Vóley
El ascenso que nació en casa: las voces de El Tala campeón
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/voley_el_tala.jpeg)
Con un plantel conformado en su totalidad por jugadoras surgidas del club, El Tala construyó un ascenso con identidad propia. La remontada épica en semifinales, el respaldo de la ciudad y el sentido de pertenencia fueron las claves de un equipo que primero fue por el objetivo y después se animó a soñar en grande.
El Tala escribió una página dorada en la Liga Federal femenina. Ascendió, gritó campeón y confirmó que el sueño que empezó a gestarse puertas adentro del club hoy es realidad. Pero detrás de la copa y del pasaje a la A2 hay algo más profundo: un grupo que se formó en la institución, que creció junto y que entendió desde el primer día que el gran objetivo era subir de categoría. El título fue la consecuencia.
Las entrevistamos en El Talita, en Larrea 2231. Ahí, entre pelotas que todavía rebotaban contra la pared y nenas que miraban de reojo a sus referentes, las campeonas volvieron a su punto de partida. En ese rectángulo donde empezaron a entrenar de chicas, donde aprendieron a caer y levantarse, hoy celebran un ascenso histórico. No es casualidad: el sueño federal nació ahí, en ese espacio que mezcla infancia, esfuerzo y pertenencia.
El recorrido no se construyó de un día para el otro. En un verano donde el vóley volvió a ganar protagonismo en San Francisco, el equipo llegó al Federal con una convicción clara: competir de igual a igual. “Desde los amistosos ya nos veíamos con muchas ganas de lograr el ascenso”, contó Nadir Sacco. Damaris Primo (15) recordó ese primer parámetro fuerte: “Cuando jugamos contra San Isidro y fue parejo, ahí presentí que algo nos íbamos a traer”.
La identidad del grupo aparece en cada respuesta. “El Tala es mi casa”, “es mi familia”, “es mi segunda casa”. No es una frase repetida al pasar: es la síntesis de un plantel que, en su mayoría, se formó en el club y volvió a juntarse para dar el gran golpe.
Ana Paula Vaca, con apenas 15 años, lo vivió como una experiencia formativa. “La Primera nos acompañó mucho a las más chicas. Cuando empezamos a remontar la semifinal, ahí sentí que esto tenía que ser nuestro”, dijo. El objetivo siempre fue el ascenso.
Amparo Miguel (20) ubicó el clic en la fase de grupos: “Cuando quedamos primeras en la zona, que era difícil, y ganamos con autoridad, ahí nos dimos cuenta de que podíamos llegar lejos”. Para ella, la semifinal fue el verdadero punto de quiebre: “Queríamos el ascenso sí o sí. La final la jugamos más relajadas”.
Esa semifinal ante UPCN quedó grabada en la memoria de todas. Dos sets abajo, el tercero también cuesta arriba y el ascenso pendiendo de un hilo. Valentina Suárez (20) lo resumió: “Fue el más difícil. Estábamos tan cerca de lograr lo que habíamos ido a buscar y empezar 0-2 fue durísimo”. Sofía Toriano (19) coincidió: “Por un momento no veíamos salida. Pero entre todas y con las ganas que teníamos lo sacamos adelante”.
La remontada tuvo ajustes tácticos, pero sobre todo carácter. “Cambiamos cosas del juego y funcionó”, explicó Nadir. Sin embargo, la mayoría apunta a algo más emocional: el deseo de hacerlo por el club, por la camiseta y por el proceso compartido. También resaltaron el rol del cuerpo técnico en los momentos críticos, con indicaciones claves cuando el partido parecía escaparse.
Isabella Giorgiotti (17), que disputó su primer torneo de este nivel, confesó que el clic llegó al cerrar una gran fase de grupos. “Ahí dije: tenemos oportunidad. La semifinal fue de película”. Anto Bossio (19), que venía de una lesión, lo vivió como un renacer: “Fue una experiencia única, inolvidable”.
Lucía Miguel (25), una de las referentes y líbero del equipo, aportó la mirada del recorrido. “Es un torneo largo, paso a paso. Cumplimos cada objetivo hasta llegar al partido del ascenso, que empezó mal pero lo pudimos dar vuelta. Fue pura emoción”. Para ella, el logro trasciende lo deportivo: “El vóley fomenta el trabajo en equipo y el carácter. Eso es fundamental”.
Guadalupe Miguel (20) también dejó en claro lo que representa el club en su vida. “El Tala es mi familia. Juego desde los cinco años, pasé por muchos entrenadores, muchas compañeras, millones de torneos. Ya se hizo rutina venir al club a entrenar, a jugar y a pasar el tiempo”, contó. Para ella, el ascenso es la confirmación de años de esfuerzo, pertenencia y crecimiento compartido dentro de la institución.
Sofi Miguel (20), elegida MVP, lo explicó con claridad: “Cuando íbamos 0-2 dijimos: acá no se nos va. Ascender era el objetivo principal. El título fue el broche”. Y agregó un detalle que refleja el impacto del logro: “Se revolucionó la ciudad. Las nenas ven que pueden empezar a los cinco y llegar a jugar una Liga”.
El apoyo a la distancia también fue motor. Familias siguiendo los partidos, mensajes constantes y un club pendiente de cada set. “Se notaba que había gente apoyando desde acá”, contaron. Esa conexión fortaleció el vínculo entre el plantel y la ciudad.
Ahora el desafío será la A2, una categoría que exigirá más en todo sentido: competencia, preparación y estructura. Pero el equipo llega con una certeza que vale tanto como el título: hay base, hay identidad y hay pertenencia. Y cuando un club logra que sus jugadoras digan “es mi casa”, el resultado es apenas la punta del iceberg.
Porque si algo dejó este Federal es una certeza: el ascenso no fue un golpe aislado ni una hazaña circunstancial. Fue el resultado de años de trabajo silencioso, de entrenamientos en invierno y en verano, de inferiores que sostuvieron la ilusión cuando el contexto no siempre acompañaba. Fue el premio a un proyecto que decidió creer en lo propio.
En El Talita y en la sede de Avellaneda y Larrea no solo se celebró un campeonato: se celebró un camino. Las más chicas miran ahora a las campeonas sabiendo que ese recorrido es posible. Que no hace falta irse lejos para soñar en grande. Que el club puede ser punto de partida y también de llegada.
La copa ya descansa en las vitrinas. El ascenso quedó en la historia. Pero el legado más fuerte está en lo que viene: más chicas acercándose al vóley, más sentido de pertenencia y un proyecto que confirmó que los sueños, cuando se construyen desde adentro, se vuelven inevitables.
