El Papa Francisco anima a los comunicadores a “ir y ver”
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El obispo diocesano Sergio Buenanueva analizó el mensaje del Pontífice en el marco de la 55 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. "En el mundo de la comunicación es irremplazable el contacto con la realidad de las personas", dijo.
"Ven y lo verás" (Jn 1,46), Comunicar encontrando a las personas donde están y como son. En su mensaje para la 55° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales -que se celebrará el próximo domingo-, el Papa Francisco anima a los comunicadores a "ponerse en marcha, para ir y ver", con el objetivo de brindar una auténtica comunicación humana.
El obispo diocesano, Sergio Buenanueva, analizó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO el mensaje del Sumo Pontífice que fue difundido en las redes sociales del Vaticano.
"Los medios de comunicación muestran que los seres humanos estamos llamados a interactuar unos con otros, a comunicar con una mirada positiva. Este año el Papa puso el acento en la dimensión profundamente humana y personal de la comunicación, mucho más en el tiempo de pandemia y lo hace bajo el lema tomado del Evangelio, uno de los primeros encuentros de Jesús con sus discípulos, ellos dicen: 'Maestro donde vives', y Jesús respondió 'vengan y lo van a ver'", afirmó el obispo.
Remarcó al respecto que en el mundo de la comunicación, en la profesión del periodista, "es irremplazable el contacto con la realidad de las personas. Eso no lo sustituye una computadora, ni el acceso virtual a través de las redes, al contrario, eso puede convertirse en una pantalla que impida reconocer la dimensión profundamente humana de la comunicación".
"El Papa señala hoy dos dificultades: que los medios fotocopien información y pasen de una agencia a otra, de un medio a otro, despreocupándose de la realidad -advirtió Buenanueva-. Con esto se desdibuja la realidad e incluso se puede dar información incorrecta o malintencionada como las famosas fake news".
Agregó que esto "puede ser algo inocente, pero el apresuramiento, el tener que ganar en la competencia de ser el primero en dar la noticia puede llevar a situaciones como esta que pueden dañar mucho y son problemas que en la pandemia se agudizaron. Por ejemplo dar una información incorrecta, apresurada sobre las vacunas, sobre la real incidencia genera una situación que va más allá de la información puntual".
"Por eso es importante que el periodista busque siempre la verificación concreta con las fuentes, con las personas indicadas. Porque si no, qué se logra, simplemente dar una información, golpear, alentar un prejuicio negativo sobre personas e instituciones", analizó.
Recordó también que el comunicador "tiene que contar la realidad, y a veces es dura, difícil, pero siempre tiene que dejar abierta una ventana a la esperanza, el modo de presentar las informaciones más difíciles nunca deben quedarse en la morbosidad, sino que debe dejar abierta una perspectiva de esperanza porque eso es realmente comunicación".

El Papa Francisco invita a los comunicadores a "ir y ver"
La jornada se realiza como reconocimiento
del lugar que ocupan los distintos medios de comunicación en la vida de las
personas, las sociedades y también para la misión evangelizadora de la Iglesia.
A continuación, reproducimos el mensaje del Papa Francisco: Queridos hermanos y hermanas: La invitación a "ir y ver" que acompaña los
primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el
método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de
la vida que se hace historia (cf. Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las
Comunicaciones Sociales, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda
presunción del "como es ya sabido" y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las
personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos
sorprenderá en cualquier aspecto. «Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y
deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los
otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean»,
aconsejaba el beato Manuel Lozano Garrido a sus compañeros periodistas. Deseo,
por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a "ir y ver", como
sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta:
en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación
ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social. "Ven y lo
verás" es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los
primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea. Pensemos en el gran tema de la información.
Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento
en los "periódicos fotocopia" o en los noticieros de radio y televisión y
páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la
investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una
información preconfeccionada, "de palacio", autorreferencial, que es cada vez
menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las
personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las
energías positivas que emanan de las bases de la sociedad. La crisis del sector
editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente
al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin
salir nunca a la calle, sin "desgastar las suelas de los zapatos", sin
encontrar a las personas para buscar historias o verificar de visu ciertas
situaciones. Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores
externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de
ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos.
Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad
que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo
no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían. A los primeros discípulos que quieren
conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y
lo verán» (Jn 1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio
siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos
detalles "de crónica" que revelan su presencia en el lugar y el impacto que
aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es
decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después -relata de nuevo
Juan- Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es
escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de
convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46).
Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia
así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia,
no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros
mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se
detuvo en su pueblo (cf. Jn 4,39-42). El "ven y lo verás" es el método más
sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo
anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que
tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance. También el periodismo, como relato de la
realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un
deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión. Gracias a la valentía y
al compromiso de tantos profesionales -periodistas, camarógrafos, montadores, directores
que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos- hoy conocemos, por ejemplo,
las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del
mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la
creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han
contado. Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la
sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento
para nuestra humanidad. Numerosas realidades del planeta, más aún
en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a
"ir y ver". Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde
los ojos del mundo más rico, de tener una "doble contabilidad". Pensemos en la
cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo
de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera
de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África?
Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo
de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID. Con los
pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado
como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los
más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la
pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas
que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas
para recibir un paquete de alimentos. La red, con sus innumerables expresiones
sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos
más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios. La
tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y
oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las
cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio
a las poblaciones viajan precisamente en la web. Es un instrumento formidable,
que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores.
Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra
forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución
civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. Gracias a la red
tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros
ojos, de compartir testimonios. Pero ya se han vuelto evidentes para todos
también los riesgos de una comunicación social carente de controles. Hemos
descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles
de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo. Esta
conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor
capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro,
tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos
responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos,
del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas,
desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir,
ver y compartir. En la comunicación, nada puede sustituir
completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo
con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino
con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos. La fuerte atracción que
ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su
predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de
sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus
palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él -el Logos encarnado- la Palabra se
hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio
Juan (cf. 1 Jn 1,1-3). La palabra es eficaz solamente si se "ve", sólo si te
involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el "ven y lo
verás" era y es esencial. Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda
también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el
comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus
razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el
día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda».
Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros
comunicadores cristianos. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo
gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y
mujeres que aceptaron la misma invitación: "Ven y lo verás", y quedaron
impresionados por el "plus" de humanidad que se transparentaba en su mirada, en
la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo.
Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba
Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las
redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a
los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar
tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual.
Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo
verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era
portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios
no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado
por los discípulos que enviaba (cf. 1 Co 4,17). «En nuestras manos hay libros, en nuestros
ojos hechos», afirmaba san Agustín exhortando a encontrar en la realidad el
cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el
Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de
personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de
dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la
aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar
encontrando a las personas donde están y como son. El mensaje del Papa Francisco
Desgastar las suelas de los zapatos
Esos detalles de crónica en el Evangelio
Gracias a la valentía de tantos periodistas
Oportunidades e insidias en la web
Nada reemplaza el hecho de ver en persona
