Educación
El patio que los estudiantes imaginaron y el municipio construyó
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El Instituto de Nivel Medio de La Francia arranca el ciclo 2026 con el patio renovado. La obra, que demandó una inversión municipal de más de 20 millones de pesos, no salió de un escritorio: nació de encuestas que los propios alumnos hicieron entre sus compañeros, en el marco del Parlamento Juvenil 2025.
El Parlamento Estudiantil es un programa del Ministerio de Educación de Córdoba que funciona junto a la Legislatura provincial. Cada año propone a las escuelas secundarias de toda la provincia una serie de ejes para debatir en el aula y transformar en propuestas concretas. En 2025, el lema fue “La escuela que queremos” y uno de esos ejes era Patios y Recreos.
El Instituto de Nivel Medio de La Francia eligió ese eje. No era el más evidente -la escuela suele trabajar ESI y cuidado del ambiente- pero fue el que generó más conversación. “Nos pareció novedoso. Nos llevó a repensar qué hacíamos en los momentos de descanso y cómo construíamos los vínculos”, explicó la profesora Natalia Chiarini, de Formación para la Vida y el Trabajo, que coordinó el proceso junto a sus colegas.
Lo que arrancó como un debate áulico terminó siendo otra cosa: una decisión de gobierno materializada en obra pública. Meses después, los estudiantes entrarán al colegio y encontrarán un patio distinto.
La voz de los estudiantes
Cuarto año “A” fue el curso encargado de articular el proyecto con el resto de la institución. Les tocó diseñar encuestas, recorrer cada aula y sistematizar lo que pedían sus compañeros de primero a sexto.
Paulina Miretti, que entonces cursaba Cuarto y ahora arranca Quinto, terminó siendo la que presentó el proyecto ante las autoridades. Cuenta que las tres cosas más pedidas fueron claras: “Lo más votado fue espacios verdes, lugares para sentarse y dispensers”. Había uno solo en todo el colegio.
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A eso se sumaron pedidos de juegos de mesa -”porque no hay casi nada para entretenerse después de los horarios de clase”- y, de parte de los más chicos, la ilusión de tener una cancha de básquet o de fútbol. Ahí apareció el primer límite real: el espacio no daba. “Nos sorprendieron mucho esas propuestas, pero era casi complicado por el espacio”, reconoció Miretti. La solución que se discutió fue más modesta: un aro.
La arquitecta del municipio se sentó con los alumnos, les mostró el plano del establecimiento y les explicó qué sectores estaban disponibles y cuáles reservados para otras obras. “Fue acción conjunta”, resumió Miretti. De ese trabajo salió la lista final: bancos, mesas, juegos, bebederos, parlantes, espacios de sombra, áreas verdes, pizarrones al aire libre y lugares para intervenciones artísticas.
Ls articulación escuela-municipio y la inversión de $ 20 millones
Cuando el intendente Franco Castellina cuenta cómo se armó el proyecto, la primera idea que aparece es la de dos caminos que venían avanzando por separado y que terminaron en el mismo lugar.
Por un lado, desde el área de obras públicas del municipio ya estaba planificada la renovación del patio del secundario para 2025, dentro del programa anual de mejoras al edificio. Por otro, el eje de Patios y Recreos del Parlamento Estudiantil llegó al colegio. La decisión fue juntarlos. “Ya que está la decisión y los recursos para reformar el patio, ¿qué mejor que hacerlo de la mano de los estudiantes, escuchándolos a ellos?”, dijo Castellina.
A lo largo del año hubo varias jornadas de trabajo conjunto. En una de ellas, el propio intendente se sentó con los chicos en el patio -en el patio que iban a reformar- para pensar juntos “qué queríamos para lo físico, lo lúdico, la tranquilidad y la diversión. Que sea un patio que contenga áreas para todos”.
Cuando el proyecto tuvo forma, se presentó al equipo directivo, los docentes y la comisión directiva. Durante el receso de verano arrancaron las obras. La inversión total superó los $20 millones, aportados íntegramente por el municipio.
Más que cemento: el impacto pedagógico y la formación ciudadana
Las profesoras que acompañaron el proceso hablan poco del patio nuevo. Hablan más de lo que pasó antes de que existiera.
Natalia Chiarini lo resume así: “Los estudiantes dejan de ser receptores y pasan a ser protagonistas. Se generan debates, se habla sobre problemáticas reales, se fortalecen los vínculos y el sentido de pertenencia. La escuela deja de ser un espacio de aprendizaje y se convierte también en un espacio democrático.”
María Elena Bergessio, que da Problemáticas Éticas y Políticas en Cuarto año A, pone el foco en algo más concreto: el miedo. Los chicos de esa edad no suelen querer exponerse. Dudan de lo que saben, les cuesta hablar en público, prefieren no arriesgarse. Este proyecto los obligó a hacer exactamente lo contrario: entrevistar compañeros, reunirse con funcionarios, pararse frente a adultos con una propuesta. “Descubrieron que, aunque tenían miedo y aunque tenían vergüenza, cuando uno se anima puede convertirse en protagonista de cambios reales”, dijo Bergessio. Y agregó: “Aprendieron que la participación no exige una seguridad perfecta. Uno puede temblar al hablar, pero aun así sostener una idea. Y eso fortalece la autoestima de una manera que ningún contenido teórico logra por sí solo.”
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Para Castellina, hay un costado político que vale nombrarlo: “Fue una manera de invertir los roles y que sean ellos los protagonistas de pensar, proyectar, imaginarse, decidir. Esto baja a tierra, con un hecho concreto, el discurso de la participación de los jóvenes en la gestión pública.” En 2026, el municipio pondrá en marcha un presupuesto participativo joven para que esa lógica no quede en una sola experiencia.
Desafío 2026: de la obra al recreo
El programa del Ministerio tiene dos partes. La primera es el patio: la infraestructura, lo que se puede ver y tocar. Esa parte ya está. La segunda es el recreo: lo que pasa en ese rato entre clase y clase, cómo se usa el espacio, qué dinámicas se generan. Eso todavía no tiene respuesta.
“El desafío para el 2026 es trabajar en el recreo, el momento de compartir, de generar distintas dinámicas y propuestas novedosas”, explicó Castellina. “Cómo aprovechar y usar todas estas mejoras en ese tiempo entre clase y clase, y convertirlo en un espacio de disfrute.”
Es, en cierto modo, la parte más difícil. Construir tiene un principio y un final. Cambiar lo que hacen los chicos cuando suenan los cinco minutos del recreo es otro tipo de trabajo.
Paulina Miretti todavía no vio el patio. Ninguno de los que participaron del proyecto lo vio terminado: la inauguración coincide con el inicio del ciclo lectivo, y para ellos también es una sorpresa.
Cuando le preguntan qué va a hacer cuando llegue, la respuesta es breve: “Capaz que vaya a ver cómo quedó todo”. No hace falta más. Hay algo en esa frase -en esa simpleza- que dice más que cualquier discurso sobre participación ciudadana. Una chica de 17 años pasó un año trabajando para cambiar algo de su escuela, y ahora va a ver si quedó bien.
El patio que soñaron existe. Lo que venga después depende, en parte, de que ellos lo cuiden. Y de que los adultos recuerden que esto funcionó porque alguien tuvo la paciencia de preguntar antes de construir.
“Que no tengan miedo en decir lo que necesitan”
Paulina Miretti tiene 16 años y en 2025 era alumna de cuarto año A del Instituto de Nivel Medio La Francia. Cuando sus profesoras le plantearon liderar el proceso de consulta con todos los cursos, nunca imaginó que terminaría presentando el proyecto ante el intendente, los directivos y la comunidad escolar.
Hoy, al comienzo del ciclo lectivo 2026, ya en Quinto año, es parte del grupo de estudiantes que verá concretado ese trabajo. Todavía no conoce el resultado: el patio renovado es, literalmente, una sorpresa para ella y sus compañeros.
En su testimonio, Miretti recordó los momentos más emotivos del proceso: el entusiasmo colectivo al relevar las ideas de cada curso, la primera reunión con la arquitecta municipal, y el día en que cuarto año expuso el proyecto ante las autoridades. “Sentí mucho entusiasmo en la participación de todos mis compañeros, porque todos se pusieron las pilas”, describió.
También habló de lo que significó ver que los adultos -incluidos los funcionarios municipales- escuchaban con atención: “Nos dejaron opinar de cómo queríamos cada parte del patio. Y también nos decían qué se podía hacer y qué no. Eso también es importante.”
Al ser consultada por lo que le diría a otros jóvenes que dudan en levantar la mano y proponer, su respuesta fue directa: “Que no tengan miedo en expresar lo que necesitan y que lo lleven a cabo, que no se pongan un límite”.
