El teatro es otra cosa cuando va a los barrios
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La iniciativa de la Comedia San Francisco esta vez se mudó a barrio 20 de Junio y recibió el apoyo de los vecinos.
Por Manuel Ruiz
El pasado viernes, el ciclo "El teatro va a los barrios", iniciativa de La Comedia de San Francisco que cuenta con el apoyo de la Dirección de Cultura municipal, realizó su segunda función.
La sala elegida para esta ocasión fue el playón del Centro Vecinal de barrio 20 de Junio.
A diferencia de lo que había pasado una semana atrás, cuando el ciclo inició su camino por las noches de verano en el Anfiteatro de barrio Roque Sáenz Peña, un espacio preparado para estas actividades, la función del 20 de Junio se entabló en un playón sí, pero que está a medio construir. Es decir, no había graderío, solo sillas plásticas ubicadas a la misma altura que el improvisado escenario, que era propiamente el suelo y los actores ingresaban a escena por un hueco entre bloques de ladrillos grises que algún día serán una puerta.

Eso que tiene tono de queja no lo es, más bien todo lo contrario. La magia del teatro se alimenta de eso: de ese paisaje. La iluminación elegida, para la obra "Latidos" -y la obra en sí- hacen que en una noche que solo se corta con las luces naranjas de la calle, contrarresten lo que falta y le dé, acaso, ese condimento secreto que permite generar una experiencia completamente nueva al vivenciar una obra de teatro.
No es lo mismo ir en ojotas al teatro, caminar por las calles de tierra del barrio de 20 de Junio camino a un centro vecinal que recibe al espectador con el swing de la música de los años '30 y el cuchicheo bajito pero constante de los que ya han llegado y esperan sentados en sus sillas de plástico. Hay en ese camino de ida una situación maravillosa, que solo se corta cuando la obra culmina.

En a previa, Adrián Vocos le dijo a LA VOZ DE SAN JUSTO que la idea de llevar el teatro a los barrios es básicamente llevarle el teatro a la gente.
Consciente de que el público del teatro - la gente de teatro- no es masivo, Vocos decidió entonces ir a la gente convencido de una cosa, fundamentalmente: el teatro como todo arte, tiene la capacidad de despertar sentidos, de abrir cabezas, de acelerar el raciocinio. El teatro, como cualquier herramienta artística estimula, y es un estímulo que cualquiera debe experimentar, más allá que luego al final, termine gustando o no.
Además, "Latidos", que muestra a un grupo de actores, es metateatral en su cotidiana preparación como actores, trabaja muy bien con algo que a Vocos, su director, le gusta mucho trabajar: los estereotipos. En esta ocasión, y a diferencias de otras obras escritas y adaptadas por el director sanfrancisqueño, los estereotipos son universales, algo que sirve a la perfección para llegarle a un público que no es experto en el lenguaje teatral.
Vocos cuenta y muestra de manera cercana y simple situaciones y modelos de conducta que nos atraviesan a diario y que no notamos.

Detenerse en las caras, los gestos, las reacciones al argumento de la obra por parte del público... es quizás otra de las experiencias más satisfactorias del teatro en el barrio. Las señoras de más de 60 años, los niños de menos de 8, las madres, los padres todos hipnotizados por lo que sucede frente a ellos: un grupo de actores de negro, con las caras pintadas de blanco, actuando en un salón en construcción, mostrando cómo es que vivimos y cómo es que actúa el humano en general. En ojotas, bermudas y cono olor a repelente en el cuerpo.

