El valor humano de la Enfermería oncológica: cuidar también es sostener la esperanza
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Edith Olmedo, jefa de Enfermería del Hospital Oncológico Provincial de Córdoba, cuenta cómo el equipo acompaña a pacientes y familias más allá de los tratamientos. "Acompañar no solo al paciente, sino sostener también a una familia que viene con ese diagnóstico”, una tarea que también deja huellas en quienes cuidan. Advierte que cada vez ven más pacientes jóvenes.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
En una sala de tratamiento oncológico, el cuidado no se limita a administrar una medicación o controlar una reacción. También está en la palabra que calma, en la explicación que ayuda a entender lo que viene, en la escucha de quien necesita hablar y en el silencio respetado de quien todavía no puede hacerlo. En ese espacio, donde cada persona llega con una historia y con el impacto de un diagnóstico difícil, la Enfermería cumple una tarea que combina conocimiento científico, vigilancia clínica y acompañamiento humano.
Edith Olmedo, licenciada en Enfermería y jefa del servicio en el Hospital Oncológico Provincial de Córdoba, conoce de cerca esa dimensión del trabajo. Lleva 20 años en la institución, un hospital público especializado en el tratamiento del cáncer en la provincia, y en el marco de Octubre Rosa, el mes dedicado a la prevención y la lucha contra el cáncer de mama, habló con LA VOZ DE SAN JUSTO sobre el valor de quienes cuidan durante el proceso oncológico.
“Junto a mi equipo somos un grupo de profesionales que brindamos atención integral, clínica y emocional a personas que reciben tratamientos de quimioterapia y radioterapia”, explicó. La tarea no se concentra en un único sector: “No solamente tenemos el hospital de día, sino también los tratamientos de radioterapia y braquiterapia, donde también hay enfermeros”. En cada área, el acompañamiento forma parte de la atención cotidiana.
“Nosotros orientamos a pacientes y familiares sobre procedimientos y cuidados a través de la escucha activa y la contención”, señaló Olmedo. En ese vínculo, la información y la cercanía van de la mano. Comprender qué se va a hacer, conocer las precauciones necesarias y saber a quién acudir ante una duda puede ayudar a transitar un tratamiento que suele traer preguntas, temor e incertidumbre.
La preparación profesional es una parte central de esa responsabilidad. “Nuestra profesión está basada en el conocimiento científico, por lo cual estamos en capacitación permanente, actualizando conocimientos”, afirmó. En oncología, esa formación se traduce en procedimientos seguros, seguimiento de síntomas, prevención de complicaciones y orientación para que cada paciente pueda afrontar el tratamiento con la mayor información posible.
Pero el conocimiento técnico no agota el trabajo. “Ser enfermero en oncología es sostener, guiar y dar calma, brindar una atención holística al paciente”, resumió. Quienes llegan al hospital no lo hacen solamente con una indicación médica: también cargan con lo que significa escuchar la palabra cáncer, con el sufrimiento físico y psíquico y con las consecuencias que la enfermedad puede tener en su vida diaria.
Por eso, explicó Olmedo, “nuestro cuidado se basa mucho en el cuidado humanizado, en una continua empatía, paciencia, acompañamiento, también la contención a los familiares”. La familia también necesita comprender qué sucede y cómo acompañar, sin dejar de atender sus propias inquietudes. La atención, en ese sentido, no termina cuando el paciente sale del hospital.
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Preparar también para volver a casa
Una parte importante de la labor de Enfermería consiste en ofrecer herramientas para el tiempo que transcurre entre una consulta y la siguiente. El tratamiento continúa en el domicilio, donde pacientes y familiares deben reconocer señales de alerta y saber qué cuidados seguir. “Siempre los educamos para que en su casa tengan toda la información para cuando están en su domicilio, con respecto al autocuidado, a los signos de alarma, a las bajadas de defensa después de la quimioterapia, o si algún signo de alarma por alguna infección o algo por el estilo”, indicó.
Al preguntarle por qué es fundamental la presencia de Enfermería en oncología, Olmedo puso el acento tanto en la seguridad como en el acompañamiento. “Acompañar no solo al paciente, sino sostener también a una familia que viene con ese diagnóstico”, respondió. Y detalló: “Nosotros practicamos la administración segura de los medicamentos, porque estamos controlando de cerca y manejamos los síntomas y prevenimos las complicaciones asociadas al tratamiento”.
El dolor de quienes cuidan
Olmedo contó que el hospital dispone de acompañamiento del Servicio de Salud Mental para los trabajadores. “Nosotros contamos, por suerte, con un acompañamiento desde el Servicio de Salud Mental de acá del hospital, con el psiquiatra, con el que nos encontramos una vez a la semana”, explicó. Ese espacio permite poner en palabras emociones que, de otro modo, podrían resultar difíciles de sostener mientras se continúa atendiendo.
Hay momentos que, según contó, resultan especialmente difíciles. “El momento difícil es cuando nosotros notamos que ya el paciente es como que está entrando en un estadio 4, donde ya se lo ve como desmejorado, cuando ya viene como sin fuerza, sin esperanza. Ese momento es muy fuerte para nosotros”, expresó. También duele enterarse de que una persona ya no volverá a recibir quimioterapia.
Entre las experiencias que atravesaron sus dos décadas en el hospital, Olmedo recordó especialmente la de una paciente de 16 años. La joven había terminado su tratamiento y había tocado la campana, un gesto que se vivió como una celebración y como la posibilidad de cerrar una etapa difícil. Parecía que todo estaba bien, pero después surgió una complicación y la adolescente falleció.
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Un hospital que también es encuentro
La relación que se construye en el hospital no está hecha solamente de prácticas clínicas. Para algunos pacientes, las jornadas de tratamiento son también una oportunidad de encontrarse con personas que conocen su recorrido, preguntar cómo están los demás y conversar con quienes comparten parte de esa experiencia.
Los desayunos y otras actividades que organiza el equipo forman parte de esa dimensión social. No reemplazan el tratamiento ni borran las dificultades, pero abren un espacio para compartir más allá de la enfermedad. “Es hermoso. Es importante también trabajar en eso, en lo social”, sostuvo. La cercanía cotidiana puede aliviar por un momento la soledad y hacer que una visita al hospital sea también una instancia de encuentro.
Tratamientos largos, vidas que siguen
Al describir la realidad que observan, Olmedo advirtió que cada vez ven más pacientes jóvenes. “Vemos muchos jóvenes. Muchos pacientes jóvenes con cáncer”, señaló. No aportó cifras, pero expresó su preocupación.
En el caso del cáncer de mama, explicó que los tratamientos pueden extenderse durante años y exigir una organización compleja de la vida familiar y laboral. “A la paciente con cáncer de mama le dificulta un montón porque la mayoría de los tratamientos son, al principio, cada 21 días por 4 ciclos, según el tipo de cáncer y todo eso”, detalló. Después pueden seguir otras etapas: “Generalmente empiezan con 4 ciclos cada 21 días, después empiezan con 12 semanas con otra medicación y después pueden continuar con otros medicamentos que se hacen cada 21 días”.
Olmedo señaló además que muchas de las pacientes que concurren al hospital no tienen obra social ni un sueldo fijo, y que algunas trabajan de manera informal. A la preocupación por la salud se suma, entonces, la necesidad de sostener la economía cotidiana y organizar el cuidado de los hijos. “Tienen su familia, sus hijos. Tienen que dejar sus hijos para venir al tratamiento porque lógicamente acá con niños no se puede venir”, dijo.
Esa realidad recuerda que la enfermedad no se vive en un vacío: atraviesa hogares, empleos, vínculos y rutinas. Por eso, escuchar las dificultades concretas de cada paciente también es parte del cuidado. “No todas cuentan con los mismos recursos ni con la misma red de apoyo, y esas diferencias condicionan la manera en que pueden transitar el tratamiento”, manifestó.
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Acompañar
No hay una única reacción posible. “Hay pacientes que lo toman de distintas maneras, hay algunos que lo toman con mucho enojo, hay algunos que hacen demasiadas preguntas, hay otros que lo toman en silencio, que no quieren hablar, hay otros que lo toman de una forma más serena”, enumeró. Cada persona procesa lo que le sucede con su propia historia, sus miedos y sus herramientas.
Para la enfermera, la contención familiar y social puede influir en ese recorrido. Y cuando habla de sociedad, no se refiere únicamente a las instituciones o a los grandes gestos, sino también al entorno inmediato: la comunidad, el barrio y los espacios en los que la persona desarrolla su vida. “Estar cerca puede significar escuchar sin presionar, ofrecer ayuda concreta, respetar los silencios y no reducir a alguien a su enfermedad”, reflexionó.
“No bajen los brazos, no están solos. Hablen y digan lo que sienten, porque expresar lo que pasa por dentro también es un modo de sanar, aunque sepamos que muchas veces no es fácil. Pidan ayuda: siempre hay alguien dispuesto a escuchar, y la Enfermería siempre va a estar ahí para cuidar y acompañar”, cerró su mensaje.
En el Hospital Oncológico Provincial, cada tratamiento reúne saberes científicos, cuidados concretos y una cercanía que se construye día tras día. Para Olmedo y su equipo, acompañar no significa prometer que todo saldrá bien ni ocultar la dureza de la enfermedad. Significa estar, explicar, cuidar y sostener a cada persona en el tramo que le toca atravesar. A veces, ese cuidado se expresa en una indicación precisa; otras, en una conversación, un desayuno compartido o una mano tendida. Y también en la disposición de seguir acompañando, aun cuando una historia deja una tristeza que no se olvida.
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