El duro oficio de los ladrilleros, golpeado por la crisis y el frío
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Un sector golpeado por la caída del poder adquisitivo y el frío. "Hace dos o tres años vendíamos 10.000 ladrillos por semana mientras que hoy vendemos 2 o 3 mil cada 15 a 20 días", afirma Julio Salas, del cortadero ubicado a unos 2 kilómetros del inicio de la ruta provincial 1.
Cada día, desde las primeras horas, la familia Salas inicia su rutina de fabricación de ladrillos que extiende hasta las últimas horas de la tarde.
En todo ese tiempo, Julio Salas y sus hijos se dedican a la extenuante tarea en el cortadero de su propiedad, ubicado a unos 2 kilómetros del inicio de la ruta provincial 1.
Pese a las bajas temperaturas, la jornada empieza muy temprano en ese lugar, al igual que ocurre hace 30 años, más allá de que en el último tiempo la producción haya disminuido a causa de la combinación entre crisis económica y competencia dispar que plantea la comercialización de ladrillos cerámicos realizados de manera industrial con los cuales muchas veces se hace difícil lidiar por una cuestión de costos.
El propietario del cortadero, Julio Salas, quien desde hace 48 años se dedica al oficio, reconoció a LA VOZ DE SAN JUSTO que "se vende muy poco" últimamente y explicó que sus clientes "son compradores particulares, familias que nos conocen y vienen a comprarnos".
Si bien explicó que la mayoría de los clientes "compra ladrillos para ampliar viviendas o propiedades", dijo que la puesta en marcha de créditos hipotecarios por parte del gobierno o bien del programa Procrear "no nos favorecen en nada porque la gente va a comprar en otro lado, tienen la costumbre de trabajar con gente de afuera en lugar de hacerlo con los de la ciudad".

Ante la crisis económica, la inflación, la caída del poder adquisitivo y la competencia industrial, el sector de ladrillería se ve afectado por la situación y los trabajadores aseguran que "se vende muy poco".
Al hacer referencia a la composición del emprendimiento productivo, Salas contó que "somos cinco familias que trabajamos en torno al cortadero compuesto por hijos, nietos, sobrinos, etc." quienes se para sacar la producción de unos 3.000 ladrillos por día que luego espera por los clientes.
El entrevistado insistió con que la venta "está floja" y dijo que esta situación se reitera "desde hace un año cuando comenzó a caer mucho la demanda".
En cuanto al producto que fabrica, especificó que "hacemos el ladrillo común, el clásico" y admitió que la producción de ladrillos huecos "nos causó mucho daño porque muchos sostienen que es más barato aplicar ese producto en una obra".

Un aroma similar al de la pólvora quemada revela que se encendió un horno para empezar a cocinar ladrillos que servirán para construir paredes.
Aguantar el frío
La fabricación de ladrillos es una actividad que ineludiblemente se debe realizar al aire libre con todo lo que ello implica, frío incluido, como en esta época del año. Cuando esto sucede, según explicó Salas, "no queda otra que aguantar, porque sabemos que si no hacemos nosotros este trabajo, lo va a hacer otro. Esto es así, hay que trabajar afuera, al aire libre, en cualquier momento del año, por más frío que haga, hay que aguantar".
Una jornada de invierno comienza poco después de las 8 y continúan trabajando de corrido hasta las 17 mientras que en verano el trabajo arranca con el amanecer y finaliza en las primeras horas de la tarde para mitigar las altas temperaturas.
Salas comentó que la receta para el armado de un buen ladrillo "es simple", porque "lleva tierra, viruta y agua. Acá tenemos la tierra y el agua y la viruta la tenemos que comprar en los aserraderos y la leña para los hornos la vamos a buscar al campo".
Los clásicos hornos donde se cocinan los ladrillos funcionan "durante unas 20 horas corridas" y precisó que "para cocer 10 mil ladrillos se necesitan unos 6.000 kilogramos de leña".

No es un buen momento para la ladrillería
artesanal.
Un oficio en familia
Salas contó que "la tarea se va repartiendo entre los distintos miembros de la familia. Acá ayudan mucho los chicos que son los que tienen la fuerza y la juventud". De inmediato aclaró que "con esto comemos, esto no es para hacer plata. Apenas si alcanza para vivir y no mucho más. Hoy no se vende mucho porque todo está parado".
En plano de comparaciones recordó que "hace dos o tres años vendíamos 10.000 ladrillos por semana mientras que hoy vendemos 2 o 3 mil cada 15 a 20 días y a esto hay que agregarle que somos muchos para vivir de esto".
Tras el cortado del ladrillo colocando la mezcla en los moldes y que luego durante 15 días se sequen en pila, finalmente van al horno a quemarlos durante alrededor de 20 horas y una vez que esa tarea concluye se termina con el proceso de elaboración del ladrillo.
Según explicó Salas, "estamos quemando un horno por mes, de 20.000 ladrillos que luego están listos para la venta. Esta es una actividad que demanda mucho gasto porque hoy todo se tiene que comprar cuando antes la viruta la regalaban, ahora la tenemos que pagar".
Por último, señaló que "por más inconvenientes que pasemos en estos tiempos difíciles tengo que decir que esto es lo que sé hacer y lo hice durante 48 años. Desde los 7 años estuve dentro del cortadero que fundó mi padre. Ya tengo 55 años y en cualquier momento quedan los chicos con todo esto. Ojalá que la situación mejore para que todo el mundo pueda vivir un poco mejor".

