ser un dedicado esposo y padre, Elio se destacó como el primer plomero matriculado de la ciudad, albañil, empresario y trompetista.
“Siempre me gustó trabajar por mi cuenta”, aseguró al hablar de su fábrica de caños de cemento, un proyecto que construyó desde cero y que luego adaptó para producir caños plásticos. Su espíritu emprendedor lo llevó a superar crisis económicas y a mantener su negocio activo por más de cinco décadas.
A pesar que dejó en manos de sus nietos el negocio familiar, Elio va todos los días a la fábrica donde sigue atento a su desarrollo. “No me puedo quedar en casa viendo televisión y no hacer nada. Estoy acostumbrado a trabajar todo el tiempo”, afirmó.
Su hija Silvia contó que la familia solamente salió una vez de vacaciones todos juntos en 1981, cuando viajaron a Italia a la tierra de su papá. “Es admirable su fuerza de voluntad y cómo logró superarse a sí mismo. Llegó a país sin nada y logró ser un empresario que siempre la luchó para el bienestar de su familia”, afirmó su segunda hija.
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La música como refugio
La música fue un pilar fundamental en la vida de Elio. Aprendió a tocar la trompeta en Argentina y se unió a la Banda Municipal de Música de la ciudad de San Francisco y a la orquesta Jazz Espectáculo Arias de Devoto.
“La música me dio vida. Toqué durante 70 años en la banda, pero la pandemia me hizo parar y retirarme”, afirmó.
Por otro lado, Elio recordó con cariño los primeros bailes con la orquesta devotenses y las anécdotas compartidas con sus compañeros músicos, quienes lo describen como un ejemplo de dedicación.
“Estuve en los mejor momento de la orquesta cuando empezaba a ser Jazz Espectáculo Arias y tocábamos en todos lados. No se cobrara mucha plata pero era hermoso lo que se vivía y hasta hoy sigo presente en sus diferentes homenajes. Vamos a estar en el Festival de la Buena Mesa también celebrando sus 90 años”.
Un homenaje lleno de significado
Elio cumplió 90 años rodeado del cariño de su familia, amigos y vecinos. En el frente de su casa, un cartel resumió su vida en pocas palabras: “Italiano, esposo, padre, abuelo, bisabuelo, albañil, plomero matriculado, empresario, colombófilo y trompetista”. La Banda Municipal de Música, de la cual formó parte durante gran parte de su vida, ofreció un emotivo homenaje. “Es un orgullo celebrar a alguien que representa tantos valores importantes para nuestra comunidad”, expresó uno de los músicos.
Elio, conmovido por el reconocimiento, reflexionó: “Argentina fue para mí la América, el lugar donde encontré oportunidades y construí una vida. Pero nunca olvido mis raíces ni los sacrificios de mi familia”.
Entre dos mundos
A pesar de haber echado raíces en Argentina, Elio nunca perdió el vínculo con su Italia natal. Regresó en dos ocasiones, llevando consigo una vez a su familia. “Reencontrarme con mis compañeros de escuela y ver la cama donde dormía fue muy emotivo”, confesó. Sin embargo, también contó que tuvieron que pasar varios años para empezar a contar su sus seres queridos el horror que se vivió en esos período en Europa. “Las guerras fueron devastadoras y pasamos muchas penurias. Nunca me interesó contarle a un nieto que es lo que pasar hambre”, precisó.
Hoy, a sus 90 años, Elio Vittorio Squaiera sigue siendo un símbolo de fortaleza, esperanza y gratitud. Su historia, como la de tantos inmigrantes, nos recuerda que detrás de cada sacrificio hay una búsqueda incansable de un futuro mejor. “El secreto está en nunca rendirse”, concluyó con una sonrisa y una mirada llena de vida.
