El inglés que da vida: la historia de Martha Gieco
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La profesora lleva 47 años enseñando la lengua inglesa en Zenón Pereyra. La historia de una mujer que comenzó enfrentando todas las adversidades posibles y hoy vive para enseñar.
Cuando la recorrida por el Private English Center de la ciudad de Zenón Pereyra se detiene en una de las dos aulas que tiene el instituto, se observa en una de las paredes un sinfín de certificados, pero hay uno bien particular y es el que dice que Martha Gieco se recibió como profesora de inglés de la academia "Cultura Británica" en 1970.
47 años después, Martha sigue haciendo valer ese papel que cuelga junto a certificados de universidades extranjeras que validan que alumnos de ese, el primero y hasta hace pocos años único instituto de inglés de la localidad del oeste santafesino, ha preparado, instruido y sido la cuna de la lengua inglesa en una ciudad que cuando Martha empezó le decía que todo eso del inglés era una locura. Ella muestra esos certificados con mucho más orgullo que los propios.
Martha no dice su edad, acaso para no romper ese hechizo que la mantiene imperecedera físicamente y con una lucidez mental que le permitirá desde este lunes volver a abrir un nuevo ciclo lectivo en su instituto y continuar con las clases particulares en San Francisco.
"Cuando me recibí de la "Cultura" el primer año trabajé en un colegio y a los pocos años abrí el instituto. No fue fácil, nunca me importó mucho lo que dicen los otros a decir verdad, pero todos creían que era una locura, que a nadie le iba a servir y acá estoy", confiesa Martha a LA VOZ DE SAN JUSTO, sentada en su mesa que tiene acceso directo al lugar donde enseña.
Porque esa situación , que el instituto esté en una parte de la casa, o sea parte de la casa de Martha, es acaso la alegoría perfecta para describir la pasión que brota de Gieco cuando enseña y habla y habla de enseñar la lengua inglesa.
"La foto de la "Teacher"- así le dice su nieto Mateo- es pasada la medianoche, ir a decirle algo a la pieza y verla dormida con los lentes puestos, un libro apoyado en el pecho boca abajo y toda rodeada de hojas y exámenes", explica Mateo Aimaretti, uno de los nietos de Martha, que acompaña a este medio durante la entrevista.
En el aula
"Contraté a una contadora este año, porque el otro día me puse a revisar las cuotas impagas y me asuste", dice entre risas Martha que con eso parece explicar algo que va mucho más allá de una situación financiera: lo importante es que los chicos, y los grandes, y los que quieran aprender inglés estén ahí, aprendiendo.
Martha se sigue parando al frente de la clase, sigue yendo a cursos, sigue viajando a Inglaterra cuando puede. La docencia, se sabe, es algo que se ajusta a los dinamismos de los alumnos, a sus exigencias e intereses y el docente debe entenderlos para que la llegada al alumno no merme, y la reciprocidad entre alumno y profesor siga latiendo.
Martha reconoce sin embargo que han cambiado mucho las formas, sobre todo la atención por parte del alumnado para con los profesores, pero dice, no la intimida, sigue arrancando a las 8, parando un rato para almorzar y después sigue hasta que la noche ya está bien entrada en Zenón Pereyra.
Ganarse el respeto en inglés
Martha se recibió de grande, abrió el instituto de grande. Con una infancia plenamente rural y atendiendo a los estímulos por parte de sus padres, Gieco supo imponerse al qué dirán y ganarse un lugar trascendental en la formación cultural de un pueblo bien piamontés, cuando el inglés decían que era importantísimo pero a nadie le importaba tanto. Quizás por eso una de sus hijas comience este lunes en San Francisco también con las clases de inglés en su instituto. Quizás fue ese estímulo.
"A mi dar inglés me mantiene viva", dice Martha antes de que nos vayamos de su casa instituto. Y no está regalando un título para una noticia, lo dice porque eso la mantiene viva desde hace 47 años. Educando.
