El estado del adoquinado
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Su conservación es tan importante para la seguridad al transitar como para proteger el patrimonio histórico de la ciudad.
El empedrado de las calles céntricas de San Francisco es una marca registrada de la ciudad. Es patrimonio histórico, por lo que exige ser preservado tal como está y mantenido de la mejor manera.
Desde siempre ha sido así. Las distintas administraciones municipales han contribuido a proteger el paisaje urbano dominado por los adoquines, nacidos de polémicas muy fuertes sobre aspectos de la obra hace casi un siglo y todavía vigentes hoy. El cuidado y la protección de estas calles es una tarea esencial del municipio, pero también compete a cada vecino, en la obligación de velar por la preservación de este patrimonio.
En este contexto, cada tanto aparecen roturas o hundimientos en las calles de piedra que generan fuertes trastornos para los distintos vehículos que transitan por ellas. La zona de la Terminal de Ómnibus es uno de los puntos más "calientes", pero son varias las calles que presentan deformaciones no muy grandes, pero lo suficientemente riesgosas como para atenderlas. Si un automóvil sufre al encontrarse de repente con un pozo de dimensiones variables, ni qué pensar lo que sucedería si un motociclista o un ciclista no estén advertidos de la situación. Entonces, para evitar situaciones de riesgo, se torna imprescindible que el adoquinado sea objeto de tareas permanentes para que su estado sea el adecuado.
En la antigua Roma, cuna de la civilización, nació esta manera de construir una superficie de rodamiento más pareja. La duración de las antiquísimas vías en la capital italiana, muchas de las cuales son visitadas por los turistas del mundo, testimonian la calidad del trabajo realizado hace miles de años y también las bondades del sistema de pavimento segmentado, como lo llaman los especialistas. Porque no sólo el empedrado constituye un rico patrimonio histórico que se entronca con la vida cotidiana de los sanfrancisqueños. Se constituye así en un factor de identidad sustancial para los habitantes de esta ciudad. Pero además, cuenta con una ventaja que no tiene el pavimento "común": drena mejor el agua de lluvia, lo que es muy importante en una urbe en la que sus calles céntricas se anegan con las lluvias.
Por ello, es necesario que el adoquinado mantenga un buen estado en todos los períodos del año y que los encargados de preservarlo vigilen constantemente su posible deterioro. No sólo porque así se garantiza la seguridad en la circulación vehicular, sino también porque se resguarda un elemento muy valioso que nos remite a la más rica historia de esta ciudad.
