Entrevista
“El legado de Francisco sigue vivo en los jóvenes que buscan sentido en medio del vacío”
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A un año del fallecimiento del Papa Francisco, el padre Esteban Poccioni reflexiona sobre su huella en la Iglesia y advierte un fenómeno creciente: cada vez más jóvenes se acercan con inquietudes espirituales.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
A un año del fallecimiento del Papa Francisco (Jorge Bergoglio), su legado continúa marcando el rumbo de la Iglesia Católica y encuentra nuevas resonancias en una generación que, lejos de la apatía que muchas veces se le atribuye, comienza a expresar una búsqueda profunda. En San Francisco, el padre Esteban Poccioni, de 35 años, observa ese proceso en el contacto cotidiano con jóvenes y familias, donde advierte señales de un despertar espiritual que crece en medio de una sensación de vacío, del ruido, la hiperconectividad y la incertidumbre.
Oriundo de Mendoza, formado en Buenos Aires y con seis años de misión en Córdoba, Poccioni integra la comunidad Fasta Inmaculada Concepción y desde 2025 desarrolla su tarea pastoral en la ciudad. Desde ese lugar, brindó a LA VOZ DE SAN JUSTO su mirada sobre los jóvenes y una lectura del presente atravesada por los cambios culturales, sociales y tecnológicos.
- En la Iglesia se suele decir que el primer legado de Francisco fue la cercanía con la gente. ¿Cómo se traduce hoy eso en tu trabajo cotidiano con jóvenes y familias?
Creo que por un lado hay dos grandes tesoros que nos ha dejado Francisco en ese aspecto. Uno es el tema de la cercanía con la gente, pero una cercanía real, que implica tiempo, que implica estar cara a cara, que implica hablar, realmente estar. Y después lo otro es una actitud de mucha misericordia, de estar dispuestos a recibir y a abrazar a todos, sin reparos o condiciones. No es que tengo que cumplir cierta cantidad de requisitos como para acercarme a Dios o a la Iglesia, es para todos. La cercanía, entendida como presencia concreta y no como un gesto superficial, aparece como uno de los ejes centrales de ese legado. En un contexto donde la virtualidad muchas veces reemplaza al encuentro, esa dimensión adquiere un valor particular en la construcción de vínculos reales.
- Francisco impulsó una ‘Iglesia en salida’, más presente en las periferias y sectores más vulnerables. ¿Sentís que hoy la Iglesia en Argentina está logrando eso?
Sí, la Iglesia está. A veces se nos hace más difícil, a veces más fácil, acompañado o más solitario, pero está. También el mismo Papa, así como al principio insistía mucho con las periferias, después fue incluyendo más esta frase que repetía bastante: ‘todos, todos, todos’, como para que tampoco se transforme en una cosa exclusiva. La idea de una Iglesia abierta y en movimiento sigue vigente, atravesada por tensiones propias de un tiempo que exige respuestas complejas y sostenidas. Eso implica abrirse, no cerrarse, y entender que el mensaje es universal, que nadie queda afuera.
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- ¿Qué ves en los jóvenes hoy: más apatía, más bronca o más búsqueda espiritual? ¿Qué les está faltando?
Misteriosamente, en este tiempo se está dando un fenómeno de mucho retorno y de mucha disposición de despertar espiritual, particularmente en los jóvenes. Yo doy fe de eso en el contacto con los chicos en el colegio. Hay otra disposición a la hora de responder y de recibir el mensaje de la Iglesia. Vienen muchos con el planteo de un hartazgo y una sensación de vacío. Creo que es producto de muchas cosas, pero en general de las redes, del celular y de la falta de relaciones personales. Es la soledad. Y aparece con fuerza la pregunta por el sentido de la vida: por, para qué estoy, hacia dónde voy, qué sentido tiene lo que hago. Esa pregunta es muy valiosa y es el punto de partida de un camino. La aparición de ese vacío, lejos de ser solo un síntoma de crisis, se transforma en el punto de partida de una búsqueda. Creo que el legado de Francisco sigue vivo en los jóvenes que buscan sentido en medio de ese vacío.
- Pero un contexto donde incluso aparecieron casos extremos como tiroteos en escuelas, ¿qué señales estamos ignorando como sociedad?
Creo que una clave es la vida social, comunitaria y familiar. Cuando uno está bien acompañado, las alarmas se van viendo y se puede trabajar previamente. Cuando los jóvenes están solos, pueden aparecer situaciones en las que no se detectaron esas señales previas. Por eso hay que cuidar todo lo que es la familia, la vida comunitaria y las relaciones sociales, sea en el club, la escuela o la familia ampliada. La fragilidad de los vínculos aparece como una de las principales preocupaciones, y frente a eso la contención social resulta fundamental.
- Argentina atraviesa un clima de fuerte confrontación política y social. ¿La Iglesia debe tomar postura? ¿Actuar como mediadora? Cuando opina sobre temas sensibles, suele recibir críticas…
Hay ciertos temas que la Iglesia no debe callar y no se pueden negociar, como los que hacen a la dignidad del hombre y a la vida. Eso es muy claro. Ahora, después hay otros temas donde se tiene que dar lugar al diálogo, donde no hay una única respuesta y donde es necesario escuchar distintas miradas. Siempre van a haber críticas, se hable o no se hable, porque es parte de la realidad en la que vivimos. Hay que saber tomarlas con caridad, aprender también de ellas cuando tienen algo de verdad, y actuar con prudencia. La verdad y la caridad van de la mano, no se pueden separar.
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- En muchos lugares, el avance del consumo y el narcotráfico marca la vida de los jóvenes. ¿Qué rol real puede tener la Iglesia frente a eso?
Hay algo que es clave, que es estar y acompañarlos. Los jóvenes necesitan tiempo, necesitan que alguien los escuche y los ayude a discernir. Eso implica estar realmente, no del otro lado del Whatsapp. A veces se hace más difícil porque faltan manos y tiempo, pero creo que ahí es donde ellos tienen herramientas, solo necesitan a alguien que los acompañe para no recorrer ese camino solos. La presencia sostenida.
- Si tuvieras que resumir en una frase qué debería aprender hoy la Argentina del papa Francisco, ¿cuál sería?
Creo que hay que aprender a perdonar en serio; saber dar vuelta de página en muchas cosas de nuestra vida, de nuestra historia, sin negar lo que pasó, pero sin quedar atrapados en eso. Saber caminar para adelante, mirando hacia adelante, aprendiendo de la historia, pero sin quedarnos detenidos. Disponer el corazón realmente para perdonar es clave para poder construir algo nuevo.
- ¿Qué significa elegir ser sacerdote en 2026, los desafíos?
Primero, es hermoso, realmente es algo muy lindo. Es lo más opuesto a la ansiedad que hoy se vive, porque implica una confianza enorme en el plan de Dios y en su bondad. Es saber confiarse todos los días, sin tener todo controlado, sin saber exactamente qué va a pasar mañana, pero con la tranquilidad de que Dios está. Hoy vivimos en una sociedad que necesita controlar todo, que necesita certezas permanentes, y eso genera mucha angustia. En ese sentido, la vocación invita a vivir de otra manera, con más confianza, con más serenidad, y eso también se transmite.
- ¿Recordás el momento en que sentiste por primera vez la vocación? ¿Fue algo claro o un proceso con dudas?
Siempre que me acuerdo de ese llamado inicial me roba una sonrisa. Vengo de una familia muy creyente, con muchos hermanos, y en los últimos años del colegio apareció la posibilidad de ofrecerme y de hacer lo que Dios quisiera. No fue algo de un día para el otro, sino un proceso. Terminé el colegio, empecé a estudiar Administración de Empresas, y mientras estudiaba, esa inquietud seguía. De a poco, Dios me fue mostrando que me llamaba para esto, y fue un camino que se fue aclarando con el tiempo.
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- ¿Qué le dirías a un joven que siente una inquietud vocacional pero no se anima a dar el paso?
Le diría que no tenga miedo de hacer lo que ama, de ir detrás de eso que le mueve el corazón. Y si todavía tiene dudas, que se dé el tiempo para discernir, pero que no se quede paralizado. Que busque ese tesoro que es la oración y el silencio, que hoy está muy perdido. En ese silencio va a poder escuchar realmente lo que Dios le pide. Es algo que se tiene que dar entre Dios y uno, en ese diálogo personal. Después puede ayudar alguien que acompañe, pero la decisión nace ahí, en ese encuentro.
