El desafío de ser estudiante en este tiempo
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La alegría de este día tan particular en la vida de un joven también puede ser una oportunidad para reflexionar sobre qué significa ser estudiante en un tiempo dominado por las pantallas, la desinformación y la inteligencia artificial, donde formar criterios y fortalecer valores resulta fundamental.
La llegada de la primavera significa renovación y reverdecer. Es una fecha simbólica que engloba a alegría y la creatividad y que expresa con claridad la perenne oportunidad de refrescar la existencia humana y de reencontrarse con las fuerzas que permiten salir de los inviernos que, por momentos, agobian el alma.
Para los antiguos, esta estación del año referenciaba la flor de la edad. Por ello, los jóvenes son hoy los protagonistas de una jornada que siempre alberga entusiasmo, colorido y disfrute. La tradicional celebración del Día del Estudiante es una oportunidad propicia para recrear la amistad y celebrar la vida.
Es verdad que ha crecido el “negocio” del Día del Estudiante. Las ofertas de diversión diurna y nocturna son numerosas y a veces alteran las dinámicas familiares. Los gobiernos se han sumado, la mayoría con el doble propósito de aportar a que la fiesta de los estudiantes tenga el brillo que merece y encuadrar la celebración en un marco que impida alteraciones o desbordes pero no opaque el sentido de la celebración.
El festejo es una tradición. Que, como todas, se reformula o recrea con el tiempo. Aquel picnic que varias generaciones disfrutaron el 21 de septiembre ha mutado hacia las estudiantinas que congregan a los adolescentes y jóvenes en espacios abiertos incluyendo actividades variadas y espectáculos musicales. Todo ello bajo la consigna de que el consumo de bebidas alcohólicas no sea norma.
En este marco, el optimismo y la renovación de corazones que implica el arribo de la primavera y el Día del Estudiante merecen ser aprovechados en toda su dimensión. Es un momento que queda en la retina de todos los que alguna vez participaron del festejo junto a sus amigos y compañeros. Es una jornada que debe ser un tributo a la amistad y a la convivencia.
Así también puede ser posible que la alegría bien canalizada de este día tan particular en la vida de un joven implique reflexionar acerca de qué significa ser estudiante en un tiempo dominado por el abuso de las pantallas, la desinformación y el desafío de la inteligencia artificial. En todas las épocas quien aprende el oficio de ser estudiante afronta retos no siempre advertidos para acceder al conocimiento. Hoy esos obstáculos están a la vista. En la actualidad, los conceptos que se impartieron siempre en el aula están a un clic de distancia y la inteligencia artificial desarrolla tareas que antes demandaban mucho esfuerzo. La pereza reflexiva es una amenaza cierta.
Frente a ello, el ser humano tiene la imperiosa necesidad de formar criterios para manejarse con sentido crítico frente al aluvión tecnológico. Y de reforzar valores que le permitan discernimientos éticos fundamentales para afrontar la automatización de la vida en todos los órdenes y ámbitos.
Quizás esta reflexión no llegue al joven que hoy se apresta a celebrar su día con el entusiasmo y el ímpetu que son propios de su edad. Posiblemente deba profundizarse en otra ocasión y en los ámbitos familiares y escolares. Sin embargo, no es posible ignorar el desafío del momento actual de la humanidad y que no solo involucra a quienes hoy se congregan para celebrar la llegada de la primavera. Porque, como afirma la canción que se escuchaba en muchas escuelas cuando el timbre llamaba al ingreso, estudiantes también son “los que lo fueron antes”, puesto que “por suerte tienen de estudiantes para toda la vida el corazón”.
