El Niño y las lluvias: qué escenario se espera para San Francisco y la región
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El ingeniero agrónomo, Pablo Terraf habló en AM 1050 Radio San Francisco sobre las proyecciones para los próximos meses y explicó que la ciudad y localidades cercanas tendrían una probabilidad “media-alta” de recibir un Niño fuerte, aunque no se encontrarían en la zona de mayor impacto.
La posibilidad de que durante los próximos meses se registre un fenómeno de El Niño de mayor intensidad comenzó a generar consultas y preocupación, especialmente en una región como San Francisco y su zona de influencia, donde las condiciones de los suelos y los caminos rurales tienen una incidencia directa sobre la actividad agropecuaria.
El ingeniero agrónomo Pablo Terraf analizó este escenario en una entrevista con AM 1050 Radio San Francisco y explicó que, antes que nada, las proyecciones deben ser entendidas como una probabilidad y no como una certeza.
Según explicó, existe una variación importante en la temperatura de la corriente marítima del Pacífico Ecuatorial. En ese sector se observa un incremento de la temperatura que, de acuerdo con los datos mencionados por el especialista, alcanza los 2,9 grados por encima de la corriente normal.
“Eso indica que estaríamos en un súper Niño”, señaló Terraf. Explicó que habitualmente esa temperatura se encuentra entre 0,5 y 1,5 grados por encima de la corriente normal.
El fenómeno puede tener relación con un incremento de las precipitaciones en diferentes sectores del país. Terraf mencionó entre las áreas que podrían verse afectadas al Cuyo Sur, el Litoral, el centro-este y oeste de Santa Fe, el sur de Santa Fe y el norte de Buenos Aires.
Para San Francisco y las localidades cercanas, el panorama planteado por el ingeniero agrónomo no es el de la zona de mayor impacto. Según explicó al analizar los mapas, esta región se encuentra en la base inferior del área señalada y presenta una probabilidad media-alta de recibir un Niño fuerte.
“El lugar más importante donde se va a dar, estaríamos hablando de la zona del litoral sur de Santa Fe, norte de Buenos Aires”, explicó.
Suelos y caminos rurales, una preocupación para la zona
Más allá de la cantidad de lluvia que pueda registrarse, uno de los principales problemas para el sector productivo regional podría estar relacionado con la logística. Terraf explicó que las precipitaciones frecuentes reducen los períodos en los que los suelos permiten el ingreso de maquinaria pesada. Esto puede complicar tanto las tareas dentro de los campos como la salida de la producción.
“Hay menos tiempo para sembrar, hay menos tiempo para cosechar, menos tiempo para sacar la producción”, afirmó.
El escenario adquiere particular relevancia porque, según indicó, la región ya viene de dos años de altas precipitaciones, con acumulación de agua en el perfil del suelo y niveles elevados de la napa.
Si las lluvias vuelven a ser importantes, la acumulación podría continuar y generar mayores dificultades para el tránsito de maquinaria.
El especialista explicó que el paso de vehículos y maquinaria pesada sobre suelos con exceso de humedad también puede provocar compactación. Para graficarlo, utilizó el ejemplo de una vaca, cuyo peso genera presión sobre el suelo, y señaló que el problema se incrementa considerablemente cuando se trata de un camión o de maquinaria de gran porte.
Qué se espera para los próximos meses
Terraf señaló que los distintos modelos climáticos analizados coinciden en proyectar precipitaciones superiores a las normales.
Según explicó, agosto y septiembre serían meses correspondientes a un Niño intermedio, mientras que entre octubre y diciembre el fenómeno podría alcanzar una mayor intensidad.
Durante la entrevista mencionó una proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario que establece una probabilidad del 70% de lluvias por encima de lo normal en octubre, 90% en noviembre y nuevamente 70% en diciembre.
“Todos los modelos con los cuales se miden estas probabilidades están por encima de lo normal. Indica que va a llover más”, sostuvo. Aclaró además que existen diferentes modelos para analizar el riesgo climático y mencionó los utilizados por el Servicio Meteorológico Nacional, la Bolsa de Comercio de Rosario y la Bolsa de Comercio de Córdoba.
El calendario agrícola, otro factor
Para los productores de San Francisco y la zona, el período proyectado como de mayor intensidad coincide además con momentos importantes del calendario agrícola.
Durante la entrevista, Terraf señaló que la cosecha de trigo comienza hacia mediados de noviembre y puede extenderse hasta principios de diciembre. En ese mismo período coinciden distintas tareas de siembra.
“Te coincide la fecha del momento de cosecha de trigo, la siembra de soja de primera, la siembra de soja de segunda, que la siembra de primera es antes de la cosecha de trigo, la siembra de segunda es después de la cosecha de trigo. La implantación de los maíces de segunda”, explicó.
Por ese motivo, destacó la importancia de aprovechar los períodos en los que el suelo permite realizar las tareas agrícolas.
También señaló que varios productores están poniendo el foco en maíz de primera. “Es importante mirar a esos cultivos donde uno ya los va a tener implantados y el maíz tiene grandes beneficios”, explicó.
Según detalló, una de las características que destacó del maíz es que puede mantenerse en pie ante un escenario de exceso de agua y ser cosechado posteriormente.
En cuanto a las tareas inmediatas, Terraf señaló que los próximos 15 a 20 días corresponden al período de siembra de girasol y maíz de primera. Para avanzar, recomendó tener en cuenta la humedad de la cama de siembra y controlar la temperatura del suelo.
Preparar los campos y los caminos
Ante la posibilidad de mayores precipitaciones, el ingeniero agrónomo recomendó trabajar previamente sobre las zonas de los establecimientos que puedan ser utilizadas en caso de acumulación de agua.
“Siempre tener la parte más alta preparada para una salida rápida o para colocar máquinas o para colocar animales”, indicó.
También consideró importante que esos sectores estén nivelados y cuenten con una pendiente adecuada para favorecer el escurrimiento.
En cuanto a los caminos rurales, destacó la importancia del trabajo de los consorcios camineros y de contar con caminos abovedados y cunetas laterales que permitan conducir y contener el agua.
Terraf recordó que después de las lluvias de abril de 2016, cuando según señaló se registraron unos 400 milímetros durante ese mes, se reforzó el trabajo sobre estas estructuras.
Explicó que el camino abovedado permite que el agua se dirija hacia los costados, mientras que las cunetas funcionan como espacios de contención y conducción.
El agua que sale de San Francisco
El manejo del agua también fue abordado desde la perspectiva urbana. Terraf destacó que San Francisco ha incorporado obras de canalización durante los últimos años y que actualmente la ciudad puede desagotarse con mayor rapidez.
Sin embargo, señaló que el agua que sale de la ciudad continúa hacia sectores rurales, lagunas de retardo y canales.
En ese punto, planteó una acción concreta para los vecinos: mantener limpios los canales, ya que los residuos pueden obstruir el escurrimiento. “Evitar arrojar basura a los canales que es lo que terminan por taponar e inundar adentro de la ciudad o inundar hacia el lado del campo”, afirmó.
Un antecedente que permanece presente
El recuerdo de abril de 2016 aparece como uno de los antecedentes más importantes para la región. Terraf señaló que durante ese mes se registraron alrededor de 400 milímetros de lluvia, generando una situación compleja tanto en la ciudad como en el campo.
Consultado sobre si San Francisco está preparada para un nuevo escenario de lluvias importantes, el especialista fue prudente. “Yo creo que nunca se está preparado del todo”, afirmó.
Para Terraf, el objetivo debe estar puesto en la prevención y en conocer cómo actuar ante un eventual escenario de precipitaciones importantes.
De esta manera, para San Francisco y la zona el escenario que planteó el especialista no implica una certeza de inundaciones, sino una probabilidad de precipitaciones superiores a las normales, especialmente hacia el último trimestre del año. El nivel de impacto dependerá finalmente de cómo evolucione el fenómeno y de las condiciones que presenten los suelos, caminos y sistemas de escurrimiento cuando lleguen las lluvias.
