El paisaje navideño ciudadano
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Que la ciudad se vea engalanada con los adornos navideños, tanto en el centro como en cada barrio, es una muestra de que la esperanza es lo último que se pierde. Iluminar y adornar la ciudad para la Navidad es una sana costumbre que no puede abandonarse.
El tan especial año que ha vivido la humanidad está llegando a su fin. En medio del pandemonio que significó la crisis sanitaria, las tradiciones también parecen haberse trastocado o arrumbado en algún desván. En similar fecha de años anteriores los ánimos para la celebración de la Navidad permitían augurar que el festejo tendría los destellos y ribetes deseados.
Este momento de fiesta tiene ciertamente un profundo sentido religioso, pero también se extiende a otros ámbitos comunitarios. Es una fiesta enraizada en las más profundas tradiciones culturales de muchos pueblos cristianos. Pero en este tiempo desborda ese universo. Sale de los templos para expandirse hacia espacios hogareños en donde la familia se reúne. Al mismo tiempo lo hace por las calles y las plazas de las ciudades en las que habitualmente para esta fecha se observan ornamentaciones y decorados que remiten a la celebración.
En este contexto, la ciudad se ve adornada de modo especial cada año. En los últimos días se colocaron luces y otros elementos para que el espíritu de la fiesta navideña se pueda observar en la vía pública. Esta acción oficial se corresponde con las de muchas entidades intermedias, comercios e industrias que pueblan sus edificios y vidrieras con vestiduras que remiten a la festividad y que disponen los ánimos para celebrar.
Desde algunos sectores puede señalarse que la de los adornos es una cuestión menor. Que no tiene importancia, más teniendo en cuenta el actual contexto. Desde algún ámbito religioso se discute incluso que el movimiento comercial existente en esta época daña al espíritu navideño. Sin embargo, aun atendiendo y comprendiendo los argumentos de estas posturas, la Navidad es un fenómeno cultural globalizado en este siglo XXI. Admitir esta circunstancia en nada invalidaría el mensaje y los sentimientos de la celebración.
Yendo al terreno concreto de nuestra comunidad, tiempo atrás el Centro Empresarial y de Servicios organizaba concursos de vidrieras y también eran muchas las viviendas que presentaban decorados navideños. No obstante, no hace falta ninguna competencia para recrear en las calles una efeméride muy cara a los sentimientos de la gran mayoría de los vecinos. Sí se requiere de ánimo y ganas de emprender una tarea sencilla que, dada la situación que se vivió durante casi todo 2020, podría significar un cambio en las expectativas y en el humor sociales.
San Francisco se vistió para la ocasión. Es una forma de expresar el sentimiento de hermandad y el mensaje profundamente humano que encarna el recuerdo del nacimiento del Niño Dios. Las penurias, los trastornos y las complicaciones vividas en este 2020 que está llegando a su fin han sumido en el abatimiento y la desesperanza a muchas personas. Que la ciudad se vea engalanada con los adornos navideños, tanto en el centro como en cada barrio, es una muestra de que la esperanza es lo último que se pierde. Iluminar y adornar la ciudad para la Navidad es una sana costumbre que no puede abandonarse.
