El potrero resiste
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En un contexto de distanciamiento social, clases virtuales y muchos protocolos el potrero se erige en los barrios como la forma de expresión de los chicos frente a tantas restricciones.
Volvió la Copa
Libertadores y con ella las ganas de pisar una cancha para todos los que les
gusta la redonda.
En San Francisco todavía no regresa la actividad, pero el potrero está presente en cada barrio albergando a cientos de pibes a los que el fútbol les puede más que los protocolos que impone la nueva realidad.
El potrero fue siempre sinónimo de libertad y esperanza. Muchos de los que llegaron a profesionales encontraron ahí la primera escuela, el primer lugar de expresión.
Basta con darse una vuelta por la ciudad para ver a las canchitas funcionar como si se tratara de alguna película surrealista en medio de gente con barbijos y alcohol en gel.
En un contexto de pandemia en que las clases son virtuales y las juntadas con amigos se limitan a bares y restaurantes, los chicos encuentran en los potreros ese salvoconducto que los saca del aislamiento por un rato.
Los pibes se las arreglan para jugar "sin tocar" nada más que a la pelota y así no perder ni su infancia ni la alegría que un virus no puede de ninguna forma arrebatar.
El panorama no es de los más alentadores para el regreso de los deportes grupales en la ciudad por el incremento de los casos de coronavirus en las últimas semanas. También habrá que esperar un poco más para hacer las previas en casa, ir a la cancha y comer los choris de la cantina de los clubes a los que solíamos ir.
Mientras la incertidumbre se agiganta con el pasar de los días, en los barrios se las rebuscan para huirle al miedo que desde hace meses nos invade. Ahí, donde muchas veces los servicios esenciales no llegan, el potrero se asoma como el último bastión de la resistencia de los chicos frente al distanciamiento.
Leonela Zapata Especial para LA VOZ DEPORTIVA
