El problema de las aves en la ciudad
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La creación de una mesa interdisciplinaria para abordar la creciente presencia de aves en San Francisco constituye un paso necesario frente a una problemática que dejó de ser una simple molestia para convertirse en un desafío sanitario, ambiental y urbano. El verdadero reto será transformar ese consenso en medidas eficaces, sostenibles y respetuosas del equilibrio entre la salud pública y la protección de la fauna.
La noticia da cuenta de que el municipio anunció la integración de una mesa de trabajo interdisciplinaria para analizar el complejo problema de la creciente presencia de aves en la ciudad, especialmente en el microcentro. Se afirmó que este nuevo ente trabajará con “una perspectiva integral, incorporando aspectos sanitarios, ambientales y operativos”, así como efectuando consultas a especialistas e instituciones.
Es una decisión que merece seguimiento porque el problema de las aves en algunos sitios ha llegado a extremos que pueden generar riesgos manifiestos en materia sanitaria. Por ello, la primera tarea anunciada tras la conformación de la comisión es perentoria y no debería llevar más tiempo. Porque la experiencia cotidiana muestra con claridad lo que se pretende relevar: los sitios de refugio de las aves en las zonas urbanas y su comportamiento en ese ámbito.
El problema es más complejo de lo que en principio podría suponerse. Porque genera trastornos en el cotidiano devenir de una comunidad que debe convivir con el riesgo sanitario que significan los excrementos de las aves que cada mañana pueblan las veredas. Y, además, porque encierra aspectos ambientales que no pueden ser ignorados.
Desde el propio municipio se admite que es una problemática “que impacta sobre la salud pública, el estado de los espacios públicos, el patrimonio urbano y la actividad cotidiana del sector comercial”. Por ello, se requieren soluciones prontas, aunque -por cierto- sostenibles y adaptadas a las características de San Francisco.
En este contexto, debe señalarse que el debate sobre qué hacer con la proliferación de aves no es propiedad exclusiva de nuestra población. En la última semana, una publicación del diario Castellanos de Rafaela se hizo eco de un debate que posiblemente se replique aquí. El municipio de la ciudad santafesina decidió colocar redes sobre los árboles como una medida “específica y acotada” para evitar una elevada concentración de aves. Se señala que las estructuras de tanza, con cuadrículas de aproximadamente tres por tres centímetros, buscan impedir que las aves se posen sobre determinados árboles sin provocarles daño físico. La medida se complementa con un esquema permanente de baldeo y limpieza de veredas en la zona comercial.
Sin embargo, esto es cuestionado por determinados ambientalistas porque, según su mirada, la llegada de los pájaros a las ciudades se relaciona con que la fauna es desplazada de sus ambientes naturales y que sumar un dispositivo disuasivo sobre el arbolado urbano constituiría una respuesta equivocada.
Así las cosas, en nuestra región existen antecedentes plausibles de generación de sectores de monte nativo en varias explotaciones, lo que permite mantener a las aves en un hábitat natural. Sin embargo, no parecen alcanzar, por lo que se impone la decisión de avanzar en decisiones que permitan la incorporación de más sectores con vegetación nativa que sirvan como refugio para la fauna y también la erección de cortinas forestales en las afueras de los centros urbanos.
Como se observa, el tema es muy sensible y tiene varias aristas de análisis. Es de esperar que la anunciada comisión trabaje con rapidez para elaborar una estrategia que permita eliminar -o, al menos, atenuar- los trastornos evidentes que produce la super población de aves en el ámbito urbano y contemplar, al mismo tiempo la protección de la fauna y el arbolado urbano.
