El Tío llora a don Ramón Ceballos, el único y último canillita del pueblo
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Media/202111/Image37ed1559bfff4559a289259826260368.jpg)
El día de su fallecimiento fue el único en que su kiosco no abrió ni tuvo a LA VOZ DE SAN JUSTO repartida en la localidad.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Don Ramón Ceballos se fue hace unos pocos días y todos en El Tío lo lloran de alguna manera. Era el único que tenía siempre lista la revista que los vecinos querían, el diario que tenía el nombre de quienes lo compraban, la sonrisa desde que abría hasta que cerraba y era el causante de las juntadas de los muchachos alrededor del negocio.
Ese hombre era el último diariero, el último canillita que ya no está más y su ausencia cala hondo en la comunidad. El kiosco quizás fue el lugar donde más tiempo pasó, una labor que decidió llevar con estoicismo adelante después que su suegro se retirara de este mismo oficio.
Así lo hizo hasta el último 28 de octubre cuando Ramón falleció a los 72 años sin poder sobreponerse a un ACV hemorrágico. Ese fue el único día en que ,LA VOZ DE SAN JUSTO no estuvo en el negocio, en el bar, en el municipio o casas, tampoco hubiera tenido sentido porque todos estaban despidiéndolo.

El Tío lo homenajeó como una de sus personalidades destacadas donde estuvo el kiosco de su suegro frente al ferrocarril.
Linaje
La historia de esta familia incluye a la rama materna y paterna de Federico y se remonta varios años atrás transformándose en un linaje familiar marcado por el papel y la tinta, por las noticias y las madrugadas.
"Nosotros tenemos una historia de canillitas porque mi abuelo fue el iniciador de la venta de diarios y revistas en El Tío (por parte materna), su nombre fue Juan Manuel Luque, inició con el primer kiosco de diarios en el año 1962, se mantuvo todo este tiempo y si Dios quiere el año que viene va a cumplir 60 años en el centro de la localidad", relató emocionado el hijo mayor de Ramón.
Era un kiosco azul que se mantuvo mucho tiempo en Av. Independencia y San Martín, pero ahora funciona en Av. Independencia 443, en el centro de El Tío o como dice Fede en el "corazón de El Tío".
"Mi papá tomó la posta cuando mi abuelo se jubila, lo atendían mi papá y mi mamá, pero fue mi viejo el que se puso al hombro el oficio de canillita y desde 1985 estuvo al frente del kiosco. El diario es parte de nuestra vida, hemos crecido repartiendo el diario, vendiéndolo", agregó.
El kiosco fue donde Olga Rosa Luque y Ramón trabajaron y criaron a sus hijos Federico, María Laura y Ricardo. Juntos estuvieron 50 años y en ese lugar también fue que Fede encontró su vocación periodística porque se crió vendiendo y leyendo el diario y las revistas.

El kiosco en su anterior ubicación de Av. Independencia y San Martín
Vacío
Don Ramón era alguien muy importante, quizás se le hubiera podido aplicar la frase "más conocido que el intendente". Tan relevante es su kiosco y su figura que el año pasado la municipalidad hizo una serie de fotos con personas y cosas muy particulares, tradicionales, del pueblo y el kiosco es una de ellas.
Lo llamaron a Ramón para posar en el viejo kiosco de madera que abrió su suegro en el predio del ferrocarril.
"Fue un gran dolor para El Tío porque fue la primera vez en la vida que no se vendió el diario, nos ha dejado una sensación de tristeza y dolor no solo a la familia sino a toda la comunidad porque se lo veía en todos lados vendiendo y repartiendo el diario - puntualizó -. El intendente Fernando Rossi me dijo que se podía ir mi viejo, pero se quedaba con la tranquilidad que se iba a seguir vendiendo el diario y atendiendo el kiosco".
A diferencia de su suegro, Ramón nunca se planteó dejar de trabajar, aunque se jubilara, le había dicho a Federico que lo haría hasta el final de sus días, y esas conversaciones que solían tener y ahora extraña lo motivan a continuar el legado.
"Él decía que iba a atender hasta el último día, de mis hermanos el único que puede continuar la tradición, vivo al lado del kiosco y estoy ligado a la profesión porque estudié periodismo, cuando no estoy trabajando voy ahí. Hoy hago su laburo de levantarme a las 5 de la mañana a armar el diario, yo tomé la premisa de salir y repartir el diario", dijo.

Ramón decía que trabajaría hasta el último día de su vida y así lo hizo porque ahí era feliz.
Un ser especial
Para describir a su padre, Federico usó palabras muy nobles: amiguero, familiero, amante de la vida.
"Hasta esa mañana anterior había atendido el kiosco y repartido el diario. Le gustaban las cosas simples, bregaba por el bien común, les abría el corazón a las personas. Era un buen tipo como los de antes. Yo siempre digo que el kiosco era una especie de consultorio psicológico porque ahí iban y hablaban_ los conocidos, pasaba todo el pueblo por ese kiosco de todas las generaciones", expresó acongojado.
Federico sabía de la pasión que sentía su padre y siente que es su turno: "Ahora seguiré yo. Ese fue el deseo de mi abuelo, de mi viejo y lo seguiremos nosotros, así lo hubiera querido".
El origen de la conmemoración
El 7 de noviembre se celebra el Día del canillita porque se conmemora el fallecimiento de Sánchez, que murió en esta fecha en el año 1910. Recién en 1947, 37 años después, se instauró esta fecha en su homenaje.
El dramaturgo fue el autor de la obra de teatro estrenada en 1902 "Canillita", nombre que se le ocurrió cuando vio a los chicos que repartían diarios en pantalones cortos en las esquinas. El apodo viene del lunfardo que refiere a las piernas delgadas de un joven vendedor de diarios que Sánchez vio en la calle.
