El otro rey
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Cristiano Ronaldo condujo al Real Madrid a una nueva consagración y ya suma 4 Ligas de Campeones igualando a Messi. Por más que a los argentinos nos pese, su figura es la única capaz de eclipsar a la del rosarino.
El fútbol es pasión y genera fanatismo. Este muchas veces puede llevar a una especie de ceguera parcial: veo lo que quiero, admiro lo que me corresponde, desprecio lo ajeno. El más claro ejemplo es el antagonismo propiciado por los colores del equipo del cual se es hincha. Somos los mejores, ustedes son los peores.
En otra medida suele pasar en cuanto a nacionalidades cuando se ningunea a tal o cual jugador porque es brasileño, chileno, alemán o de donde fuera.
Y ese mismo fanatismo que a veces nos lleva a caerle con todo al ídolo en desgracia nos hace defenderlo a capa y espada cuando del otro lado nos presentan un antihéroe que amenaza su -para nosotros- indiscutible reinado.
Así, los argentinos -la gran mayoría- descartamos de plano la discusión sobre quién es el mejor jugador de fútbol del mundo. Messi es nuestra bandera, nuestro orgullo, aunque puertas adentro solamos fustigarlo.
Casi automáticamente minimizamos las cualidades del villano del frente (Cristiano Ronaldo, obviamente) por las más insólitas razones. "Es pura pinta", "es un soberbio", "es solo marketing".
Mientras tanto, el "puro músculo" ganó 4 Champions, es el máximo goleador histórico de la competencia y se encamina a su quinto Balón de Oro. Cabría la pregunta: "por algo debe ser, ¿no?".
Si nos despojamos del fanatismo podríamos apreciar que Cristiano Ronaldo es sin dudas un fenómeno sin precedentes. Con un estilo diferente fuera y dentro de la cancha, ha sabido acrecentar su figura al punto de eclipsar el resplandor de nuestro Messi.
A la genialidad la suplanta con esfuerzo, a la inspiración con despliegue físico. Eso no quiere decir que no tenga cualidades que lo hagan un jugador extraordinario: su juego aéreo casi no tiene comparación con ningún otro futbolista de cualquier época, su pegada tiene su propio sello y su olfato goleador lo hacen un delantero implacable.
Hoy, a los 32 años, ha alcanzado un grado de madurez que no hace más que afirmar que se trata de un crack. Quizás no tiene el físico de hace 5 años, pero es igual o más determinante que antes. Claro está que han sabido rodearlo bien, muy bien. El Real Madrid gasta millones para armarle un equipo a su alrededor y no escatima en apaños a la hora de mimarlo.
Lo mismo sucede con Messi, que tiene un equipo de estrellas construido para sí. Pero, la principal diferencia es que el portugués sí ha podido ganar algo importante con su selección. Y vaya si fue importante: ¡la primera Eurocopa de su historia! Directo al cielo de los ídolos que antes le pertenecía en exclusividad a Eusebio. Si hasta la hicieron una estatua y le pusieron su nombre a un aeropuerto.
Con su actuación consagratoria de ayer vuelve a cautivar al mundo. A todo el planeta salvo a los argentinos que seguimos negándolo, esperando que Messi nos traiga la tan esquiva copa que lo consagre.
Si uno tuvo la mala fortuna de ser contemporáneo del otro o si ese hecho se trata de algo beneficioso para hacerlos crecer mutuamente es un debate que no tiene una sola respuesta. Pero sí queda claro que el gran privilegiado de este duelo de titanes es el hincha del fútbol, el que sabe apreciar a un buen jugador sea cual sea la camiseta que viste.
Si Cristiano es más o menos que Messi no es una cuestión que el título de este artículo proponga. Sí se anima a decir que CR7 es el otro rey, otro monarca en el mundo de fútbol que se ha ganado su corona en buena ley.
