Historia
“El pueblo quiere saber de qué se trata”, en San Francisco
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En su edición del 20 de mayo de 1972, LA VOZ DE SAN JUSTO editorializó sobre una particular protesta que organizaban entidades gremiales, empresariales, profesionales y vecinales para reclamar contra la no concreción de obras prometidas por el Estado nacional para nuestra ciudad.
Por Arturo A. Bienedell
En la visita que el presidente de la Nación, general Alejandro Agustín Lanusse efectuó a San Francisco el 25 de octubre de 1971, cuando inauguró el comienzo de las obras del primer Parque Industrial del país, anunció la realización del acueducto paralelo; la autopista Santa Fe - Córdoba; la instalación de la casa central del Banco Nacional de Desarrollo sobre un área de 80 hectáreas que incluiría las dependencias del Banco y viviendas para el personal, además de instalaciones deportivas, un centro de especialización para investigadores en materias económicas y un anfiteatro para actos culturales. En paralelo, se comenzaron los trámites para la construcción de un edificio para el Colegio Nacional “San Martín”.
San Francisco quedó en la mira de las autoridades nacionales, y los viajes del comisionado municipal Guillermo José Peretti, fueron constantes a la Capital Federal, logrando algunos avances y trayendo nuevos mensajes de apoyo, pero la burocracia también hacía lo suyo.
Empezaron las dudas y el pueblo quiso saber qué pasaba.
Ya el 11 de mayo, La Voz de San Justo trató la demora en la toma de definiciones respecto al anuncio del traslado de la sede de la casa central del Banco Nacional de Desarrollo. Señaló que era “una carrera contra el tiempo” al indicar que “aceleradamente se reduce el término que resta en el gobierno del país y conforme al plan por ellos elaborado, comunicado y ratificado”. Se tenía en cuenta que, en marzo de 1973, se debían elegir nuevas autoridades nacionales que podrían desechar este proyecto.
Hubo tres promesas sobre las que se trabajaba: el Parque Industrial ya mostraba avances porque incluso para esta fecha ya se habían trazado las calles; respecto al acueducto paralelo, hubo pasos concretos; por la autopista, se anunciaron inminentes estudios de suelos y el nuevo edificio para el Colegio Nacional “San Martín” -una necesidad que no fue tratada con el presidente-, tenía consenso en el área educacional para construirlo en la plaza Vélez Sarsfield, pese a la oposición de buena parte de la ciudadanía y una nueva propuesta del comisionado Peretti (edificarlo en el actual barrio Independencia), que fue rechazada por la comunidad educativa.
Pero, lo que más preocupaba era el proyecto de descentralización que planificó Lanusse a partir de traer al interior la casa central del Banco que era nexo del crédito con las industrias.
Una semana después se volvió sobre el tema y el editorialista reflejó así la preocupación existente: “Todo está prometido, todo está latente, todo está exponiendo a los ojos del país un programa auspicioso, justiciero, para premiar los méritos de esta ciudad y zona y para estimularla inteligentemente en su empresa de trabajo, de progreso impetuoso; pero todo está, como se ve, en el aire. Y corren los meses, sin que algo descienda y pise positivamente la tierra para decirnos que la descentralización, que lo de estas promesas sumadas, que lo mucho que se elogió en San Francisco, su moral de labor, de creación, de disciplina; por vía de las expresiones presidenciales y de sus altos colaboradores, no es una burla cruel destinada a herirnos gratuitamente en una forma que no merecemos ni a nadie se la puede desear el pueblo de una ciudad resultado de su propio esfuerzo, que siempre pidió y recibió muy poco y que en la oportunidad en que acepta lo que el poder público viene a ofrecerle, no permitirá que se juegue con sus derechos y anhelos”.
El comentario continuó elogiando a quienes procuraban que en la ciudad se trabaje en jornada festiva -el 25 de Mayo- que apuntaría en una forma “original y enaltecedora a reflejar ante las esferas gobernantes el disgusto, la queja, la reacción de San Francisco” por la demora en la realización de las medidas anunciadas.
“Pasividad que se rompe”
“A este respecto -puntualizó- complace observar que la pasividad de nuestra población está rompiéndose. Y que lejos de querer salir a la palestra a bregar por lo que le pertenece mediante actos de desorden y violencia, todos los sectores -gremiales, empresarios, profesionales, vecinales-, procuran articular en este momento una especial jornada de trabajo en día festivo el 25 de Mayo. “Explicable rebelión de una ciudad que ante el general intranquilizador silencio en torno a algo que hace fundamentalmente a la prosecución de su progreso, no está dispuesta a callar y comienza por gritar su indignación en la forma singular que tiene sobrada autoridad para utilizar un pueblo trabajador: trabajando…”. Remató el comentario: “El trabajo, símbolo de honor y de progreso, también símbolo de protesta. De viril y justificada protesta”.
De las dudas a querer saber de qué se trata
La repercusión de la nota en los ámbitos oficiales de Buenos Aires, tuvo inmediata respuesta. El presidente Lanusse decidió que en los días siguientes recibiría a una delegación representativa de San Francisco para acordar la designación de un experto para que proyecte los trabajos para el cumplimiento de la palabra presidencial.
Esto determinó que el 25 de Mayo, siga su curso normal con actos, desfile y espectáculos en la Plaza Cívica pero, al hacer el anuncio, también se explicó qué había determinado la preparación de la jornada de protesta.
Así estaba redactado: “Cuando aún no se habían marchitado las flores del grandioso banquete ofrecido por la ciudad y su zona a los gobernantes de la Nación, ni apagado el eco de los aplausos brindando por el gran futuro así presentido, empezó el feo juego de los intereses, la ambición del centralismo de la ciudad capital, la labor sorda de la insidia pérfida. El nocivo lema de nuestro refranero, tan de nuestra incultura cívica y de nuestro patriotismo simplemente banderil, que dice: “Los ofrecimientos para los extraños; las obras para los amigos”, principio tristemente rector de nuestra política y administración, empezó a socavarse por los personeros áulicos, para voltear la limpia y justa promisión del presidente de la República”.
Esto era lo que el pueblo quería saber. Cuánto avanzaron los conspiradores contra los proyectos oficiales.
Las nuevas promesas
El 6 de junio, sin mayor acompañamiento que el de algunos funcionarios municipales, Peretti viajó a Buenos Aires convocado para repasar los temas que preocupaban a los sanfrancisqueños. A su regreso, esperado con gran expectativa ciudadana, reseñó lo escuchado en los despachos oficiales.
El principal tema fue tratado con el presidente del Banco Nacional de Desarrollo, Jorge Whebe, quien ratificó “la irreversible decisión de concretar el proyecto” y adelantó que, en los días siguientes, tal como ocurrió, se designaría miembro del directorio del BND al Dr. Julio César Scarafía, lo que daba entrada de un lugareño al terreno de las decisiones.
En otras audiencias se confirmó que se construiría la nueva sucursal del Banco Hipotecario Nacional; que en setiembre estaría lista la documentación para licitar el acueducto y que en el Ministerio de Obras Públicas se estaba delineando un edificio para que en San Francisco agrupe a todas las dependencias nacionales que operaban y operarían aquí en el futuro.
En otras reuniones se procuró agilizar la gestión de 270 viviendas para ferroviarios en barrio La Milka, por trámites iniciados por la Municipalidad y la Unión Ferroviaria ante el BHN.
Todo volvió a parecer auspicioso, pero, al fin, los pronósticos peores se hicieron realidad.
El convulsionado año 1972 pasó rápidamente y el cambio de gobierno en 1973, hizo lo que faltaba para que los proyectos no tuvieran continuación. Sin que fuera la intención original, todo terminó como “una burla cruel destinada a herirnos gratuitamente en una forma que no merecemos ni a nadie se la puede desear el pueblo de una ciudad resultado de su propio esfuerzo”.
A 54 años de aquel momento el balance es que solo se consiguió lo que se planificó y comenzó a ejecutar pronto: el Parque Industrial y el acueducto paralelo.
El traslado del Banco Nacional de Desarrollo, se descartó de inmediato y el Banco Hipotecario Nacional nunca construyó su nueva sucursal; los planes de viviendas ferroviarias no continuaron, el edificio para el Colegio Nacional “San Martín”, tuvo que esperar hasta fines de la década de 1970 para ver el comienzo de la obra y, como la ciudad pedía, sin tocar la plaza; la autopista vio su comienzo a fines de los ´90 en la provincia de Santa Fe y, en la siguiente, comenzó por tramos en Córdoba y sigue actualmente en construcción por gestión provincial.
Nada de esto ocurrió por falta de gestiones locales, sino por el fuerte centralismo que caracterizó y distingue las decisiones nacionales. Nunca volvió a plantearse un proyecto de esta magnitud para San Francisco que continuó este medio siglo con etapas buenas y otras para nada buenas, pero siempre, como se señaló en aquel momento, “con mucho esfuerzo propio”, algo que es importante recordar en este y tantos otros momentos difíciles.
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