Educar para la salud emocional tras la pandemia
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La pandemia impactó fuertemente en las emociones de niños y adolescentes y las consecuencias se reflejan la escuela. Pérdida de autonomía en el aprendizaje, incertidumbre, ansiedad, angustia, menos motivación, son algunas de las dificultades que presentan. La psicopedagoga Silvana Busato y la docente Silvana Romagnoli analizan la situación y destacan la importancia de educar también en habilidades socioemocionales.
Por Isabel Fernández|LVSJ
Chicos más vulnerables, llenos de incertidumbre, con ansiedad, angustia, depresión, menos motivación, pensamientos poco positivos con respecto a los proyectos de vida, son el resultado del fuerte impacto emocional que la pandemia de covid-19 provocó en niños y adolescentes y que se refleja en los establecimientos educativos de la ciudad con el regreso de la presencialidad.
Después de un año y medio de no habitar la escuela, de no encontrarse presencialmente con sus compañeros y profesores, los estudiantes de todas las edades sufren dificultades como la pérdida de autonomía para el aprendizaje o problemas para vincularse.
Además, especialmente muchos adolescentes, viven realidades que no son las habituales para su edad ya que muchos -debido al impacto económico de la pandemia que dejó a muchas familias sin trabajo y sustento- debieron salir a trabajar para colaborar en su casa.
¿Cómo ayudarlos a lidiar con las emociones que surgen de esa situación?. ¿Cuál es el desafío que enfrentan profesores, maestros, familias y ellos mismos para volver a encontrar el interés y reforzar el vínculo con la escuela?.
"La pandemia que atravesamos reafirma la necesidad de preparar a los estudiantes en el manejo de las emociones", aseguró a LA VOZ DE SAN JUSTO la psicopedagoga Silvana Busato (MP-322084) quien analizó junto a la directora del Colegio Superior San Martín, Silvana Romagnoli, la realidad que viven en las escuelas actualmente con el regreso de la presencialidad.
Busato afirmó que tanto en la escuela como en el consultorio "hay muchos chicos que cada vez más expresan lo que sienten, se los advierte vulnerables y con incertidumbre. Esta situación implica un cambio de vida, un repensar el rol del estudiante que está teñido de emociones. El desarrollo emocional es tan importante como el académico".
Remarcó en ese sentido que hoy "más que nunca es necesario desarrollar en forma consciente y sistemática las habilidades socioemocionales que necesitan los estudiantes para afrontar circunstancias cambiantes e inciertas".
"Las habilidades socioemocionales son parte de la inteligencia social que incluyen habilidades para percibir, valorar y expresar las emociones, acceder o generar sentimientos que faciliten el pensamiento, comprender las emociones y regularlas promoviendo un crecimiento emocional e intelectual", dijo.
Desarrollar "madurez emocional"
Busato destacó que más allá de los contenidos por aprender, "es fundamental que las escuelas acompañen para desarrollar 'madurez emocional', ya que así, los chicos estarán mejor equipados para adaptarse a nuevas situaciones, para dominar el miedo y la angustia que causa este modo de transitar no sólo la escuela, sino la vida".
"La capacidad de los niños para afrontar situaciones no es innata, es adaptativa, y entrenable, se aprende, por eso, insisto en que potenciar el conocimiento de las emociones en la escuela permite que el proceso de aprendizaje sea más efectivo. Despierta curiosidad, estimula la atención, la motivación y la memoria. El manejo de las emociones juega un papel fundamental en el proceso de aprendizaje", aseguró.
"Más allá de los contenidos por aprender, "es fundamental que las escuelas acompañen para desarrollar 'madurez emocional', ya que así, los chicos estarán mejor equipados para adaptarse a nuevas situaciones, para dominar el miedo y la angustia que causa este modo de transitar no sólo la escuela, sino la vida".
Angustia y pocos hábitos
Muchos chicos experimentan angustia al volver a la presencialidad con todo el grupo de compañeros, en la escuela se suele escuchar "era mejor antes cuando éramos pocos en el aula" o "era mejor virtual".
"Estas expresiones reflejan el malestar que muchos sienten, las dificultades para establecer vínculos e interactuar y con ese sentir el aprender tiende a obturarse -explicó la psicopedagoga-. Por otra parte, hay escasos hábitos de estudio, pocas horas dedicadas para estudiar, que traen como consecuencia resultados no esperados".
Ante esta situación, la escuela flexibiliza y ofrece propuestas para recuperar aprendizajes pendientes, brindando instancias de "recuperación", esto posibilita al estudiante asimilar conocimientos y trabajar en función a las particularidades de cada uno.
Haciendo una lectura de las trayectorias escolares, desde el nivel inicial al nivel medio, Busato advirtió en los estudiantes "un aumento en el desarrollo de las capacidades de percepción, comprensión y regulación emocional. Si se destina tiempo en las instituciones escolares para abordar este aspecto, los resultados serán siempre beneficiosos. Un estudiante alegre, contento, predispuesto, va a adquirir un rol activo, atento y receptivo para aprender".
Por eso dijo que resulta "valioso invertir tiempo y esfuerzo para el desarrollo de las competencias socioemocionales en todas las escuelas".
La psicopedagoga consideró que los chicos "aprendieron y aprenden constantemente. Las escuelas se vieron obligadas a reacomodarse, desde el aspecto curricular, desarrollando talleres y enlazando varias materias, desde el tiempo, ya que muchas instituciones ampliaron la jornada escolar y desde el espacio físico, acondicionando lugares para facilitar la presencialidad de todos los estudiantes".
Familias que sean "influencer positivo"
Quienes trabajan en las escuelas también deben resguardar su salud emocional y el desafío es intensificar las redes de trabajo con la familia de cada estudiante, ya que sentirse acompañado es fundamental para el bienestar de todos.
Busato remarcó que es imprescindible que los padres "puedan empatizar con sus hijos, ser influencer positivo dando el buen ejemplo, haciendo visibles las buenas prácticas, conductas y valores. Los hijos 'miran a sus padres constantemente'".
Añadió que se debe "acompañar para que los chicos puedan establecer las prioridades acordes a la edad evolutiva -en actividades académicas, recreativas, colaborativas en el hogar-, estimular el sentido de responsabilidad y brindarles la posibilidad de solicitar ayuda siempre que lo necesiten. Hoy la escucha, la mirada atenta y afectiva de los adultos cercanos a los chicos resultan ser estrategias posibilitadoras para el desarrollo integral".
"Es importante enseñarles a conocer, diferenciar y gestionar las propias emociones e impulsos, aprender a regular el estado anímico en el aula con los compañeros, potenciar las capacidades resilientes como factor protector ante el impacto de experiencias negativas, son situaciones que sí o sí hay que abordar en conjunto familia y escuela manteniendo comunicación periódica", dijo. Remarcó a los padres que no deben esperar que la escuela los convoque para hablar de sus hijos, sino que ellos deben acercarse con frecuencia a la institución. "La alianza familia - escuela es quien sostiene, contiene y repara".
El desafío: restablecer el vínculo escuela-estudiante
Las consecuencias de la pandemia en los chicos se visibilizan en la escuela que empezó a ser ahora ese espacio de escucha tan necesitado por los jóvenes. La directora del Colegio Superior San Martín, Silvana Romagnoli aseguró que con la pandemia "se profundizó la incertidumbre en el futuro y hay que preparar a los chicos para la incertidumbre, es un gran desafío porque tenemos que saber cómo los preparamos y qué les damos".
Aseguró que los estudiantes "no solamente enfrentan las consecuencias emocionales sino también la económica, que impacta fuertemente. Los chicos no se sienten a gusto, no están bien para poder estudiar porque tienen preocupaciones en sus cabezas que son las mismas que tienen las familias y no se pueden despegar de eso, entonces conviven con esa información que tratan de entender y no pueden por su edad, son adolescentes", dijo.
Romagnoli afirmó que el gran desafío "está en restablecer el vínculo de manera tal que se posibilite la enseñanza y el aprendizaje, lograr que los chicos se vuelvan a emocionar para estar en la escuela. El docente solo no lo puede hacer, por eso hay que diversificar estrategias para lograr el cambio de actitud en el estudiante para que se sume nuevamente al proceso. Estamos trabajando muchísimo con las familias, cada vez más".
"Con la pandemia
se profundizó la incertidumbre en el futuro y hay que preparar a los chicos
para la incertidumbre, es un gran desafío porque tenemos que saber cómo los
preparamos y qué les damos".
Destacó que el estar presente físicamente en ese acompañamiento "es muy importante, el poder mirarse, observar los gestos, es muy necesaria la presencialidad para la convivencia y para los vínculos".
Finalmente estimó que es necesario "replantearse sobre si lo que le estamos ofreciendo al estudiante es realmente lo que está necesitando para insertarse socialmente después, se necesita un trabajo a nivel de política de Estado que permita una revisión de contenidos y aprendizajes en el nivel educativo".
