El “Angel de la patineta”
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El abogado sanfrancisqueño, Emilio Cornaglia, desarrolla un proyecto deportivo-social a través de una Escuela de Skate en la popular Villa 31 de Retiro. Una muestra de solidaridad y vocación de servicio.
Se sabe que el deporte como tal genera un efecto saludable pero al mismo tiempo se transforma en una herramienta social, más aún cuando su práctica se lleva a cabo en lugares marginales donde se busca un cambio de actitud en las personas, trabajando en el desarrollo de valores como la colaboración, la amistad y el respeto que favorezcan su educación.
La puesta en marcha de iniciativas de inclusión social centradas en la actividad física no se trata de una novedad, pero quizás sí que un abogado sanfrancisqueño -trabaja como auditor de campo en AGN (Auditoría General de la Nación)- esté involucrado en un plausible proyecto que se viene desarrollando en la Villa 31 o barrio Carlos Mugica de la ciudad Buenos Aires, a través de la enseñanza del skate con el que se busca despertar vocaciones.
Así Emilio Cornaglia (34), desde hace dos años todos los sábados tiene una cita impostergable. Desde su barrio de Monserrat, ya sea en bici o en subte se traslada hasta el populoso asentamiento donde dirige la escuelita de ese deporte urbano que lleva como nombre: "31 Escuela de Skate" y que hasta la irrupción de la pandemia de coronavirus contaba con 60 alumnos, de entre 3 y 16 años.
El "Búho", tal su apodo, es uno más de ese equipo de voluntarios que semanalmente deja de lado sus ocupaciones y se pone en el rol de instructor deportivo para pisar de ex profeso un escenario riesgoso, plagado de carencias, pero claro, si la firme intención pasa por cambiarle la deteriorada imagen que muchos discriminan. De abrirle un abanico de posibilidades a los menores pensando en su futuro.
Auténtica demostración de valentía y amor al prójimo, sin otra retribución que la de sentirse satisfecho interiormente por el crecimiento de sus alumnos, esos a los que les está cambiando las vidas mientras se deslizan con sus tablas. Una experiencia única que Emilio contó en comunicación con LA VOZ DE SAN JUSTO.
-¿Con qué objetivo se creó la escuelita de skate?
-La escuela comenzó a funcionar a fines de 2018 y el objetivo fue para que niños, niñas y adolescentes del barrio puedan jugar, divertirse a través de la práctica del skate, pero a su vez también trabajar sobre diversos valores, aprendizaje que transmite este deporte como ser la constancia, esfuerzo, sacrificio, el trabajo en equipo.
Por otro lado desarrollar ciertas cuestiones culturales, artísticas, que están muy vinculadas al skate como por ejemplo la fotografía, el vídeo, el arte plástico en general, la música. Bueno, esa propuesta comenzó con un grupo pequeño de chicos, eran cinco o seis, luego creció y se expandió, antes de la pandemia teníamos 60 niños y adolescentes entre 3 y 16 años.
Hacíamos clases gratuitas todos los sábados por las mañanas en un espacio que se llama Playón Ledesma en la Manzana 99 del barrio 31 bajo la autopista Illia frente a la Casa de la Cultura donde también hay construido un bowl (pista de skate) profesional que también le enseñamos a usar a los chicos.
-La aparición del coronavirus frenó la actividad...
-A partir de la cuarentena que fue a mediados de marzo no pudimos desarrollar más las clases de skate y con una amiga que se llama Caterina quien daba clases de apoyo escolar de manera presencial en el barrio, charlamos en la situación en que iban a quedar estos chicos que pertenecen a familias que hacen trabajo informal, que no tienen una formación específica y que iban a tener con sus hijos en condiciones complicadas.
Entonces se nos ocurrió formar un grupo que realice apoyo escolar de manera virtual y hoy somos más de cien personas voluntarias de distintos puntos del país que ayudan a la mayoría de los niños que participan de la escuela de skate como a otros niños que se sumaron en este tiempo.
Entendemos que el desarrollo de la educación para los niños, además de ser su derecho, es fundamental para su futuro y por eso hacemos un gran esfuerzo por fortalecer la trayectoria educativa de ellos, acompañándolos a hacer sus tareas con talleres artísticos- culturales también como marionetas, collage. De hecho mi hermana Sofía quien vive en San Francisco es profesora de uno de estos talleres artístico vía online.
-¿Hay un equipo de trabajo en este proyecto?
-Hasta el momento de la irrupción de la cuarentena éramos doce personas que tratábamos de generar el sostenimiento de las actividades y el crecimiento de la escuela como tal para poder garantizarle a los chicos que se acercaban las mejores condiciones para poder practicar la disciplina.
En el grupo de apoyo escolar somos tres y cómo decía participan más de cien personas como voluntarios dando apoyo escolar.
-¿Qué te impulsó a tomar parte de este proyecto entendiendo que por tu profesión podrías moverte solo en tu zona de confort lejos de esas preocupaciones?
-Cuando fui estudiante universitario forme parte del Movimiento Estudiantil, estuve muy comprometido con la participación política como estudiante y ciudadano, de hecho fui electo presidente de la Federación Universitaria Argentina desde el 2012 al 2014.
Bueno, es una forma de vida que tengo, una vocación por ayudar, por participar, por hacer cosas tratando de que nuestra sociedad sea un poco más justa, más igualitaria.
En este caso la Villa 31, es un lugar muy característico de la desigualdad en nuestro país. Es un barrio donde viven más de 40 mil personas. Eso hace que sea una vida con condiciones de marginalidad, pobreza, al trabajo informal del que vive la gente se le suman condiciones de hacinamiento, vive mucha gente en espacios muy reducidos, a veces con déficit de los servicios públicos y a su vez con el ingrediente tan complejo de la marginalidad, discriminación de que por vivir en una villa son peores personas.
-¿Tuviste miedo de trabajar en una zona marginal?
-La verdad que miedo no tuve nunca, pero somos conscientes de que trabajamos en un espacio de peligro, de mucho riesgo, pero eso nos hace ser muy respetuosos y estar con los ojos bien abiertos cuando ingresamos al barrio.
También nos pasa que los mismos niños y familias que viven ahí nos hacen sentir protegidos y nos hacen sentir en casa.
-Lo cierto es que no te importó arriesgarte en un medio peligroso...
-Soy consciente de las condiciones que tiene el barrio y sabía muy bien donde estaba metiéndome, pero justamente lo que se trata de cambiar es eso, que el barrio deje de ser un lugar peligroso, inseguro y se convierta a través de la educación y el deporte en un lugar seguro para todos los chicos que viven ahí.
-¿Esta tarea que realizas te ayudó a ver la vida de otra manera?
-Me hizo ver los grandes problemas estructurales que tiene nuestro país, me hizo tener mucha empatía con la gente que está en esa situación de emergencia, me hizo ser consciente en cierta manera lo importante que fue para mí la educación que me brindó mi familia y después haber seguido estudiando, esforzándome por tener un futuro mejor.
-¿Cuál es la retribución?
-La retribución tiene que ver con una satisfacción personal, con la alegría de poder compartir experiencias y momentos con un montón de gente, familias y niños con los que hace ya casi dos años que nos conocemos y que realmente estamos mutuamente agradecidos de todas las cosas que hemos vivido.
En ese sentido del crecimiento que tuvieron los chicos, en algunos casos tenían problemas de socialización y un montón de conflictos y tristezas que vivían y que a través de lo que hacemos nosotros pueden divertirse, ser libres y obviamente, repito, poder fortalecer sus valores y el aprendizaje para tener un mejor futuro.
-¿Imaginabas que saber andar en skate te iba a servir en el futuro?
-Aprendí a andar en patineta de grande, cuando me fui a estudiar a Córdoba ahí conocí el skate, empecé a practicarlo. La verdad que sí, porque siempre me imaginé teniendo participación social de hecho lo hice cuando fui estudiante. Tal vez no me hubiera imaginado terminar haciendo actividades en este lugar tan emblemático, creo que es una de las villas o barrio más famoso de la Argentina y en el mundo entero y creo que con nuestro humilde aporte estamos cambiándole la vida y el futuro a cientos de niños y familias de ahí.
-¿Necesitan de constante ayuda?¿Existe una manera de colaborar?
-La ayuda más importante que podamos tener es que nos sigan en nuestras redes sociales, tales como @31escueladeskate, @apoyoescolarbarrio31 y @buhocornaglia.
Habitualmente hacemos colectas solidarias, por ejemplo la última fue por el Día de las Infancias en donde juntamos juguetes, ropa, dispositivos electrónicos como tablets y celulares para garantizar la conectividad de los niños, que fue éxito. En el futuro seguiremos haciéndolo y quien quiere colaborar puede hacerlo.
-¿Extrañas las clases?
-Sí, por supuesto que se extraña. Estamos ansiosos que se levante la cuarentena para volver a encontrarnos con nuestros alumnos. Creo que después de esto volveremos más conscientes de que nos tenemos unos a los otros.
Una historia de solidaridad y vocación de servicio, también una manera de seguir honrando el legado altruista de papá Emilio quien fuera bombero voluntario. La historia de un abogado que de pronto, como aquellos viejos superhéroes, sale al rescate de los más necesitados, sin antifaz alguno y menos llevando capa o escudo, simplemente a cara descubierta y enarbolando la insignia del skate, por lo que el mote de "Angel de la patineta" no le sentaría nada mal.





