Educación: prioridad solo declamada
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Las urgencias del momento no permiten tomar verdadera dimensión de los efectos que traerá la aplicación del Presupuesto nacional para 2023 en el área de Educación. La partida destinada a este efecto será la segunda más baja de la última década.
No se produjo tanto revuelo por la decisión. Solo algunas voces se levantaron. La mayoría de los gremios solo atinó a "reunirse" con los funcionarios que tomaron la decisión. En los medios, la discusión pasó a segundo plano de inmediato, frente a la sucesión de descalabros, sobreactuaciones, gafes y discusiones estériles sobre cuestiones que solo interesan a la dirigencia mientras la gente hace malabares para hacer frente a la inflación y a la inseguridad entre otras cuestiones sensibles.
Las urgencias del momento no permiten tomar verdadera dimensión de los efectos que traerá la aplicación del Presupuesto nacional para 2023 en el área de Educación. La partida destinada a este efecto será la segunda más baja de la última década. Los fondos para el Ministerio de Educación para el próximo año tendrán un ajuste interanual del 15.5%, levemente inferior a la reducción del 15.6% que se efectuó en 2020 durante la pandemia. Representa el doble del recorte del presupuesto general de la Administración Pública Nacional que es del 6,8%.
Así se desprende del informe "Presupuesto educativo nacional 2023", difundido por el Observatorio de Argentinos por la Educación analizó los números contemplados en el Presupuesto 2023. El texto confirmó que, en la última década, la mitad de los presupuestos nacionales tuvieron ajustes en este sector: 2014 (-2,9%), 2018 (-9,2%), 2019 (-6,9%), 2020 (-15,6%) y 2023 (-15,5%).
Es verdad que otras áreas del Estado nacional también sufrirán recortes importantes. Sin embargo, como se observa, aun en años en los que la crisis no alcanzó los niveles actuales, la asignación de fondos para la educación se mantuvo en franco descenso.
Mientras discutían airadamente por otros artículos quizás no tan esenciales, el Congreso Nacional terminó sancionando la ley de gastos y recursos. Y la educación volvió a estar relegada. Queda patentizado así que esta misión fundamental del Estado no es prioridad ni para el oficialismo, ni para la oposición. Es que todos sus voceros y dirigentes están hoy sumergidos en las luchas internas para ganar posiciones frente a las elecciones del año próximo. Solo hasta allí llega la mirada.
Es lógico. La educación exige un horizonte que va mucho más allá de una elección. No se percibe como una prioridad en medio de un berenjenal, azuzado por posturas ideológicas que pretenden convertirse en dogmas y por dirigentes políticos y sindicales a los que no les preocupa un rábano si existe calidad en las aulas, pero sí lanzan consignas que luego adoptan algunos estudiantes -por fortuna aún pocos- que toman colegios y por padres que apañan estas tropelías.
La reducción de los recursos confirma que se habla mucho del asunto, pero ninguna fuerza política asume con convicción su obligación de revertir esta verdadera tragedia, confirmando aquello que del dicho al hecho hay una enorme grieta. Es así que, en palabras de Marcos Aguinis, la discusión educativa se convierte en un tema "cacareado pero marginal". La decadencia educativa, dice Aguinis, "es un caramelo de sacarina: no alimenta. Los políticos marean hablando de buenas intenciones. Pero no ponen en marcha mecanismos vigorosos que garanticen un crecimiento de la excelencia educativa", que requiere, como condición necesaria pero tampoco suficiente, que se dispongan los recursos necesarios para satisfacer las demandas del sistema.
