Análisis
El peso geopolítico de un acuerdo
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En tiempos de desequilibrio y de amenazas para las democracias puede asumirse que el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur se transforma en una variable importante para la estabilidad internacional.
La capital paraguaya, Asunción, fue el escenario este fin de semana de la firma del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Tras un cuarto de siglo de negociaciones y obstáculos se abre un escenario novedoso, no exento de advertencias y dificultades, pero dotado de un potencial poderío para transformarse en un enorme espacio común entre dos regiones centrales del planeta.
El tratado generará una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo. Se reducirán de manera progresiva casi la totalidad de los aranceles, se eliminarán barreras comerciales y se procurará la armonización de normas en todos los países que participan. Al mismo tiempo, las proyecciones indican que se dinamizará la exportación de bienes entre Europa y el Cono Sur. Esto se proyectará sobre un mercado de casi 800 millones de personas, en cuyos países se reúne el 25% del PBI global.
El camino no fue sencillo. Las resistencias fueron férreas. Y aún persisten. Los agricultores de Francia pusieron el grito en el cielo y su gobierno fue el más enfático opositor al acuerdo. Polonia y Hungría se opusieron. Italia planteó numerosas dudas, pero finalmente aceptó las condiciones y su postura fue decisiva para destrabar la votación en el marco de la Unión Europea. En este lado del mapa, el acuerdo significará reformulaciones profundas en algunos sectores productivos y unificar posiciones respecto de numerosos temas, algo que, a la vista de las diferencias ideológicas y las posturas personales de quienes hoy gobiernan, será bastante dificultoso.
Sin embargo, por casualidad, el tratado parece llegar en el momento justo. Un diario alemán afirmó que se trata de “un golpe de suerte geopolítico”. El rotativo Die Zeit sostiene que "Donald Trump quiere apoderarse de Groenlandia, ¿y qué hace Europa? Está incorporando a Latinoamérica, el continente que Trump considera su patio trasero y al que trata como tal. Decir esto sea tal vez algo exagerado, pero no es falso”.
El tratado funge como una clara señal a favor de asociaciones entre países que comparten valores y normas. En tiempos de desequilibrio y de amenazas para las democracias puede asumirse que se transforma en una variable importante para la estabilidad internacional. Más allá de que su implementación será gradual y pese a que los efectos iniciales pueden ser modestos, que la UE y el Mercosur lograsen sacar adelante un texto común es una muestra de que el diálogo y las negociaciones racionales entre naciones pueden ser efectivas y se contraponen al antagonismo, a la coerción y al decisionismo unilateral que parecen liderar este nuevo tiempo.
Por ello, debe reconocerse la firma de este histórico tratado. Que obliga a replanteos y exhibirá dificultades, pero, al mismo tiempo, se transforma en un símbolo de cooperación entre las naciones justo en el momento en el que las turbulencias surgidas de una retrógrada concepción del poder sacuden la realidad política mundial.
