El gran capitán y una huella imborrable
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En la continuidad de las entrevistas en vivo, a través del Instagram TV de LA VOZ DE SAN JUSTO, este miércoles dialogamos con uno de los grandes ídolos de Sportivo Belgrano en los últimos años: Luciano Mazzina. El gran capitán "verde", en una amena y distendida charla, repasó su carrera como futbolista y su inolvidable paso por la institución; también se refirió al ascenso obtenido en 2013 con el elenco de barrio Alberione y el cariño por el club y la ciudad.
En la continuidad de las entrevistas en vivo, a través del Instagram TV de LA VOZ DE SAN JUSTO, este miércoles dialogamos con uno de los grandes ídolos de Sportivo Belgrano en los últimos años: Luciano Mazzina. El gran capitán "verde", en una amena y distendida charla, repasó su carrera como futbolista y su inolvidable paso por la institución; también se refirió al ascenso obtenido en 2013 con el elenco de barrio Alberione y el cariño por el club y la ciudad.
San Francisco
No conocía mucho de la ciudad, la persona que me acercó a Sportivo Belgrano me dijo que era muy tranquila la ciudad, que me iba a gustar. Cuando llegué, hubo algunas cosas malas y mi señora me decía -entre risas-, a dónde nos metimos. Mi hija Renata nació en San Francisco. El cariño que le tengo a la gente de Sportivo y de la ciudad es recíproco. Tanto cariño me llena de orgullo, es como que uno dejó una semillita para siempre. Algo que siempre me enseñaron es ser agradecido, de la gente que te abre sus puertas y su corazón.
Daniel Primo, el DT que lo marcó
El primer año en el club fue bravo, estuvimos peleando la permanencia. Se dieron un par de situaciones que no fueron las mejores pero más allá de eso pudimos mantener la categoría de la mano de Daniel Alberto. Luego renové y llegó Daniel Primo, que fue a mi entender el gran artífice para cambiarle la cabeza a la directiva y a todos en el club, fue el mentor del profesionalismo en Sportivo Belgrano. Además armó un equipo muy competitivo, peleamos siempre por ascender. Fue alguien que me marcó mucho. Al día de hoy, cada vez que uno lo llama, siempre está bien predispuesto, tiene una palabra o un consejo. Es alguien que me marcó mucho, que me hizo sentir importante. Eso es necesario para el jugador y se lo agradezco siempre.
Grandes amistades
Por la gente con la que traté, fue tan importante Sportivo Belgrano en mi vida: me dejó grandes amistades como Juan Pablo Vojvoda, "Juampi" Francia, "Juanma" Aróstegui, Agustín González Tapia, Fabricio Franceschi. Es difícil hacer amistades en el ambiente del fútbol y en Sportivo las pude realizar. Y fueron relaciones sanas. Vojvoda fue muy importante para el armado del grupo en esos años, para el cambio de ideología. Venía de Europa y es una persona muy culta. Yo lo aprecio mucho, no solo por lo que fue dentro de la cancha sino para el grupo. Es buena gente de verdad.
El ascenso de 2013
Con ese gol de Santamarina, faltando tan poco, creí que no se nos iba a dar. Era una mochila personal. En Quilmes tuve la mala suerte de perder cinco finales, que me dolieron muchísimo, después otra con Estudiantes de Caseros y veía como esta final se nos estaba escapando, ya empezaba a plantearme que el problema era yo, no podía ser. Encima me tocó vivirla de afuera. Cuando cobran el penal fue como volver a vivir. No lo vi al penal, no pude. No me hubiese gustado estar en los zapatos de Juanma, más aun sabiendo todo lo que había pasado tiempo atrás. La determinación para patearlo es admirable, era un penal que iba a cambiar la historia. Cuando hizo el gol, fue volver a sentir el cuerpo. Fue una alegría que no había vivenciado nunca, un ascenso. Se daba en un momento donde la curva del futbolista iba para abajo, no para arriba por mi edad.
Expulsión y gol anulado en la primera final
Me tocó hacer mi único gol jugando en Sportivo en Tandil, en la final de ida, que fue anulado increíblemente. Al día de hoy lo sigo viendo y no sé qué se cobró. Pienso lo que hubiese significado ese gol, era una especie de revancha personal por todo lo que había vivido. Pese a la labor arbitral, previo al partido, yo sentía y sabía que no lo íbamos a perder. Tenía esa sensación en el vestuario, son inexplicables pero son tangibles, se pueden sentir. Al partido lo jugamos con inteligencia, sabiendo que teníamos un plus. Cuando me echaron, no lo podía creer. Entré al vestuario y no paraba de llorar. Para un jugador no hay nada más lindo que jugar una final, encima por cómo estaba el estadio.
Los festejos del ascenso
Lo que se vivió tras el ascenso es inexplicable. Les contaba a mis amigos que los festejos me rememoraron a la época en la que Argentina salió campeón en el 86, con las calles colmadas de gente. La Plaza Cívica, ese día, estaba rebalsada de gente. Lo que viví fue muy significativo, no me lo voy a olvidar nunca.
Liderazgo
Nunca me creí el rol de líder para dar órdenes. Sí lo puedo sentir en el sentido en que traté de ser el primero en llegar a entrenar, en quedarme después del entrenamiento, en cuanto a las demostraciones de conductas. Pero el rol de decir se va a hacer esto, nunca fue con mi forma de ser. Si fui reconocido como tal, fue más por hacer que por decir. En la adversidad seguir metiéndole, ponerle el pecho a las cosas, dar la cara, no esconderse. El liderazgo que me atribuyen pasa más por el lado del sacrificio, la lucha.
¿Te gustaría volver a Sportivo?
Nunca le cierro la puerta. Uno fue feliz ahí, encontró su lugar en el mundo. Además, siempre se dieron todas las circunstancias para que se transformara en mi lugar en el mundo, se dieron buenos grupos, hubo muy buena gente. Lógicamente que con el tiempo las cosas cambian, pero la idea o el hecho de ayudar a Sportivo, desde el lugar que sea, es algo que me encantaría. Mi nena nació en San Francisco y siempre me pregunta cuándo vamos a ir a su ciudad, me encantaría. Ahora, no estoy ejerciendo como entrenador (sí lo hizo a nivel formativo en Mar del Plata), sé que tengo que seguir capacitándome, seguir leyendo, hablando con compañeros y entrenadores. El fútbol es lo que hice siempre, lo que me apasiona, ojalá algún día se dé la posibilidad de volver.
